Jardín: cuánto, cuándo y cómo regar sin derrochar agua

Ya sea para mantener nuestros jardines o para nutrir a las plantas de interior, el riego se torna una herramienta fundamental para el cuidado de los espacios verdes. Pero es importante conocer los mejores momentos, para no gastar recursos de forma ineficiente.





Tanto en el césped como en nuestras plantas en general, un buen uso en el riego de nuestro jardín evitará el derroche de agua y asegurará un correcto desarrollo de las plantas. No solo eso: otra costumbre que deberíamos implementar es la de almacenar el agua en aquellas zonas donde las lluvias no son tan frecuentes.


Regar con responsabilidad es saber proveer la cantidad necesaria de agua de manera adecuada a nuestras plantas. El uso correcto del principal recurso natural es fundamental para la vida de todas las especies. Por eso debemos aprender de una buena vez a cuidarla y defenderla, sin discusión alguna.

El ingeniero agrónomo y profesor facultativo de Neuquén, Norberto Raffo, explicó que “si hablamos de cuanto regar, debemos suministrar la cantidad de agua que el suelo y la planta pierde diariamente”.

La ganancia de agua en un jardín se da de dos maneras, aclaró: “uno por las lluvias y otro por el riego artificial”. Si la zona de clima donde nos encontramos es desértica y la media anual de lluvia es de aproximadamente 200 milímetros por año, para las necesidades de un parque o jardín residencial se considera insuficiente. Además, estas lluvias tienen una mala distribución: poco en verano y más en otoño.

“Por lo tanto, ese déficit se debe cubrir con el riego artificial”, afirmó; y “las pérdidas de agua de un jardín se presentan primero a través de la evaporación natural del suelo; y segundo por la transpiración de las plantas, a través de sus hojas, para cumplir sus funciones vitales”.

Es importante cuidar todas nuestras plantitas del jardín.


Según el experto, la suma de estas dos pérdidas se llama “evapotranspiración”, y en nuestra zona, su máximo valor se ubica alrededor de los 8 a 10 mm por m2 por día, lo que nos lleva a decir que deberíamos agregar entre 8 a 10 litros por m2 por día (1mm de lluvia o riego equivale a 1 litro por m2). Por lo tanto, esto nos permite calcular la cantidad de agua necesaria para regar un jardín. Por ejemplo, si tenemos un parque o jardín de 100 m2, en un día caluroso se debería agregar 1000 litros por día.

Raffo explicó que “si el riego se produce a través de una cisterna es muy fácil calcularlo. Dependiendo de la capacidad de esta, se utiliza el agua suficiente y necesaria en el caso de que el riego se haga a través de perforaciones -o sea, agua subterránea-. A través de un sistema por aspersión o goteo dependerá del tipo de emisor y el distanciamiento entre ellos. Por otro lado, considerar la pluviometría -cantidad de lluvia- de ese sistema. Si el sistema entrega 45 mm por hora y se necesita 10 mm (10 litro/m2 por día), con tener 15 minutos encendido el sistema será suficiente”, relató.

Con respecto a cuándo regar, Raffo señala que esa pérdida de agua diaria está influenciada por varios factores: uno es la temperatura, a mayor temperatura, mayor evapotranspiración. Otro factor es la humedad relativa del ambiente, porque cuanto más baja es, mayor será la pérdida de agua. También influyen los vientos, por su poder secante; y la radiación solar, ya que un día de cielo despejado, el suelo se seca más rápido. Por último, la textura del suelo, porque cuanto más liviano es un suelo (arenoso), la capacidad de acumular agua es baja y en un suelo pesado (arcilloso), la velocidad de pérdida es mayor en un suelo arenoso que arcilloso.

Para mejorar el uso del agua el profesional aconseja influir sobre alguno de esos factores. En el caso de la textura -aumentando la cantidad de materia orgánica (guano, compost, lombri compuesto)- se obtendrá un suelo más esponjoso que retendrá mayor cantidad de agua. Los vientos se pueden disminuir creando cortinas rompevientos y para el caso de la radiación solar se podría usar coberturas de sombras. Sobre las otras dos variables, se pueden disminuir su incidencia regando de noche, porque durante la noche baja la temperatura y aumenta la humedad relativa.

Siempre debemos evitar cualquier derroche de agua. Es cuestión de estar atentos.


Por lo tanto, lo ideal para un buen uso del agua en primavera, verano y otoño, sería regar durante la tarde-noche. “En cambio, en invierno actúa otro factor que es el frio, y con éste las heladas, por lo tanto, en esta época conviene regar entre las 11 y 16 horas porque es el momento en que ya se levantó la helada y no hay peligro de rotura de equipo por congelamiento. Además, si regamos cuando cae el sol y hay heladas, las hojas forman una capa de hielo y al salir el sol, esta capa de hielo para licuarse toma energía de la planta y puede bajar su temperatura, más allá de la temperatura ambiente y producir daños por baja temperatura”, especificó Raffo .

Cuando hablamos de cómo regar, lo correcto es aplicar la cantidad de agua calculada en un solo riego, de tal manera que haya humedad en profundidad. Esto generará un sistema radicular profundo, con césped mucho más resistente al uso, pero si esa cantidad la suministramos en varias veces, obtendremos un sistema radicular superficial generando césped que ante la menor falta de agua sufrirá las consecuencias. Además, la capa superficial de suelo es la que mayor compactación sufre por el uso, disminuyendo su cantidad de poros, lo que hace que haya menor oxigenación, y como consecuencia hay muerte de césped por asfixia de raíces.

Como regla general al momento de adquirir una planta: si se desconoce sus requerimientos, Raffo aconseja regar de a poco, porque si a la planta le falta agua se pondrá flácida y perderá turgencia, pero al regarla se va a recuperar (es un proceso reversible). En cambio, si se riega en exceso lo más probable que la planta comience a ponerse amarilla, sus hojas comiencen a caer y esto se debe a muerte de sus raíces por asfixia, en este caso generalmente, el problema no es reversible. “Considero que el 90% de las plantas en macetas que mueren es por exceso de riego”, argumentó el profesional.

Como último consejo, más importante que observar el suelo es ver cómo está la planta. Si el suelo en superficie está seco, pero la planta está bien, quiere decir que en profundidad hay suficiente cantidad de agua para sus funciones. “Con respecto al riego con sapitos, en general se hace con agua potable, produciendo grandes derroches de agua, que muchas veces, escasea a otros vecinos”, señaló y agregó que “es muy común en la mañana ver en la vereda o jardín, un sapito regando y, al pasar a las 2 ó 3 horas, ver que sigue en el mismo lugar.

En estos casos, se producen dos grandes inconvenientes según indicó Raffo . Uno, que malgastamos agua que cuesta potabilizar; y dos, que ese exceso de agua produce el lavado del suelo perdiendo nutrientes en el proceso del movimiento de las napas freáticas. Eso termina en los cauces de los ríos o lagos, aumentando la cantidad de algas por el proceso de eutrofización (enriquecimiento excesivo en nutrientes de un ecosistema acuático). “Si uno realizara los cálculos de pluviometría de este tipo de emisor (sapito), vemos que es suficiente entre 15 y 20 minutos en cada posición para suministrar el agua diaria necesaria. De ahí en más el agua se derrocha”, culminó el ingeniero.


Riego de macetas



Cuando adquirimos una planta y la destinamos a maceta, no hay fórmulas exactas en cuanto a la cantidad de agua para agregar, porque depende varias cosas:

1. Tipo de planta. Las plantas tropicales, que tienen una gran superficie foliar y que provienen de lugares más húmedos necesitan mayor cantidad de riego que una planta xerófila (crazas, cactus) cuyo requerimiento es mucho menor.

2. Tipo de maceta. Depende del material con que están construidas ya que hay macetas que pierden mayor cantidad de agua que otras. Una maceta de barro, que es poroso, se seca mucho más rápido que una maceta de plástico que es impermeable.

3. Tamaño de la maceta. Se supone que una maceta grande tiene mayor cantidad de acumulación de agua que una pequeña.

Si regamos con constancia, es más fácil que nuestro jardín tenga un verde impresionante.


4. Tipo de sustrato. Un sustrato arenoso secará mucho más rápido que un sustrato con mayor proporción de materia orgánica.

5. Exposición. Una maceta muy expuesta al sol sufre la desecación mucho más que aquellas que están a media sombra o protegidas.

6. Color. A pleno sol se aconseja elegir macetas blancas o de colores claros porque reflejarán mejor la luz, por lo tanto, se calientan menos.

7. Drenaje. La importancia de una buena capa drenante en el fondo de las macetas y verificar que el agujero de drenaje no esté tapado. También es importante controlar, en aquellos casos que usamos porta maceta, que en éstos no se acumule agua.


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