La brecha de género, un poco más chica

Las mujeres podrán contar un año de aportes por cada hijo o hija nacidos vivos. Las que hayan adoptado, podrán computar dos años de aporte por cada hijo o hija. Los datos confirman que la medida viene a saldar una desigualdad histórica y estructural.

Tareas de cuidado. Históricamente feminizadas y no reconocidas laboral ni socialmente.

La inserción de la mujer como sujeto protagónico de la vida económica y social, es un proceso que lleva más de un Siglo en nuestro país. Empero, la incorporación masiva de las mujeres a la política y al mercado laboral comienza a darse progresivamente recién desde mediados del Siglo XX. Hasta esa época, el rol laboral de la mujer estuvo circunscripto a las tareas domésticas, sin que ello significara reconocimiento alguno en términos de remuneración ni de protección social.


Hoy en día, las mujeres han logrado centralidad en la agenda política, luego de años de lucha han puesto en el centro de las escena la necesidad de romper con las brechas de género en cada uno de los ámbitos de relación social y económica, entre ellos el mercado laboral, y se verifican notorios avances en cuanto a la concepción del ideario social respecto al lugar central de la feminidad y a la reducción de las desigualdades sexistas.
No obstante, pese al cambio de época y a los progresos en la reducción de las brechas de género, aún persisten notorias desigualdades estructurales entre mujeres y varones.


El mercado de trabajo es una de las cajas de resonancia de tales desigualdades, con tareas que siguen siendo feminizadas y desiguales remuneraciones para idénticas tareas. Un informe de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) publicado el pasado mes de febrero indica que 61,6% de las mujeres cubiertas por la seguridad social en Argentina, se desempeña en tareas relacionadas al servicio social. Indica además que un 12,8% de las mujeres con trabajo registrado se desempeña en el servicio doméstico, mientras que un 11,8% lo hace en la enseñanza. El informe agrega que en 2021, la brecha de ingresos por género asciende en nuestro país al 16,4%, y que esa distancia se repite en los diferentes rubros de la economía.


Otro de los ámbitos en los que se manifiesta la desigualdad por género, son los mecanismos de la seguridad social. En pleno Siglo XXI, las tareas de cuidado siguen estando en cabeza de las mujeres, y las mismas no encuentran correlato en una remuneración acorde ni en el reconocimiento pleno de las mismas como una dedicación laboral.

Reconocer. Es lo que persigue la norma que habilita a computar años de aporte por cada hijo o hija nacidos vivos.


En este sentido, la reciente creación del Programa de Reconocimiento de Aportes por Tareas de Cuidado es un notorio avance en pos de saldar al menos en parte una brecha histórica. Mediante el Decreto 475/21 publicado en el Boletín Oficial en el mes de julio pasado, se establece que “las mujeres y/o personas gestantes podrán computar 1 año de servicio por cada hijo que haya nacido con vida, con el único fin de acreditar el mínimo de servicios necesarios para el logro de la Prestación Básica Universal”.

El texto de la norma agrega que “En caso de adopción de personas menores de edad, se computará 2 años de servicios por cada hijo y en caso de hijo con discapacidad se reconocerá 1 año de servicio adicional por cada uno”. Se indica además que “aquellas personas que hayan accedido a la Asignación Universal por Hijo por el período de al menos 12 meses continuos o discontinuos podrán computar, además, otros 2 años adicionales de servicio por cada hijo”. Por último se establece que “los plazos de licencia por maternidad y de estado de excedencia se computarán como tiempo de servicio solo a los efectos de acreditar el derecho a una prestación previsional”.


Los datos revelan que existe fundamento para la medida: Estadísticamente resulta que las mujeres con mayor carga de tareas de cuidado y mayor número de hijos, llegan a la edad de jubilarse sin la cantidad de aportes necesarios y por lo tanto quedan fuera de los parámetros habituales para el acceso al beneficio previsional. Un documento publicado por ANSES en el mes de mayo titulado “Impacto de las brechas de género en el acceso al derecho a la seguridad social” expone en números la brecha que la medida recientemente adoptada viene a saldar.


El primer gráfico muestra a la población de entre 40 y 60 años en proporción a los años de aporte y a la cantidad de hijos para mujeres y varones. Se aprecia que a medida que crece la cantidad de hijos, lo que se traduce en una mayor carga de tareas de cuidado, las mujeres reducen sensiblemente la cantidad de años de aporte, mientras que entre los varones la misma permanece relativamente constante.

Pese a los progresos en la reducción de las brechas de género, aún persisten notorias desigualdades estructurales entre mujeres y varones.


El segundo gráfico es todavía más elocuente: el 48,7% de las mujeres en edad de jubilarse, no cuenta con ningún tipo de aporte jubilatorio. En el otro extremo, solo el 11,6% de las mujeres tiene más de 20 años de aportes al momento de jubilarse, mientras que en los varones esa cifra se eleva hasta el 24,3%. La incidencia de las tareas de cuidado en las barreras de acceso al sistema de protección social es evidente.


El tercer gráfico muestra la evolución de la cantidad de beneficiarios del sistema previsional argentino luego de las tres moratorias aplicadas en 2005, 2008 y 2014. Las mismas dieron acceso a un universo de casi 4 millones de personas que no contaban con los aportes suficientes para acceder al beneficio jubilatorio.
Los detractores de las políticas de inclusión previsional, señalan que las moratorias han creado una inconsistencia inter temporal en el sistema, en tanto la cantidad de beneficiarios creció en los últimos años a una velocidad mayor a la cantidad de aportantes activos.


Tal afirmación omite dos problemas estructurales del sistema. El primero es que en una enorme proporción de los casos, la ausencia de aportes no significa que el trabajador no haya recibido los descuentos correspondientes durante la historia de su trayecto laboral. Suelen ser las empresas las responsables de haber hecho los descuentos correspondientes, sin haber cumplido con su depósito legal. El segundo se relaciona con el primero, y tiene que ver con el trabajo no registrado. Hoy en Argentina, 4 de cada 10 trabajadores y trabajadoras, se desempeña en la informalidad. Trabaja en relación de dependencia, y no recibe los aportes correspondientes.


Las moratorias previsionales procuraron, sin solucionar ninguno de los mencionados problemas estructurales, saldar hacia atrás las desigualdades que los mismos generaron por años.
Sin embargo, el gráfico revela claramente que tales desigualdades eran (y siguen siendo) más profundas entre las mujeres que entre los varones. Se aprecia que algo más de las dos terceras partes de los nuevos beneficiarios por moratoria previsional entre 2005 y 2014, son mujeres, lo que confirma que una gran mayoría de mujeres llega a la edad jubilatoria sin los años de aporte correspondiente. Ello guarda estrecha relación con la incidencia de las tareas de cuidado no reconocidas, que las medidas recientemente anunciadas procuran reconocer por primera vez.

Datos

48,7%
El porcentaje de las mujeres en edad de jubilarse que no cuentan con ningún tipo de aporte previsional.
16,4%
La brecha de ingresos por género que aun persiste en Argentina.

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La brecha de género, un poco más chica