La hipodérmica del Dr. McCoy
Trump erróneamente equipara su plan Warp Speed, destinado a obtener una vacuna contra el coronavirus en tiempo récord, con el Proyecto Manhattan. Pero la presente realidad es muy diferente de aquella que, bien o mal, tenía abundante evidencia científica de su lado. El diario The Guardian resumió hace varias semanas la opinión de varios expertos norteamericanos alegando que todas las vacunas previas contra coronavirus como el SARS han fracasado dejando secuelas serias en los voluntarios. Concluyen que quizá “algo” salga del Warp Speed, pero es muy improbable que sea una vacuna.
A diferencia de Jonathan Salk, que se inoculó su propia vacuna contra la poliomielitis y donó la patente, otras ambiciones, más allá de la prevención, son el motor del Warp Speed; proyecto que encuentra sus limitaciones en USA y UE en su fase de prueba en humanos debido a los restrictivos protocolos de toxicidad que deben garantizarse en dichos países. En este contexto es que los argentinos hemos sido “elegidos” por Pfizer para que su “vacuna” (la que no es la favorita del proyecto) sea probada en Argentina.
Los comentarios sobran. Esperemos que de aceptarse esta oferta el Anmat limite las pruebas a voluntarios “reales” seleccionados acorde a principios estadísticos aceptables y éticos (individuos sanos y jóvenes de todas las etnias).
Todos deseamos que el horror de la covid-19 termine, pero la esperanza debe estar basada en la realidad, no en la visión demencial de un ignorante como Trump, o la ambición desmedida de las compañías farmacéuticas multinacionales.
Leonardo Peusner
DNI 571.871
Mar del Plata