Ken Follet contra el esnobismo de la palabra
El escritor presentó “El umbral de la eternidad”, el final de una trilogía, en la Argentina
Entrevista
El galés Ken Follet, bestseller que visitó el país para presentar “El umbral de la eternidad”, cierre de la monumental trilogía sobre la historia del siglo XX, llamó a “no ser esnobistas con las palabras” y consideró que “el enemigo actual es el cambio climático”. Esta rara avis del mundo editorial, con rutinas más parecidas a las de una celebridad que un escritor, pasó por la Argentina para presentar la última entrega de “The Century”, donde repasa los hechos más relevantes de la última centuria a través de los intrincados lazos de cinco familias que pivotean entre Europa y Estados Unidos.
La saga que le llevó siete años escribir comienza con la Primera Guerra Mundial, en “La caída de los gigantes”; se continúa con la Segunda Gran Guerra, en “El invierno del mundo”; y concluye con el volumen que ahora publica el sello Penguin Random House en el país, el cual va desde la Guerra Fría a la caída del Muro del Berlín.
Activo militante del Partido Laborista inglés, el escritor nacido hace 66 años en Cardiff Follet deja claro en este volumen su punto de vista sobre el fracaso comunista, sus críticas a la gestión de John Fitzerald Kennedy y repasa hitos de la historia como su asesinato y el de su hermano “Bobby”. Follet dialogó con Télam.
– Teniendo en cuenta que “El umbral de la eternidad” alude en el título a la posibilidad destructiva de una amenaza nuclear, ¿cuál sería ese umbral en el presente?
– La amenaza que casi no entendimos durante el siglo XX es el cambio climático, pareciera imposible persuadir a las personas que esto es un peligro, nadie hace nada al respecto y es un riesgo real, especialmente por la gente no lo entiende como tal y porque a los gobernantes de los países centrales les sirve, utilizando a los más pobres de basurero.
– Tres mil páginas y 319 personajes que condensan 100 años de historia, ¿cómo es capaz de manipular un mundo tan vasto?
– Un trabajo casi arquitectónico que comienza mucho antes que la escritura, en el que documento la líneas generales de la historia y en paralelo una planilla excel en la que voy sumando fechas de nacimiento, datos físicos e historias de vida de cada personaje, con un programa que calcula automáticamente edades por ejemplo, para no cometer errores, y me permite ver su evolución.
– ¿Qué relación encuentra entre las luchas sociales del siglo XX y las paradojas del hiperindividualismo actual?
– Las duras luchas pasadas lograron resultados positivos, los derechos civiles de los gays, de la comunidad afroamericana, de las sufragistas. Lo mismo ocurre sin grandes ideologías en el presente pero con perseverancia confío en que se ganen, como la campaña en los EE.UU. por el control de armas.
– ¿Desde qué óptica observa la historia contemporánea?
– Desde principios básicos como la libertad y la democracia que siempre se pueden aplicar, valores en los que tolerancia no es una mala palabra. Los países más prósperos son los más libres.
– ¿Cómo leer la historia actual europea?
– Creo en la idea de la Europa unida. Gran Bretaña quedó enganchada en la noción antigua imperialista pero hay que darse cuenta que eso es parte del pasado y el siglo XXI es el de la comunidad. Nos debemos una política común en torno de la inmigración.
– ¿Cómo influyó su infancia sin tevé, cine ni radio, acompasada por las visitas a las bibliotecas públicas y en el seno de una familia religiosa, a la hora de volcarse al laborismo?
– Leíamos mucho una versión inglesa de la Biblia del siglo XVII, mis padres nunca votaron, mi interés en la política vino de mi enojo con la guerra de Vietnam en mi adolescencia, cuando nos dimos cuenta de que fuimos los malos y no los buenos, como en las Primera y Segunda Guerra.
– ¿Influyeron los convulsionados años 60 en su literatura?
– Lo primero que recuerdo es la excitación de creer todo posible durante mis años de universitario en la carrera de Filosofía del University College, contra la desilusión total de Nixon en los 70. Pero más allá del Mayo Francés, las revueltas estudiantiles, Cuba, Nicaragua o la llegada del hombre a la Luna mi escritura está atravesada por el gancho de las historias de James Bond que escribía Ian Fleming. Era tan cool… sus autos, sus cigarrillos, los cócteles qué bebía. Recuerdo preguntarle a mi padre ‘qué es un Martini’ y él responderme ‘un tipo de trago’ porque tampoco sabia. Eso es lo que intento generar.
– ¿Por dónde pasan sus actuales intereses literarios?
– Como lector, apasionado por “La trilogía de Nápoles”, de Elena Ferrante, donde la violencia es la lengua común, parte del atractivo de estos libros es que ofrecen un pantallazo de un mundo desconocido. Por otro lado, estoy escribiendo la historia de un joven que trabaja en el primer servicio secreto británico, durante el reinado de Elizabeth I, una historia sobre la intolerancia religiosa, de impresionante paralelismo con el mundo moderno.
– ¿Qué importancia tiene la lectura para un autor en extremo popular?.
– Quiero escribir historias que enganchen a millones de personas pero hay algo interesante aparte de eso: con la aparición de la novela en el siglo XVIII se modifica el comportamiento colectivo, supongo que porque quienes leen comienzan a compartir las emociones de quienes escriben, entonces evolucionan en sus reflexiones. (Télam).
Dolores Pruneda Paz
Entrevista
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