“La brecha es moral”
Todo el mundo, de una u otra manera, con sus actos y sus opiniones se manifiesta a favor o en contra de los sucesos que son, por supuesto, opinables. Es ésta una forma de precisar que todos somos animales políticos y, por el hecho de ser humanos, gracias a Dios, somos tan diversos que no existe la verdad absoluta.
La sociedad en su conjunto, con sus ánimos particulares, va conformando una idea común sobre lo que entiende son sus propios intereses, y parte de ellos son juzgados por el gobierno, el periodismo, la Justicia. En mis notas anteriores expresaba la diferencia entre los gobiernos llamados populares y los que abogan por un progresismo serio, ordenado y responsable. Para muchos se cruzan sentimientos contradictorios, de constante confusión y de ceguera paralizante que no les permite ver y mucho menos aceptar, situación que los lleva inexorablemente al error permanente.
Podríamos citar lo que todo el mundo conoce como probado, la matriz elaborada por el gobierno K para el robo sistemático al Estado, que somos nosotros, con los amigos del poder, Lázaro Báez, Cristóbal López, Milagro Sala y una larga e interminable lista que no deja de sorprendernos día a día, que gratificaban a sus mentores con suculentos retornos y no deja dormir nuestra capacidad de asombro. Una sola prueba la constituye el relato pormenorizado de Eduardo Arnold, exvicegobernador de Santa Cruz en la época de Néstor Kirchner, describiendo la ingeniería utilizada en dicha provincia y luego trasladada a todo el país.
La Justicia, en principio, está comenzando a poner las cosas en su lugar pero también debería alcanzar a la corrupción del PAMI, cuatrocientos mil afiliados fallecidos que a través de médicos, laboratorios, farmacias, ortopedias, estafaban al Estado en 1.200 millones de pesos al año, la corrupción de la efedrina, de los laboratorios de droga sintética que termina con la vida de cientos de jóvenes y adultos. Estos desaguisados, como afirma el periodista Fernández Díaz, son la consecuencia de todo lo que nos falta hoy en día.
Y aquí aparecen los detractores de siempre que bregan por no perder las prebendas de vivir del Estado, constituyendo la corrupción más notoria que precipitaron el desprestigio de las instituciones dejando a los más capaces sin concurso y sin carrera administrativa.
Estos mismos son los que después aplauden todos los actos irracionales y, empujados por periodistas amarillistas, reclaman lo que no pudieron hacer, exigiendo un camino que quieren repetir sin entender que el dolor de una inmensa mayoría de la sociedad no pasa por otro lado que no sea apoyar a nuestro presidente y convocar a restablecer realmente la unión de los argentinos en la esperanza de que algún día nos pondremos de acuerdo en qué país queremos, para lo cual debemos –en primer término– cerrar la brecha que nos divide, y sobradas pruebas tenemos de que ello es “moral”, concepto diametralmente opuesto a “la corrupción”, cualquiera sea su origen y forma.
Silvano Giacolla Caruso
DNI 8.119.343