“La casa es el lugar más peligroso”

La escritora uruguaya Marisa Silva Schultze, autora de la premiada novela “Siempre será después”, habla sobre femicidio y las relaciones personales en una entrevista con “Río Negro”.

Por Redacción

Fotos: Martín Heer

Marisa Silva Schultze no es una de los miles de uruguayos que alguna vez se mudaron a la capital argentina: vivió toda su vida en Montevideo. De todos modos, durante la entrevista con “Río Negro” en Buenos Aires, aclara que ella no es una enamorada irremediable de su ciudad: “¿Un lugar tranquilo? Es un tema de discusión que tengo con todos mis conocidos argentinos, que idealizan todo de Uruguay y lo ven mucho más lindo de lo que lo veo yo. Lo he discutido mil veces pero nunca he convencido a ningún argentino”.

La escritora sostiene que al ser un país con 3 millones de habitantes “todos los números son menos impactantes pero las proporciones de las cosas son iguales”.

Así, nos introducimos en “Siempre será después”, que recibió el Primer Premio de Narrativa Inédita del Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay.

Su novela, que abarca la violencia de género, surgió a partir de un interrogante que Schultze se planteó hace diez años: “¿Qué pasa con los hijos de las familias donde ha habido violencia familiar, llevada al grado de la tragedia?”. Es decir, qué es lo que sucede con un hijo cuando el hombre que mata a su madre es su papá y, a su vez, su papá se suicida. ¿Cómo se puede vivir después de eso? ¿Qué pasa con los que no deciden, con una generación que sufre las consecuencias de algo en lo que no participaron ni decidieron? De eso, la escritora habló con “Río negro”.

–Usted dice que escribe con los elementos de la realidad que conoce. ¿Qué conocía en este caso?

–No hay nada autobiográfico. Como uruguaya sé lo que saben todos mis compatriotas: vivo en una sociedad violenta, en la que cada tres días una mujer muere asesinada por un hombre. Es una cifra que no baja en los últimos años. La casa es el lugar más peligroso para las mujeres en el Uruguay. No es lo mismo 500 personas en Brasil que en Uruguay.

–¿Cómo hizo para meterse en la cabeza de Álvaro, el protagonista?

–No sé. No hice ninguna investigación, algo que no me parece ni bien ni mal. Fue así. No conozco ningún caso cercano. Al vivir en la sociedad, escuchando las noticias en la televisión y leyendo los diarios, tuve la necesidad de escribir sobre esto.

–Al final, ¿se escapa de una herida tan grande como la que sufrió Álvaro?

–Capaz que a los Álvaro de verdad le pasan otras cosas. No pretendo crear una verdad universal ni un estereotipo. Esto es lo que le sucede al Álvaro de mi novela. Me metí en su cabeza y sentí que él no lograba convivir con la carga de lo que le había sucedido, al menos en el marco temporal de la novela. Vaya a saber qué le pasa diez años después.

–De ahí el nombre de la novela, ¿no?

–Sí. El padre matando a la madre y suicidándose, también es una escena de exclusión para Álvaro, que no está y nadie pensó en él. Lo dejaron afuera. Es como si toda su vida estuviera marcada por ese después. Todo es después de eso que le ocurrió. No es solo la carga de la destrucción. Es también el hecho de haberse sentido excluido porque no estaba en la plaza cuando ocurrió la tragedia. Cuando recrea esa imagen de la plaza se imagina que está ahí. Es la manera de sentir que pertenece a esa familia.

–Álvaro reclama ser tenido en cuenta.

–Totalmente. Está obsesionado y no logra salir de esa matriz familiar. Después no se vincula, no tiene amigos, es un hombre solitario que si lo viéramos en una esquina no nos llamaría la atención por nada. Se vuelve invisible y es testigo de las decisiones de los otros.

–Otro tema que aparece son los problemas de comunicación.

–Sí. En una familia marcada por la violencia se fueron rompiendo los vínculos cercanos. La abuela que aparece tiene una hija que antes de ser asesinada ya no se relacionaba con ella. Y el nieto se va a vivir con una abuela que casi no conoce. La incomunicación se reproduce y se amplifica.

–¿Cree que la incomunicación tiene que ver con algunas generaciones en particular?

–No me queda claro si es un problema generacional o del ser humano. Los padres más jóvenes hablan más y explican. En ese sentido reaccionan bien frente a lo que fue una generación anterior. Pero comunicación no es sentarse a hablar. Es mucho más que eso. Son otras cosas que no estoy segura que se den, como contención, mirar, escuchar, tener en cuenta. A veces siento que en las familias hay un conjunto de monólogos cortados por un celular. Hay un autocentramiento que dificulta la comunicación, sobre todo en la gente más joven. Eso les impide mirar a ese chiquilín de seis años que tienen adelante. Hay algo muy egocéntrico en la época también.

–Termina siendo una exposición sobre sí mismo, sin registrar lo que le sucede al otro.

–Exacto, y es algo que impide la comunicación por más que todos nos sentemos a hablar. Otra cosa que veo mucho es la interrupción, ya sea porque uno corta al otro o por algún factor externo. Es impresionante la dificultad para estar quince minutos concentrados en lo mismo, que puede ser jugando. Porque jugar es una manera de comunicarte con tu hijo, que puede necesitar eso y no hablar.

–La diferencia entre estar en el centro de uno mismo o de algo.

–Sí. Creo que a todos nos cuesta en esta época hacerlo. Es una época en la que vamos y venimos de paseo a la periferia permanentemente. La gente hace eso mirando una película y no tiene ningún problema en mandar un mensaje por celular o hacer otra cosa al mismo tiempo. No se sumerge en la película.

–La dificultad de vivir el momento. A la vez, hay una necesidad de manifestar lo que se está haciendo, como ocurre en las redes sociales.

–Claro, el show permanente. Se hace algo y mostramos que lo estamos haciendo en el mismo momento que lo estamos haciendo. Eso hace que tengamos siempre algo artificial. Por eso la incomunicación en la novela atraviesa a todas las generaciones.

“Siempre será después” responde a la pregunta de ¿qué pasa con los hijos de las familias donde ha habido violencia familiar?

Juan Ignacio Pereyra

pereyrajuanignacio@gmail.com


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