La desmesura de “El anillo del Nibelungo”
Fueron siete horas de una versión reducida.
Mariano Suárez
Sobre la desmesura wagneriana de la tetralogía “El Anillo del Nibelungo”, el teatro Colón edificó otra de igual tenor en la clausura de la temporada lírica 2012: presentó una original versión en un solo día -en lugar de los cuatro tradicionales- en un gesto que, aún monumental, resultó exiguo para abarcar la obra del compositor alemán. Un dato inapelable: el “Colón Ring”, como se bautizó la versión, que compactó en siete las catorce horas originales de “El Anillo…”, no es la obra de Wagner. Se trata de una aproximación, audaz, provocadora, pero al mismo tiempo contradictoria con la misma prosapia del Colón porque, si hay un espacio en condiciones artísticas, logísticas y presupuestarias para montar la tetralogía tal como se concibió, es justamente el Colón. En ese punto, el cerebro de la adaptación musical, el alemán Cord Garben, fue prudente dentro de la imprudencia. Los múltiples cortes que sufrió la versión original se engarzaron anoche en el Colón sin una sola nota agregada sobre la partitura. Aun así, las siete horas menos de ópera significaron cambios extremos. Garben había asegurado que sólo estaban amputadas las “reflexiones filosóficas” del autor y que la trama argumental se mantenía inalterable. El enunciado resultó al menos parcial. No hay siete horas de elocuencia filosófica en Wagner (desde sus conversaciones del exilio con el teórico anarquista Mikhail Bakunin hasta las lecturas de Schopenhauer). La acción también resultó erosionada. Aun así, el “Colón Ring” conservó el espíritu grandilocuente de Wagner. La dirección en escena estuvo a cargo de la argentina Valentina Carrasco que, ya inmersa en el universo wagneriano, asumió el desafío luego de la deserción -por diferencias con las autoridades del Colón- de Katharina Wagner, bisnieta del compositor e impulsora de esta versión original a modo de homenaje por el bicentenario de su ancestro. El montaje mantuvo un sesgo de crudeza y una impronta local indisimulable. Un subtexto alusivo a la dictadura militar y algunas imágenes contemporáneas como parangón de la figura del héroe Siegfried alcanzaron el deliberado objetivo. Otro rasgo incuestionable fue la calidad de los solistas. A la ya extraordinaria exigencia de los roles wagnerianos, anteanoche el reparto debió asumir el desgaste de una jornada que se extendió entre las 14.30 y las 23.15. Por encima de todos transitó la voz de la soprano estadounidense Linda Watson (Brunnhilde), de notable dúo con el ruso Leonid Zakhozhaev en el final de “Sigfrido”, bien acompañados por el numeroso colectivo de roles solistas de la obra, que contó con la dirección musical de Roberto Paternostro y la participación de la Orquesta y el Coro Estables del Colón. No deja de ser extraña la apuesta que, con la intención de acercar al público a la inmensa obra de Wagner, apela a una versión que implica diez horas de permanencia en el teatro y una concentración sin parangón para, al final, apreciar una versión que tampoco es la obra que se pretende arrimar al espectador menos entrenado. El “Colón Ring” volverá a escena, por última vez en este año, mañana desde las 14.30. Para la versión tradicional están los discos. (Télam)
El robo del oro fue sustituido por la apropiación de niños, en una clara alusión a la dictadura argentina.
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