Iván Noble: canciones que dominan el silencio
“Soy sólo un tipo que escribe canciones”, se definió.
Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com
Iván Noble vive en López Camelo, estación ferroviaria ubicada en El Talar, partido de Tigre, provincia de Buenos Aires. Se despierta tarde. Ducha, desayuno al mediodía, y entrevista con “Río Negro”. Voz ronca todavía. El 5 de marzo cumplió cuarenta y cuatro. Cantante, actor, compositor, conductor de radio, papá de Benito, mañana llega a Plottier para exponer “La parte de los ángeles” , su último trabajo. Hombre que se ha definido como apenas un simple creador, escritor de canciones… “Esto es un oficio que algunos se toman demasiado en serio, escriben tres o cuatro temas más o menos decentes y creen que están revolucionando la música contemporánea. Esa definición es una forma de desacralizar el concepto artista de rock. Yo trato, por una cuestión de salud personal, de considerarlo un oficio lindo que respeto mucho y ojalá tenga toda la vida. Pero, lo diferencio del concepto de artista. Para serlo y con mayúsculas, hay que poner arriba de la mesa mucho, mucho, de uno y no creo que sea mi caso. Yo invierto mucho a la hora de laburar, pero me considero un tipo que escribe canciones. –Estabas por meterte en la definición de artista y ¿tendrá que ver con la profundidad interior que indaga quien así se expresa? –Esas son las consecuencias de la obra de arte. Un artista, y es condición sine qua non, es un tipo a quien le va la vida en ello y queda en carne en carne viva cada vez que hace lo que hace. Alguien que tiene un concepto del arte absolutamente extremo, o sea, cuya vida está a merced de su creación. Hay otros a quienes, nos parece, que vivir pasa por otro lado. Que nuestro laburo es importante… Por eso hago esa diferenciación que estimo entre oficio y arte. –Es un trabajo que toca bordes filosos, pero también roza áreas de felicidad en el contacto con la gente, con el aplauso, con la canción que sale bien… –Claro, claro, sí… El gran tesoro es ese. Creo que uno está tan miedoso de no conseguirlo, que lo pone entre paréntesis. No hay nada más hermoso que ir a cantar y la gente salga contenta, y que las canciones, de alguna manera, sean importantes o se conviertan en banda de sonido de sus vidas, o hasta en himnos… Yo quiero bajarle decibeles a eso por una cuestión de salud personal. Pero es muy impresionante y al fin y a cabo, lo único que importa. Por supuesto que la primera satisfacción debe ser la de estar en casa, encerrado, concluir una canción y que me produzca alegría. Decir, acabo de terminar un tema que me gustó. Yo no creo mucho en el discurso despojado de los que dicen: no me importa si mis canciones las escuchan uno, mil, si la gente viene o no a mis recitales. Sólo se lo creo a los que están muy de vuelta. Pero los que estamos siempre de ida, queremos que nos vengan a ver, que las canciones sean conocidas. Es así, una mezcla de supervivencia, ego y satisfacción personal. – Y un buen día, esa obra que compusiste en soledad casi, el público la corea, la hace suya, le mete polenta, salta, se emociona profundamente. Ves las caritas debajo de escenario… –Los que venimos del rock, yo que durante muchísimos años tuve una banda de rock, solemos tener una mirada distorsionada de ese rebote o emoción. En las primeras épocas, lo que contaba –con el tipo de música que hacía– era si la gente saltaba, transpiraba o cantaba. Si eso ocurría, la canción tenía impacto y si no, no. Desde que soy solista, también aprendí que un tema de alto impacto puede provocar un silencio enorme o miradas que no siempre pueden verse, emocionadas o simplemente empatía… Cada vez confío más en las canciones que dominan el silencio, que en el pogo, ¿no? Que no es tan difícil de conseguir. Lograr el silencio y la emoción es mucho más complicado.
“Cada vez confío más en las canciones que dominan el silencio que en el pogo”, dice Noble.
Eduardo Rouillet eduardorouillet@gmail.com
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