Intervenir o no intervenir, ésa es la cuestión

Redacción

Por Redacción

Qué difícil se está haciendo aunar los intereses de la clase dominante en este conjunto de “administradores” del Estado, como a ellos les gusta llamarse. Quién se salva es la pregunta. Por un lado la política económica aplicada al campo ha sido de desregulación para que la economía tome su curso “natural” y pueda resurgir cual ave fénix de las cenizas que provocó el gobierno anterior. Porque se supone que cuanto menos se intervenga en la economía los mercados serán más eficientes. Esto no es sólo la teoría ortodoxa, también es el discurso de la actual gestión. Ahora bien, con el gas pasa una cosa totalmente distinta. Nos imponen (sin consenso) resarcir a una empresa que en el mercado, bajo las leyes de la libre competencia, y casi completamente desregulados, no obtuvo todos los beneficios que pretendió. En el primer caso el Estado se aleja para que el progreso se dé por su cauce natural, pero cuando el mercado falla el Estado sale al rescate de la rentabilidad del capital. ¿Una contradicción? En la práctica no lo es, sólo son maniobras de un difícil consenso intraclasista. La dificultad de favorecer al sector exportador (el campo) mediante la volatilidad cambiaria perjudica a otros sectores (del mercado interno) y la ayuda ya no se puede dar desde una política que afecte la macroeconomía, entonces debe ser focalizada y descarada como el reembolso por pérdidas que se dieron en un mercado que por definición es riesgoso.

Gonzalo Barbero

DNI 34.608.480

“En el caso del gas, nos imponen resarcir a una empresa que en el mercado, bajo la libre competencia, no logró los beneficios que pretende”.

Gonzalo Barbero

DNI 34.608.480

Datos

“En el caso del gas, nos imponen resarcir a una empresa que en el mercado, bajo la libre competencia, no logró los beneficios que pretende”.

Qué difícil se está haciendo aunar los intereses de la clase dominante en este conjunto de “administradores” del Estado, como a ellos les gusta llamarse. Quién se salva es la pregunta. Por un lado la política económica aplicada al campo ha sido de desregulación para que la economía tome su curso “natural” y pueda resurgir cual ave fénix de las cenizas que provocó el gobierno anterior. Porque se supone que cuanto menos se intervenga en la economía los mercados serán más eficientes. Esto no es sólo la teoría ortodoxa, también es el discurso de la actual gestión. Ahora bien, con el gas pasa una cosa totalmente distinta. Nos imponen (sin consenso) resarcir a una empresa que en el mercado, bajo las leyes de la libre competencia, y casi completamente desregulados, no obtuvo todos los beneficios que pretendió. En el primer caso el Estado se aleja para que el progreso se dé por su cauce natural, pero cuando el mercado falla el Estado sale al rescate de la rentabilidad del capital. ¿Una contradicción? En la práctica no lo es, sólo son maniobras de un difícil consenso intraclasista. La dificultad de favorecer al sector exportador (el campo) mediante la volatilidad cambiaria perjudica a otros sectores (del mercado interno) y la ayuda ya no se puede dar desde una política que afecte la macroeconomía, entonces debe ser focalizada y descarada como el reembolso por pérdidas que se dieron en un mercado que por definición es riesgoso.

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