La economía se encierra

Por Redacción

Desde hace muchas décadas la economía nacional ha oscilado entre el proteccionismo exagerado por un lado y períodos de apertura que han resultado ser demasiado exigentes para el grueso del empresariado nacional. No existen motivos para suponer que la tradición así supuesta ya pertenezca al pasado. En la actualidad la economía está pasando por una fase proteccionista, pero si la experiencia significa algo dicha fase tiene los días contados. Por cierto, los perjudicados por las barreras que está construyendo frenéticamente el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, son muchos: los consumidores que no encuentran lo que están buscando o a lo mejor tienen que pagar más por bienes de calidad inferior, las empresas que no consiguen insumos imprescindibles, los “socios” comerciales de otros países. También pierde la economía en su conjunto, ya que el aislamiento sirve para perpetuar la mediocridad. En cambio, los beneficiados por el proteccionismo son empresarios nada competitivos, por lo común “amigos” del poder, algunos trabajadores que, si no fuera por las barreras erigidas, estarían sin empleo y, por ahora cuando menos, el gobierno nacional que está luchando con denuedo por mantener el superávit comercial y las reservas del Banco Central porque teme a las consecuencias inflacionarias de una devaluación. Los objetivamente beneficiados por el proteccionismo siempre han constituido una minoría, pero así y todo no les ha resultado demasiado difícil imponer su punto de vista aprovechando los sentimientos nacionalistas y dando a entender que las barreras comerciales son necesarias para defender los empleos de los argentinos y argentinas. Los muchos consumidores que periódicamente se sienten frustrados por la virtual imposibilidad de comprar buenos productos fabricados en el exterior, aunque fuera a precios mucho más altos que en Chile, digamos, o en el mundo desarrollado, pueden quejarse, pero no conforman un lobby poderoso. Con todo, las empresas afectadas por el bloqueo ordenado por Moreno han comenzado a hacer oír su voz. Si bien es interesada la actitud asumida por la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), no cabe duda de que la entidad tiene razón cuando advierte que, de persistir el gobierno con la política actual por mucho tiempo más, las pequeñas y medianas empresas que para funcionar dependen de insumos importados irán a la quiebra, lo que sería un desastre tanto para los empresarios mismos como para sus empleados. Según las cifras que acaba de difundir el Indec, la actividad industrial está frenándose abruptamente; en los últimos doce meses sólo creció el 2,1%, mientras que seis meses antes el índice correspondiente era del 10%. Aunque son varios los factores en juego, es innegable que la falta de insumos ha contribuido mucho a la desaceleración que a juicio de los pesimistas presagia el comienzo de una larga etapa recesiva. Asimismo, debido a la incertidumbre provocada por la propensión oficial a cambiar las reglas con frecuencia inédita y por la conciencia generalizada, intensificada por la voluntad del gobierno de subordinar absolutamente todo al estado de la balanza comercial, de que nos espera un período sumamente complicado, muy pocos empresarios pensarán en invertir hasta que el panorama se haya aclarado. Por lo demás, nuestros vecinos del Mercosur se han puesto a protestar contra el cierre de la economía nacional como respuesta a la crisis energética que nos obliga a gastar miles de millones de dólares importando petróleo y gas justo cuando el precio internacional está subiendo con rapidez debido a las convulsiones que agitan el Oriente Medio. Hace un par de días el presidente uruguayo José Mujica amenazó con tomar medidas “espejo” ya que “alguna cosa hay que hacer”. Puede que Uruguay no esté en condiciones de perturbar a Moreno por tratarse de un país pequeño, pero no sorprendería del todo que Brasil optara por reaccionar del mismo modo, lo que tendría un impacto negativo muy fuerte, mientras que en otras partes del mundo, como Estados Unidos, la costumbre del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de mofarse de las reglas y los acuerdos, además de desconocer los fallos del tribunal arbitral del Banco Mundial, el Ciadi, ya ha motivado protestas formales.


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