John Connolly: el infierno tan encantador
Entrevista con el escritor irlandés, creador del sórdido detective Charlie Parker.
LIteratura
“Uno puede habituarse a cualquier cosa”. El planteo del escritor irlandés John Connolly toma cuerpo en su oficio y en la aventura número 14 de Charly Parker, el detective y ángel vengador al que dejó envejecer deliberadamente enm la nueva novela que llegó al país, junto al autor.
Este irlandés católico y extrovertido de 47 años -reconocido en el mundo entero por la saga a la que dio inicio con “Todo lo que muere” hace más de una década y media- llegó a la Argentina para participar del festival de literatura policial Buenos Aires Negra (BAN!) que se celebra hasta hoy.
Connolly es de las voces más destacadas de la novela negra y creador de esta saga de bestsellers donde da vida al ex policía neoyorquino, vengador en principio del asesinato de su esposa e hija, y luego de otras oscuridades que evolucionan con la trama.
El premiado escritor y periodista -antes de mudarse al estado de Maine para investigar el entorno de Parker y escribir sobre él- regresa ahora a la Argentina luego del lanzamiento de “El invierno del lobo”, una novela donde a Parker se lo lee más maduro y donde el mal contra el que tanto lucha tiene el aditivo de su naturalización por parte de un pueblo entero, una comunidad capaz reflexionar al respecto pero desinteresada de accionar para cambiarlo.
“Un pueblo ficticio que refleja la mentalidad de muchos norteamericanos -dice Connolly-. “Uno se puede habituar a cualquier cosa. El libro que sale el año próximo tiene que ver con la búsqueda del último criminal nazi en Estados Unidos, y en una charla sobre los judíos que desaparecían de las calles de Berlín, una mujer se enojó muchísimo y decía que su madre era alemana y no sabía de ese horror”.
“Puede ser cierto eso, pensé, pero su madre debe haber notado que sus vecinos no volvían a casa y ella decidió, por cualquier razón, dar la espalda a eso. En Properous -el pueblo de la última aventura de Charly Parker publicada en español- hay gente que decide hacer nada y la diferencia entre ellos y Parker es que él no puede no hacer nada”.
El extremo de la península de Portland, cuenta, tiene casas muy costosas y playas privadas que durante el verano requieren la custodia de toda la policí a local, a la cual hay que ser masón para ingresar, y la cual subsiste con los impuestos que paga todo el resto del pueblo que durante ese periodo queda desprotegido”.
“Lo que quiero decir es que Prosperous no es ridículo. Los medios que utiliza para protegerse son extremos pero esa idiosincrasia es muy típica y muchas comunidades estadounidenses la replican, tal vez sin una iglesia ancestral y tenebrosa en medio”, ríe.
Y eso mismo es la base de las novelas de detectives privados: “la desprotección del ciudadano común en un contexto donde las fuerzas de seguridad responden a las fuerzas económicas y donde el gobierno -el Estado- no interviene en la sociedad”, describe.
Su Charly Parker -este antihéroe oscuro y hombre dañado que canaliza su ira aplicando una violenta noción de justicia- encuentra raíces en esa idea, y en el Western que la “Cosecha roja” de Dashiell Hammett convierte en novela de detectives en 1929.
Las encuentra además, en la tradición católica y el folclore pagano irlandés, que a la admiración por el policial estadounidense suma el misterio y la comodidad propia para lidiar con lo sutil.
Ese mitología hace que el camino del héroe o el ángel caído emprendido por Parker no contemple abandonar el infierno en vida, ni el personal ni el metafísico: “¡Sería aburrido!, hay una parte de él que realmente disfruta de lo que hace -asesinar personas-, la de su ira”, defiende su creador.
Podría decirse que si Parker deja su enojo no hay más serie, “pero ya ni siquiera siente ira -interviene Connolly-. Maduró. El puede reconocer que ése es su propósito, él es dedo en la balanza capaz de torcer el equilibro de las cosas y ya tomó su decisión”.
-¿Podrá volverse un viejo sabio?
-El problema es que el héroe no tiene memoria, como en ‘Columbus’, la icónica serie detectivesca de los 80. El no recordaba que la semana pasada el mismo marido había matado a otra mujer, no había conexión entre episodios y lo mismo pasaba en las novelas de misterio. “Twin Peaks” cambió esto cuando en los 90 teníamos que mirar la serie semana a semana para saber qué ocurría en esa historia; después salieron “The Wire”, “Los Soprano”, “Breaking bad” y me pregunté por qué no hacer eso con la ficción de misterio, así que organicé la saga para que pueda disfrutarse como libros independientes o en conjunto, entendidos como capítulos de una historia mayor. En algún punto el lector va a querer una conclusión y una parte de mí también quiere volverlo a Parker un viejo sabio, porque lo dejé envejecer deliberadamente, pero si llega a los 70 ya no podrá luchar y eso cambia la naturaleza de la saga. Tengo un plan para él, pero no puedo decir cuál.
En esa lucha del bien contra el mal que Parker sostendrá por unos números más según especulan voces ajenas a Connolly (porque él no afirma ni desmiente), llama la atención el mundo de la infancia, que el autor desarrolló con libertad en una vasta obra que va desde la serie de Samuel Johnson a esa belleza que conforma “El libro de las cosas perdidas”. “Se trata de un tema recurrente -concede-, porque si uno es un niño infeliz está predestinado a ser un adulto infeliz. Especialmente en la adolescencia, un periodo de transformación, y porque hay un núcleo en el que uno siempre es un niño y si hay mucha tristeza, mucho de la vida adulta girará en torno a sobreponerse”.
“Lo que amo de los niños es que no tienen áreas grises. Para ellos las cosas están bien o mal, hay justicia o injusticia, y para el adulto la cosa es siempre un poco más complicada”: en la saga de Parker los niños precisan adultos para protegerse, en sus historias juveniles se transforman a sí mismos y encuentran su propia fortaleza.
“Charly es como un niño -dice Connolly-, pero está preparado para vivir en esa paleta de grises y se juega. Alguien dijo una vez que no hay pequeñas maldades, que cada una teje la misma gran red, pero Parker está apostando a que uno puede cometer pequeñas maldades para lograr un bien mayor, suponiendo que puede sobreponerse a la corrupción personal que implica eso. El diría que ése es el precio. Pero no podemos saberlo”.
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