Jineteadas, ¿sí o no?

Por Redacción

la peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

A tono con el tenor de la polémica desatada y pasado tiempo prudencial para no hablar con el diario del lunes, creo que Jesús María estará revisando lo ocurrido en su festival de enero, que en 45 años tuvo su primer jinete muerto y dos yeguas desnucadas. No me voy a sumar a los cientos de opinólogos que sugieren que Jesús María deje de existir, pero tampoco a los otros tantos que creen que hay que hacer como si no hubiera ocurrido nada. Es un severo llamado de atención para el festival, puntualmente lo que tiene que ver con la doma, uno de sus ejes de convocatoria. Un conocedor allegado al festival me dijo que tienen la certeza de que la mayor parte del público que asiste al festival cordobés, lo hace principalmente tentado por las domas más que por el folclore. La proporción que manejan extraoficialmente indica que seis de cada diez van por la doma, tres por el folclore y uno por ambos espectáculos. Con esa cifra, ante la desgracia de un jinete muerto y caballos que corrieron la misma suerte, entiendo que si se terminara la doma prácticamente se terminaría el festival. Creo que en esto hay que contemplar los grises del tema, ni blanco ni negro, porque cualquier postura terminante implicaría dejar de lado razones perfectamente atendibles y conocedoras del tema, con argumentos suficientes para sostener los pros y los contras de una jineteada. El argumento de la muerte del jinete, por más doloroso que resulte, no alcanza para reclamar el fin de Jesús María. De ser así, deberíamos pedir también el fin del boxeo ante las decenas de muertes de boxeadores, del automovilismo donde las víctimas son frecuentes y hasta del motociclismo, donde el riesgo de los deportistas es elevado. Hasta el ciclismo registra casos fatales en competencias que reúnen todas las condiciones de seguridad. Se sabe, si tomamos a la jineteada como deporte, que quienes lo practican corren serio riesgo no sólo de caídas con resultados severos sino también de muerte. El tamaño, el peso y lo bravo de los caballos lo convierten en un deporte cuya práctica debe estar en manos de personas muy capacitadas y aun así, no estarían ajenos de desenlaces no deseados. El esquí es otro deporte con una enorme lista de víctimas fatales y a nadie se le ocurrió reclamar el fin de esa práctica. Creo que con este escenario, más allá de la desgracia del jinete fallecido, un promedio muy pero muy bajo, la discusión pasa más por los animales que por la gente. Suena duro y complejo, pero el ser humano decide si participa o no, si practica un deporte o no, el animal es llevado a esos encuentros no siempre en las mejores condiciones, los castigan más de lo debido y los hacen protagonistas de un espectáculo para multitudes que no siempre están en condiciones de afrontar. Tanto público, los azotes, las espuelas y un jinete que se quiere lucir, someten a un animal a una situación donde su reacción es verdaderamente impredecible. El saldo del festival de Jesús María de este año no es negro como muchos quieren hacer creer, es parte de lo que uno podría imaginar que puede ocurrir. Si uno cabalga, si anda en moto, en bici, puede caerse, eso forma parte de las generales de la ley. Semejante convocatoria no va a dejar de existir de la noche a la mañana, es más, no debe dejar de existir, sólo entiendo que en todo caso habrá que revisar en qué condiciones llegan los animales, cómo los tratan y cómo se logra semejante furia en esos ejemplares cuando los mismos propietarios de los caballos los consideran mansos. Terminar con la jineteada en Jesús María implicaría terminarlas en todo el país y no me parece que el debate haya sido tan profundo para tomar semejante decisión. En todo caso el debate está abierto: ¿ jineteadas sí o no?


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