La Cepal alerta por abusos con subsidios

Redacción

Por Redacción

Gustavo Chopitea (*)

En América Latina los gobiernos populistas han abusado de los subsidios. ¿Cabe preguntarse por qué? La respuesta es lineal y sencilla: porque permiten la discrecionalidad y generan una capa de opacidad que deriva en frecuentes oportunidades para la corrupción. A quienes los deciden no les importa demasiado si con ellos se distorsionan caprichosamente los precios relativos, con ganadores y perdedores fortuitos. Tampoco cuál es el sector que finalmente soporta su costo, como sucede con el agro argentino, del que se ha colgado –en una pinza asfixiante– el Estado nacional. Menos aún si ellos generan o no una suerte de “adicción” en sus beneficiarios que, de pronto, creen que están frente a un derecho adquirido de por vida del que –además– no pueden jamás ser privados, a la manera de la sensación similar que equivocadamente genera, en muchos, el empleo público. La Comisión Económica para América Latina (Cepal) acaba de denunciar en la Reunión de Río sobre Desarrollo Sostenible (Río + 20) el abuso de los subsidios que existe en nuestra región, especialmente de los elevados subsidios a los combustibles, que suelen ser mayores que los gastos que se destinan a atenuar fines prioritarios en lo social, como son los que tienen que ver con la salud. Como ejemplo puntualizó la situación en dos de los países más populistas de la región: Ecuador y Venezuela, cuyos gobiernos además comparten una misma visión autoritaria. Ecuador gasta el 6,7% de su Producto Bruto Interno en subsidios a los combustibles. Pero sólo un 1,3% en el capítulo de la salud. Una desequilibrante y llamativa desproporción que merece ser analizada en detalle. Venezuela tiene un problema similar: gasta un 5,1% de su Producto Bruto Interno en subsidiar directamente los combustibles, mientras dedica sólo el 1,8% a atender las urgencias en materia de salud de su población. Preocupante, como elección, en ambos casos. Para peor, subsidiar los combustibles fósiles supone no sólo gastar menos en educación o en salud sino también castigar el medioambiente y demorar la adopción e implementación de alternativas energéticas menos contaminantes, lo que debiera ser prioritario. Los subsidios son, en definitiva, “pan para hoy”. Por eso presumiblemente se adoptan. Pocos piensan, sin embargo, que ellos inexorablemente serán de pronto “hambre para mañana”, por lo que financieramente suponen. Menos aún los conciben como lo que son: alternativas de gasto que en definitiva postergan otras urgencias insatisfechas de la población en capítulos cruciales como son los de la educación y la salud. Para pensar, desde que nuestra propia economía ha sido mañosamente complicada o, más bien, desarticulada por el abuso de la recurrencia a los subsidios, transformada en una constante, a todos los niveles. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional


Gustavo Chopitea (*)

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