Kirchner y el poder
Acaso el dardo más venenoso de los muchos que últimamente se han disparado contra el favorito para ganar el ballottage haya sido el que, según parece, fue ideado por sus propios patrocinadores: «Kirchner al gobierno, Duhalde al poder». Aunque Eduardo Duhalde insiste en que el 25 de mayo regresará a su casa en Lomas de Zamora para disfrutar de un largo descanso a su entender plenamente merecido, es evidente que los comprometidos con el peronismo bonaerense creen que seguirá gobernando porque sin su respaldo el santacruceño no estaría en condiciones de manejar el país. Por su parte, Néstor Kirchner ya está procurando mostrar que -para citar a Duhalde-, no será títere de nadie. Así, pues, ya se ha iniciado un juego complicado que con toda seguridad continuará por mucho tiempo. Si bien parece más que probable que Kirchner reciba los votos necesarios para trasladarse a la Casa Rosada, no le será fácil en absoluto construir las «estructuras» imprescindibles para gobernar con un mínimo de eficacia. Por cierto, el que a veces haya asumido las «posiciones muy fuertes, muy duras» que conforme a Duhalde prueba que es un hombre de carácter avasallador, no nos dice mucho. El país está lleno de individuos que se han destacado por la «dureza» de sus actitudes, pero así y todo el poder de incluso los líderes más populares siempre ha sido bastante acotado, de ahí su escasa voluntad de tomar medidas que podrían costarles apoyo.
Ni la procedencia de Kirchner ni su carencia de un aparato propio importarían si el Partido Justicialista fuera una organización coherente integrada por hombres y mujeres habituados a pensar como miembros de un equipo, pero sucede que ya no es más que una suerte de liga de caudillos y caciques locales que maniobra de acuerdo con sus propios intereses inmediatos. Para Duhalde, el estado caótico del peronismo ha sido ventajoso porque le ha permitido hacer frente al desafío planteado por su rival principal, Carlos Menem, y frustrar, por ahora cuando menos, a otro, Adolfo Rodríguez Saá. Sin embargo, a diferencia de quien lo eligió virtualmente a dedo, Kirchner no puede dedicarse a desbaratar los planes ajenos. Tendrá que «sumar» con el objetivo de formar una gran coalición que sea capaz de gobernar una sociedad que habrá de cambiar drásticamente para abrirse camino en el mundo actual pero en la que los reacios a cambiar han resultado ser incomparablemente más poderosos que los conscientes de que la alternativa será resignarse al fracaso colectivo.
Hasta ahora, el «proyecto» de Duhalde ha sido muy sencillo por limitarse a llegar como sea al 25 de mayo con la economía estabilizada para entonces entregar el poder a cualquiera salvo a Menem y, se supone, a Rodríguez Saá. Según parece, el presidente interino ya lo ha logrado, pero lo hizo a costa de legar a su sucesor una cantidad imponente de problemas que éste tendrá que intentar solucionar o, por lo menos, atenuar. La de Duhalde ha sido una estrategia de corto plazo que podría haber tenido algún sentido si en la primera vuelta electoral se hubieran cumplido los vaticinios de los que creían que Menem triunfaría por un margen mucho más amplio que el efectivamente logrado, pero puesto que todo hace prever que el heredero del presidente interino será el hombre que él mismo eligió después de haber probado suerte con el cordobés José Manuel de la Sota, ya parecería que se las ha arreglado para crear un embrollo monumental. En política, poder sin responsabilidad es tan peligroso como responsabilidad sin poder. Al apostar a una versión propia de «después de nosotros, el diluvio», con la esperanza de resultar capaz de sobrevivir a los malos tiempos por venir atribuyéndolos a sus adversarios, Duhalde ha armado un rompecabezas que el resto del país tendrá que resolver muy pronto. De lo contrario, la crisis política e institucional que se declaró cuando la Alianza radical-frepasista se rompió en añicos, dejando al gobierno de Fernando de la Rúa sin base de poder alguna, seguirá profundizándose hasta que, por fin, se haya articulado un nuevo polo de poder que sea un tanto más fuerte y esté mucho más actualizado que el formado por Duhalde en combinación con los jefes peronistas del conurbano bonaerense y otros representantes del corporatismo clientelista tradicional.
Acaso el dardo más venenoso de los muchos que últimamente se han disparado contra el favorito para ganar el ballottage haya sido el que, según parece, fue ideado por sus propios patrocinadores: "Kirchner al gobierno, Duhalde al poder". Aunque Eduardo Duhalde insiste en que el 25 de mayo regresará a su casa en Lomas de Zamora para disfrutar de un largo descanso a su entender plenamente merecido, es evidente que los comprometidos con el peronismo bonaerense creen que seguirá gobernando porque sin su respaldo el santacruceño no estaría en condiciones de manejar el país. Por su parte, Néstor Kirchner ya está procurando mostrar que -para citar a Duhalde-, no será títere de nadie. Así, pues, ya se ha iniciado un juego complicado que con toda seguridad continuará por mucho tiempo. Si bien parece más que probable que Kirchner reciba los votos necesarios para trasladarse a la Casa Rosada, no le será fácil en absoluto construir las "estructuras" imprescindibles para gobernar con un mínimo de eficacia. Por cierto, el que a veces haya asumido las "posiciones muy fuertes, muy duras" que conforme a Duhalde prueba que es un hombre de carácter avasallador, no nos dice mucho. El país está lleno de individuos que se han destacado por la "dureza" de sus actitudes, pero así y todo el poder de incluso los líderes más populares siempre ha sido bastante acotado, de ahí su escasa voluntad de tomar medidas que podrían costarles apoyo.
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