La fiebre de Madonna hizo subir la temperatura de River



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Madonna sacudió anteanoche el estadio de River Plate en el primero de los shows en la Argentina, con una estética poderosa y oscura que conmovió al público con el lema: “No somos tus putas, no descargues tu odio sobre nosotras”. El tañido de las campanas ofició de preludio como una misa pagana, generosa en elementos del sincretismo religioso como cruces, ángeles y mandalas, ya un clásico en el imaginario de la artista que demoró su salida a escena. “Tengo fiebre. Me siento mal y me olvido las canciones así que necesito que me ayuden cantando conmigo”. La explicación no es fortuita: anunciado para las 22, el show comenzó con casi 90 minutos y la silbatina que acompañó in crescendo la espera demostró que hasta los fans más fieles tienen sus límites. Esta suerte de viaje mítico y musical por la carrera de esta rubia camaleónica tuvo alusiones francas y directas a la violencia de género y a la oscuridad del mundo actual, especialmente desde las impresionantes imágenes que regalaban las pantallas de video situadas sobre el escenario. “Girl gone wild” abrió la noche, un tema dance de su álbum “MDNA” y de ahí en adelante los sonidos y la escenografía comulgaron hasta transformar la velada en una performance festiva y oscura a la vez. La dama Ciccone fue la dueña absoluta de la ceremonia y desplegó su poder empuñando armas y hasta su guitarra como si fuera una pistola al interpretar “Revolver” y “Gang Bang”, mientras la pantalla gigante se bañaba de sangre. Las imágenes violentas que coparon el majestuoso escenario de la diva fueron una marca del espectáculo que Madonna repitió anoche en River y el sábado 22 en el estadio cordobés Mario Kempes. Las escenas eróticas, la estética con impronta sadomasoquista, los cueros y las cadenas que recorren los cuerpos perfectos de los bailarines conformaron un recurso potente para dejar al descubierto las fantasías de la mente humana, sin filtro alguno. Así como a la reina del pop se permite viajar por su repertorio desde la alegría de temas ochentosos como “Express Yourself”, el clásico del disco “Like a Prayer”, hasta los aires románticos de “Open your Heart”, la estética de su propuesta también cobró la fuerza de lo ecléctico. Esta mujer sabe reinventarse y las familias y jóvenes presentes en el estadio dieron cuenta de la vigencia de este torbellino, quien pidió amor a los gritos a sus devotos pero dejó la complacencia de lado y lejos de embarcarse en una impronta celebratoria apostó fuerte por las emociones. El silencio atento acompañó “The Erotic Candy Shop”, más logró quebrarse ante sus juegos escénicos con su ambigüedad sexual, capaces de terminar con parte de su cola al aire, durante una versión precisa de “Human Nature”, un provocador prólogo a la estación más emotiva de su viaje musical. “Don’t Cry for me Argentina”, el tema emblemático del filme “Evita” dejó expuesta la vulnerabilidad de una actriz y cantante en escena que además de exhibir un tatuaje con la leyenda Eva, se arrodilló y reptó ante una multitud conmovida. Sus 22 bailarines jugaron a la acrobacia a la perfección y hasta su hijo Rocco, “el amor de mi vida” según palabras de la rubia artista, danzó con belleza para subrayar la potencia dramática de cada tema. “La dama está de regreso” aulló en algún momento del recital sin bises y al finalizar su viaje por su vasto repertorio, todo parece indicar que nunca se fue y esta eterna “chica material” sigue teniendo el mundo a sus pies. (Télam)

Ni siquiera la fiebre la hizo parar. Aunque demoró el show, la reina demostró que le sobra energía.


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La fiebre de Madonna hizo subir la temperatura de River