La cuarentena golpea fuerte a los que pelean el día a día

Albañiles, choferes de taxis, peluqueros, plomeros, gasistas y varios otros rubros aguantan la cuarentena con recursos al límite y con la esperanza de volver a trabajar.




La cuarentena obligatoria trastocó la realidad de todos, pero hubo sectores que quedaron mucho más desamparados y postergados que otros, y que al día de hoy no saben a ciencia cierta cómo y cuándo van a poder superar la situación.

Son sectores que antes del coronavirus vivían el día a día, un vasto abanico que incluye a plomeros, gasistas, peluqueros, panaderos, albañiles, choferes de taxis y muchos otros rubros que comparten una angustiante realidad, una realidad de ingresos recortados o nulos desde el 20 de marzo pasado, momento en el cual comenzó a regir el aislamiento obligatorio en la región.

Todos ellos enfrentan hoy problemas económicos inesperados hasta hace un mes atrás, cuando todavía era posible enfrentar la jornada de manera optimista y aún persistía esa sensación de que la cosa podía mejorar con el paso del tiempo. Pero el parate por la cuarentena lo cambió todo.


Juan es gasista, plomero y electricista. Tiene casa propia, vive con su mujer y sus hijos. Cuenta que hoy está saliendo a la calle sólo para cubrir urgencias.

Esas urgencias incluyen la limpieza de un calefactor o la rotura de un caño de agua, por citar algunos ejemplos. La calefacción resulta fundamental en el hogar en estos días otoñales en los que ya empiezan a apretar las jornadas más frescas y hay que revisar todo para no tener problemas con el monóxido y las pérdidas de gas.

Y un caño roto que deja sin agua una vivienda es inadmisible en este presente de coronavirus en el cual lo único que parece controlarlo -además de resguardarse en casa- es un buen lavado de manos con agua y jabón.

“Para hacer esas tareas de urgencia me arriesgo, salgo con la tarjeta de Camuzzi por si me preguntan en los controles, pero no voy a obras, eso está parado para mí. No quiero abusar de salir a hacer trabajos y tener inconvenientes”, dice convencido Juan.

Dato

1.000
pesos está cobrando hoy un gasista por la limpieza de un calefactor, un servicio considerado de urgencia.

El mismo aclara que ahora se está trabajando desde los prestadores de este servicio para pedir un permiso al municipio para que la gente que realiza este tipo de tareas pueda salir a hacer urgencias, para poder circular sin problemas. Algo similar a lo que hace Neuquén, que otorga permisos especiales de circulación para este tipo de oficios, siempre y cuando sea un trabajo que amerite la exposición del prestador y del cliente.

Para Juan, el presente es complejo y no quiere pensar mucho qué puede llegar a pasar más allá del 12 de abril, fecha en la que hipotéticamente comenzarían a levantarse las restricciones. Por el momento se centra en lo que pueden resolver con su grupo familiar. Dice al respecto: “Se nos pone difícil, nosotros trabajamos en el día a día y si la cuarentena se extiende más tiempo se va a complicar. Mi señora también trabaja, pero es empleada doméstica y ahora está parada. Nosotros vamos a recibir los 10.000 pesos que dispuso el gobierno pero es una ayuda que no aguanta mucho, con los precios encima están abusando los que venden papa, huevos, harina”.

Por último Juan deja claro que la salud está por encima del resto: “No quiero exponerme, ni exponer a mi familia saliendo a cubrir todos los trabajos que salen, hay demanda pero prefiero dejarlo para después que termine la cuarentena”.


Sergio atiende una peluquería en Roca y no está trabajando desde hace un buen rato. “Estoy en casa desde el mismo viernes que decretaron la cuarentena, no ingresé un centavo desde esa fecha, encima soy categoría C de monotributo y ni siquiera estoy en condiciones de recibir la ayuda dispuesta por el gobierno, no cumplo los requisitos”, se lamenta.

Su preocupación está centrada en lo económico y en la salud de los suyos. Así lo explica: “No hay posibilidades de trabajar y no te dan ayuda de nada, no sé cómo voy a pagar el alquiler del local que se vence en los próximos días. No tengo local propio, no me dejan trabajar, estoy en una categoría de monotributo donde no recibo los beneficios de las categorías más bajas…”

¿Cómo sobrellevás la situación?, le consultamos y nos dice que “el resto de la familia te ayuda a financiar esto”. Sergio vive con dos sobrinas y un bebé, y el resto de la familia que menciona son sus progenitores a los que sólo puede ver a través de una pantalla de computadora. “Tengo mis viejos, jubilados, los veo solo por videollamadas. La vieja tiene 88, hay que cuidarlos”, sostiene resignado.

Muestra sí una cuota de optimismo por lo que viene y dice que “la esperanza está puesta en que sea el 12 de abril la apertura, por suerte acá hay muy pocos casos todavía, esperemos que siga así”.


Elías es albañil y pasa por estos días la cuarentena junto a su familia. Acompañó la veda para circular desde que se dispuso a fines de marzo.

“Acá estoy, haciendo algún poquito en la casa, pero no se puede salir”, dice a Río Negro.

“El mismo viernes que decretaron la cuarentena yo paré. Ahí recibí unos pesos pero ya se están terminando. Son muchos días de parate. Si no reactiva vamos a estar complicados”, sostiene el trabajador de la construcción.

“Si corta la cuarentena tengo trabajo esperando, revoque, contrapiso, la verdad que esto no aguanta más, espero que el 13 se pueda empezar”, se esperanza.

En la vivienda conviven seis personas, y tienen otros ingresos que ayudan a soportar la situación.

“Igual en donde estoy trabajando no se cuánto más van a seguir porque los dueños de la obra también están sin ingresos por estos días, tampoco pudieron trabajar en esta cuarentena”.


Algunos sectores que pueden trabajar pero escasean los clientes


Luis maneja un taxi desde hace varios años y aunque esta actividad se puede ejercer pese a la cuarentena lo cierto es que el caudal de pasajeros se redujo mucho debido a la prohibición para circular que rige en el país.

“En un día normal hacías 15 o 20 viajes por turno, ahora con suerte llegás a 4 o 5, así no rinde nada”, comenta el chofer, mientras aguarda pacientemente la próxima salida.


Luis cubría hasta hace poco tiempo el turno noche, pero como esa franja horaria prácticamente se murió para el transporte “el dueño del auto se quedó en cuarentena y me dio el turno de día… menos mal, porque de la otra manera me iba a morir de hambre”.

Hoy básicamente este segmento se maneja con pasaje que va a trabajar, a un supermercado o a una farmacia a comprar un remedio.

“No tengo miedo, acá hay pocos contagiados”, aclara Luis sobre el riesgo que implica hoy en día su trabajo, ya que no tiene forma de saber si el pasajero está en buena condición de salud. Pero además de no tener temor por la situación, el chofer aclara que “en el auto tengo de todo, desinfectante, guantes, barbijo, me cuido lo que puedo”.

Esta falta de pasaje tiene su consecuencia directa en el bolsillo del trabajador quien sostiene que “este mes no llego a pagar el alquiler del departamento, voy a tener que hablar con la dueña para que me lo baje un poco, porque no es que no quiero pagar, es que no puedo…”


Claudio es panadero y también está en condiciones de ejercer su profesión, pero casi no tiene demanda de sus clientes. “Estoy cocinando para clientes chicos porque las casas de comida para las que trabajo están cerradas, no sé por qué pero bajaron las persianas, puede ser que haya un poco de miedo al virus”, arriesga el trabajador gastronómico. Su fuerte es proveer de prepizzas, panes de hamburguesa y de lomo a un puñado de negocios.

Claudio tiene un microemprendimiento y entre sus planes amasaba la idea de crecer, de mejorar, de tener mejores máquinas para trabajar, pero la llegada del coronavirus postergó todo eso para más adelante.

“Antes del cierre trabajaba casi una bolsa de 50 kilos de harina diaria, y el fin de semana casi dos bolsas, tengo un emprendimiento chico, ahora estoy trabajando una bolsa a la semana como mucho”, dice Claudio para ejemplificar cuánto bajó en su caso el nivel de actividad.

“Tengo mucho consumo interno, cocino para mi suegra, para mi hija, para mi hermana, ese es mi aporte en este momento”, dice y sonríe sin perder el humor por la situación.

“Ahora estoy amasando a mano, ni vale la pena prender la amasadora por lo poco que se está haciendo, las últimas entregas fueron previas a la cuarentena y después ya no me contactaron más”, explica Claudio.

También esboza un pronóstico reservado sobre lo que viene: “Creo que la recuperación va a ser lenta porque hay mucha gente que no vive de un sueldo fijo, mirá todos los que se anotaron para cobrar ese pago a monotributistas de categorías más bajas. Otra cuestión es que puede ser que acá no haya muchos casos de gente contagiada, pero si liberan va a empezar a transitar gente de otros lados y se puede complicar”.

Dato

20
viajes por día en promedio hacía un taxista en Roca antes de la cuarentena. Ahora con suerte llega a 5 por día.

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