La brutalidad de un crimen absurdo

Por Redacción

Pablo Nicolás Gonzálvez fue asesinado la madrugada del 11 de abril de 2015. Su cuerpo fue encontrado cerca de las 6 en la plaza ubicada sobre la calle Fernández Oro, entre Sáez Peña e Italia. Los golpes evidenciaban a simple vista la brutalidad con la que lo mataron. La autopsia reveló que murió ahogado cuando luego fue arrojado a la fosa de riego de la plaza.

Antes, le quebraron el cráneo, lo cortaron con pedazos de vidrio y lo prendieron fuego. Los investigadores sostiene que lo mataron para quitarle un bidón de combustible, que estaban inhalando, y que luego usaron para incendiarlo. Esa noche se encontraron casualmente ya que Gonzálvez no conocía a los acusados. Estuvieron bebiendo hasta que comenzaron a discutir. La víctima golpeó a uno de los adolescentes y esto fue lo que desató la furia de los tres jóvenes. Para vengarse, lo corrieron y cuando lo alcanzaron le pegaron un botellazo en la cabeza, que lo dejó inconsciente. Después lo agredieron hasta matarlo.

Argüello, de 19 años, y dos adolescentes, de 16 y 17, fueron detenidos pocas horas después en la plaza Don Bosco. La Policía siguió los rastros de sangre que dejaron hasta el hospital. Los tres fueron a hacerse ver unos golpes y cortaduras que sufrieron cuando atacaron a Gonzálvez. Jamás contaron con que podían quedar registrados en las cámaras de seguridad.


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