La gran mentira que supimos conseguir... en la Constitución



José María Maitini*

No es que pretenda evitarlo sino que siempre tiene mucho que preguntar. A los ojos de todo el mundo, al menos los que vivimos en esta torre, se nota lo dedicado en sus estudios que es el chico del cuarto B. Siempre pensé que la emoción le duraría poco. A los sesenta y seis años, con veinticinco en el Poder Judicial y treinta de docencia, hay ciertas cosas que lastimosamente perdí. Una de las que más me duele: la sorpresa. Dicen que uno se hace viejo cuando pierde el asombro. Si lo perdiste estás frito, me dijo la vecina. Es que los pibes con ganas, que recién empiezan el estudio del Derecho, todavía me caen bien. Será que me rememoran el esplendor de otras épocas, otras ganas.


Ttodos los días Agustín me anda refregando su asombro/juventud en la cara. Ayer, como varias veces, paradito en el hall, como siempre, me esperó. Es que hace poco hablamos de esa nota, la “Bestia Negra…”(NDR sobre el derecho de huelga) pobre: se entusiasmó sin razón. Claro, recién está con Constitucional. Es entendible. Pero ayer tiró una difícil. Permiso, gracias por dejarme pasar. Cómo puede ser, empezó. El derecho a transitar. A votar. A ejercer industria lícita. Entendí: amparo, habeas corpus, y listo.


Pero ¿y éste? participar de las ganancias de las empresas, con control de la producción y  colaboración en la dirección. Te entendí la huelga. Pero ¿esto? Tranquilo… te entiendo. Eso está, es verdad. Seamos claros: ese derecho -como varios- no es otra cosa que la gran mentira que supimos conseguir. ¿Un té? Veamos.


Te dirán que hay cláusulas operativas y programáticas. Las primeras, de aplicación directa; las segundas no, que éstas son un horizonte, un programa. Te dirán, casi toda la doctrina, que algunos derechos no valen por sí mismos. Y fijate el art. 44 de la Constitución de Neuquén. Se atajó más. Puso solo una parte. Pero la nacional incluyó controlar la producción (claro, para que no jodan a los laburantes) y colaborar en la dirección del negocio (claro, para asegurar sus ganancias). Se entiende la letra, ¿no? Bueno, pero andá entendiendo: nada se cumple ni se hace cumplir.


“Participar de las ganancias de las empresas, con control de la producción y  colaboración en la dirección…” la cláusula del art. 14 bis que jamás se aplicó, nació muerta.



De la letra surge eso. Y nada del espíritu eh. Nada de metafísica. Te dirán muchas cosas sobre este derecho. Dirán que su naturaleza del derecho es distinta. Que no hace falta reglamentar cómo ejercer industria lícita, pero sí que alguien diga “cuánto es el salario mínimo, vital y móvil”.  Y dirán: “Si no hay ley no habría salario”. Bueno… mentira Agus. Y ahora seguíme.


Nuestro art. 14 afirma que los derechos se gozan “conforme a leyes que reglamenten su ejercicio”. Y ¡obvio! Más vale que las leyes reglamentan derechos y alcances. Pero anotá: que no haya ley reglamentaria no impide que el derecho existe y que pueda hacerse valer. Por algo la Constitución es superior a las leyes ¿no? Y eso vale tanto para el 14… como para el 14 bis. Y sabé no hay mayor mentira que la verdad mal entendida. Sigamos.


Te dirán también que el tema va por exigir una acción u omisión del Estado. Para el derecho a navegar (si tenés bote, obvio) el Estado tiene que abstenerse; pero para la vivienda digna el Estado tiene que hacer un ProCreAr. Eso está mejor, se entusiasmó. Sí, sí, pero fijate: participar de las ganancias de las empresas no requiere ProCreAr. Y ¿cómo tenés salud -pensado como derecho operativo- sin sistema de salud, sin Hospitales, sin Ministerio de Salud? ( Secretaría ahora). Sí. La mentira se construye de a poco.


Los menos dirán que los derechos operativos se ejercen frente al Estado, mientras que los programáticos frente a un particular. Pero se olvidan que el amparo se creó en el fallo Kot, ejerciendo industria lícita (derecho operativo) contra un particular. ¿Por qué no podría ser operativo entonces participar de las ganancias frente a un particular? Pará, te dije. Hay una mentira aún mejor.


Apelando al sentido común dirán que todo eso es “muy caro”. Que hay que reconocerlos de a poco. Que somos sudacas. Que acá eso no. Sí, obvio que son caros. Pero ¿y si decimos que la policía sale cara? ¿o que el Registro de la Propiedad es caro y que ni ganas de gastar plata en eso? O peor: ¿si no llamamos a elecciones porque es caro?


Entonces Agus, verás: el derecho también tiene sus reglas. Proscripto el peronismo, dictadura mediante, nunca importó hacer cumplir eso. Nació muerto. Como dijo otro amigo, el juez Cattani, al mismo tiempo que nacía la cláusula social nacía el argumento para desactivarla. Y estos fueron los argumentos mejores encontrados.


Sabelo: ese artículo es nuestra gran mentira. Sobre todo porque nadie habla de eso. La mentira encuentra en el silencio su mejor aliado. Así que… ahora andá. No hables mucho. En el examen decí alguna de estas pavadas. Irás entendiendo que con ciertos temas es mejor callar.


*Abogado y profesor de Letras.


Comentarios


La gran mentira que supimos conseguir... en la Constitución