Kirchneristas y menemistas

Por Redacción

En un esfuerzo por atenuar el impacto de los muchos casos judiciales que le molestan, y que con toda seguridad se multiplicarán en los meses venideros, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lamenta que en los años noventa del siglo pasado “no se escuchaban tantas voces, tantas denuncias, tantas medidas cautelares” cuando “se entregaba vergonzosamente el patrimonio nacional”. Puede que Cristina no oyera tales “voces” porque, antes de cambiar el clima político, respaldaba con su vehemencia habitual al hombre al que en una oportunidad su marido calificó del “mejor presidente de la historia argentina”, Carlos Menem, pero sucede que en aquel entonces los contrarios a las privatizaciones no guardaron silencio. Tampoco se abstuvieron de intentar frustrar la estrategia menemista sembrando obstáculos jurídicos en su camino, razón por la que aquel gobierno, como el actual, prefería los decretazos a los engorrosos procesos parlamentarios. Lo mismo que Cristina, en ocasiones Menem se entregó a la autocompasión al afirmar que ningún otro mandatario había sido blanco de tantas críticas injustas como las dirigidas contra su persona, pero a diferencia de ella no parecía interesado en desquitarse por los agravios políticos o ideológicos recibidos, tal vez por entender que, como a menudo decía, se trataba de gajes del oficio. Sea como fuere, lo que Cristina acaba de dar a entender, al inaugurar una nueva sede del ministerio de Justicia en la Costanera Sur porteña, es que, por estar el gobierno que encabeza a favor del estatismo, lo que en su opinión es intrínsecamente progresista, los jueces y fiscales no deberían preocuparse por los pormenores legales. Como Menem en la década de los noventa, quiere que la Justicia adopte una postura ideológica, cuando no militante, para tratar con benevolencia a quienes comparten sus propias ideas. Es una postura muy peligrosa. La idea netamente autoritaria de que los comprometidos con un proyecto político determinado se encuentran por encima de la ley y que por lo tanto tienen derecho a burlarse de las normas ha estado en la raíz de muchas calamidades políticas no sólo en nuestro país sino también, en escala incomparablemente mayor, en Europa y Asia. Por lo demás, es incompatible con la democracia, una modalidad que no puede funcionar si los militantes de un movimiento poderoso se atribuyen el monopolio de lo bueno y en consecuencia acusan sistemáticamente a sus adversarios de ponerse al servicio del mal, como en efecto hace Cristina cuando nos advierte, en clave nacionalista, contra las maniobras presuntamente perversas de “los centros de poder”, insinuando así que quienes se le oponen se han vendido a oscuros intereses foráneos. Parecería que la presidenta ha llegado a la conclusión de que la mejor forma, acaso la única que aún le queda, de defender su propia gestión sería tratar de convencer a la ciudadanía de que no ha sido tan mala como la del compañero Menem. La obsesión con lo terribles que según los propagandistas gubernamentales fueron los años noventa no es exactamente original, ya que Néstor Kirchner nunca se cansó de hablar pestes de la obra del riojano, pero está resultando contraproducente al difundirse la sensación de que, en comparación con los corruptos del kirchnerismo, los menemistas eran, como muchos dicen, meros “niños de pecho”. Aunque la retórica presidencial es distinta –las modas políticas cambian–, sucede que los dos gobiernos siempre han tenido bastante en común, lo que no extraña ya que ambos se formaron en torno del “carisma” imputado a un líder peronista procedente de una provincia demográficamente chica que en seguida se rodeó de familiares y comprovincianos. Como pudo preverse, ambos gobiernos resultaron ser fenomenalmente corruptos. Así y todo, mientras que Menem era capaz de reaccionar frente a las críticas formuladas por sus adversarios ideológicos haciendo gala de su sentido del humor, los Kirchner pronto se hicieron notorios por su incapacidad para tolerar cualquier manifestación de disenso, actitud contagiosa que ha perjudicado enormemente al país y que, a menos que tengan mucha suerte, asegurará que el destino de muchos integrantes de los gobiernos kirchneristas sea aún más ingrato que el de sus precursores menemistas.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 26 de mayo de 2014


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