Instalaciones y murales de Pablo Siquier, el otro camino del artista
Por, Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén
La Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta alberga por estos días una muestra de Pablo Siquier titulada “Murales e Instalaciones”, una síntesis de los últimos treinta años de este talentoso artista, reconocido en el país y el mundo.
Dos murales y tres instalaciones, todos trabajos de gran porte certeramente elegidos por el curador Elio Kapszuk, bastaron para ocupar cada rincón de la irregular sala y darle al visitante un panorama de los caminos creativos de este artista consagrado en la Bienal de San Pablo y el Museo Reina Sofía y cuyos murales ornamentan los espacios públicos de Buenos Aires, como la estación Carlos Pellegrini del ramal B de subterráneos.
Tal y como el mismo Siquier sostiene, la muestra busca ser más una experiencia sensorial y espacial, que una aproximación intelectual a su obra. De hecho, la elección de murales e instalaciones y no dibujos y pinturas como protagonistas excluyentes de la muestra, procura presentar por primera vez aquella producción de Siquier que no es la ya conocida y exclusivamente pictórica.
Los murales, de setenta y cinco metros cuadrados, están ubicados uno a la entrada y el otro al fondo de la sala. El de la entrada está realizado en vinílico y el del fondo en carbonilla. Ambos llevan el sello inconfundible del artista: intrincados laberintos que por momentos memoran las vanguardias geométricas y se aproximan a la forma pura.
De las tres instalaciones, una está realizada con telgopor, la otra con pequeñas maderas pintadas y la tercera, de trece metros por cuatro por tres, con hierro trefilado, la primera que el artista realiza en metal con asistencia de una empresa metalúrgica. Es tan imponente que el espectador puede transitar por su interior.
Acerca de una de estas obras, más exactamente la realizada con maderas pintadas –son cerca de diez mil con cincuenta y cuatro puntitos de pintura cada una- data de 1987 y es el primer proyecto de ambientación realizado por Siquier cuando todavía no era el artista reconocido que es hoy en día.
A propósito de esta exposición, el Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén tiene el orgullo de contar con una obra de este artista, donada por la firma Chandón tras haberla adquirido para el museo en la feria Arte BA 2008. Se trata de un relieve que transita los mismos caminos estilísticos que aquella instalación que está al fondo de la sala Cronopios, en un lugar especialmente acondicionado para ese fin.
Una muestra muy representativa, de un artista muy personal de los años ochenta que con formas puras logró transitar un camino sin renunciamientos.