La “defensa de la Europa cristiana” está en los Balcanes

Por Redacción

En los últimos días el jefe de gobierno húngaro, Viktor Orban, volvió a pintar ante los ojos del mundo su visión del apocalipsis. Millones de personas de Oriente tomarán Occidente y “descubriremos de repente que seremos la minoría en nuestro propio continente”, sostuvo. Por lo tanto, “si dejamos entrar a todos, eso significa el fin de Europa”. Pero sus dichos, que en Europa Occidental fueron rechazados, en los países de los Balcanes son perfectamente normales desde hace siglos: “la defensa de la Europa cristiana” ante los musulmanes es algo que aún hoy muchas naciones balcánicas tienen escrito en sus banderas. El ministro serbio de Exteriores y presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), Ivica Dacic, afirma cada tanto que su país informó “hace ya quince años” a los servicios secretos de Europa y de Estados Unidos sobre los muyahedines en Bosnia, Kosovo y Albania. Pero “nadie se preocupó por ellos, porque (en los años 90) pelearon contra Serbia”, argumenta. A nivel internacional “ya teníamos este problema antes de las crisis en Siria, Libia e Irak”, pero se les dejó plena libertad a los islamistas porque trabajaban contra los regímenes en sus países. En Macedonia hay graves conflictos entre los eslavos cristianos y la minoría musulmana que suponen los albaneses, que en mayo pasado se descargaron en combates armados con muchos muertos. En Kosovo y en Bosnia los serbios también advierten sobre los musulmanes y consideran su conflicto parte de la supuesta lucha entre Occidente y Oriente. En Bulgaria, los comunistas intentaron en 1989 asimilar el 10% de la población que suponía la minoría turca con una prohibición de su cultura y su lengua y la obligación de cambiarse los nombres (Hassan se convirtió en Hristo). A través de la península de los Balcanes transcurrió entre los siglos XVI y XIX la famosa frontera militar desde el Adriático hasta el río Drava. En esa intersección entre el reino cristiano de Habsburgo y el Imperio Otomano musulmán, los campesinos locales eran premiados con tierra y libertad si se mostraban dispuestos a combatir al enemigo de Oriente. Pero también en la guerra en Bosnia-Herzegovina (1992-1995) este supuesto combate entre culturas sirvió una vez más como justificación. El jefe militar de los serbios bosnios, Ratko Mladic, acusado ante el tribunal penal internacional de la ONU en La Haya como “carnicero de los Balcanes”, explicó sus crímenes como revancha por los siglos de opresión de su pueblo por parte de los “turcos”. La crisis migratoria que está viviendo Europea reflotó esos argumentos. Este lunes, el húngaro Orban reiteró su rechazo a la inmigración de musulmanes. “Nadie puede exigir que Hungría cambie”, dijo, y se declaró contrario a que la composición cultural y étnica de la población del país se modifique a causa de influencias externas.

Thomas Brey Agencia DPA