Roca tendrá más concejales por el Censo 2022 ¿pero importa el número?

El Censo 2022 -que se realizará este miércoles- provocará cambios en la organización institucional del municipio de Roca.

Todas las proyecciones indican que la ciudad superará de manera oficial los 100.000 habitantes y con ese dato se activará el artículo 28 de la Carta Orgánica.

Ese texto normativo indica que “el Poder Legislativo será ejercido por un Concejo Deliberante, integrado por ocho (8) miembros que se denominarán concejales”. Y agrega que “cuando la ciudad cuente con más de cien mil (100.000) habitantes, establecido por censo oficial, se elegirán dos más por cada veinte mil (20.000) habitantes o fracción mayor de diez mil (10.000) que exceda de aquella cantidad”. Finalmente, se establece un tope, determinando que “el número de concejales no será, en ningún caso, superior a veinte (20)”.

El gobierno local adelantó sus proyecciones la semana pasada. En un comunicado oficial se detalló que, a partir de los registros del último padrón de electores y de las matrículas escolares y de los CECI municipales, “el próximo censo registrará unos 130 mil habitantes”.

Si llegan a ser 130.001 o más los roquenses censados, el cambio en el Deliberante será notable, porque en los próximos comicios se elegirá un 50% más de bancas, para llegar a un cuerpo con 12 integrantes.

Y esa brecha con el escenario actual dará una base más firme a una pregunta central: ¿Cuál será el beneficio para los ciudadanos roquenses con un Concejo de mayor estructura?

Sin dudas, la primera respuesta tiene que ver con la representación, con las mayores chances de que sectores minoritarios tengan voz y voto dentro del municipio. Ese es el espíritu que dejaron asentado los convencionales de 1988 en la Carta Orgánica.

El problema es que ese ideal no puede buscarse dejando de lado un análisis sobre lo ocurrido en la práctica durante los últimos años con el Deliberante roquense.

Producto de gobiernos con una fuerte impronta verticalista, desde principios del 2000 hubo una constante pérdida de gravitación del cuerpo legislativo, que dejó de funcionar como poder independiente para convertirse en un apéndice del Poder Ejecutivo, necesario sólo para darle un carácter formal a decisiones tomadas por el intendente.

Esa resignación de la autonomía hizo que se diluyera también el interés por formar parte del Concejo. ¿Quién aceptaría dejar su tiempo profesional y familiar para sumarse a espacio manejado a distancia, donde no es bien vista la independencia de criterio y mucho menos la disidencia con la palabra del líder? Muy pocos.

Y en la repetición de ese escenario, la calidad de la labor y del debate legislativo se alejó mucho de lo que pudo verse en las décadas del 80 y del 90.

De manera que el Censo 2022 puede derivar en un Deliberante de 10 ó 12 integrantes, pero no está en ese número el dilema central.

La pregunta principal es cómo devolver al Concejo al rol protagónico que tiene reservado por las normas que rigen el ordenamiento institucional del municipio.

Los partidos políticos tienen responsabilidad central para construir la respuesta, alentando la renovación entre sus filas, formando dirigentes y promoviendo la idea contraria a la experiencia reciente, donde los ediles aparecen reducidos a meros instrumentos certificantes de las acciones del intendente.

Y en la ciudadanía también hay tareas por cumplir, en principio sumando participación. Eso no significa simplemente buscar un lugar en una lista. También se puede ejercer un rol activo de observación a los concejales, para que esa presión implícita los exija a elevar la vara en su tarea cotidiana.


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