La longevidad y la actividad física

Por Redacción

SALUD Y EJERCICIO

Mieko Nagaoka, una japonesa de 100 años, sorprendió al mundo cuando días atrás completó una carrera de 1.500 metros en piscina corta.

La anciana cubrió la distancia en 1h15m54s en estilo espalda y logró un récord que ninguna mujer de su edad había alcanzado hasta ese día.

Su conclusión tras la proeza fue: “Quiero nadar hasta la edad de 105 años si consigo vivir hasta entonces”.

Japón es un país que estimula la práctica de la actividad física en adultos mayores. Según su Ministerio de Sanidad, se encuentran censados cerca de 59.000 centenarios de los cuales el 87% son mujeres. En todo su territorio existen unas 6.000 personas mayores inscriptas en la Federación de Másteres, que organiza unas 40 competiciones por año.

Otro veterano atleta nipón es Hidekichi Miyazaki, de 104 años, quien ostenta el récord mundial de los 100 metros llanos en la categoría mayores de 100 años con una marca de 29,83 segundos. Miyazaki, de apenas 1,53 metros de estatura y 42 kilos de peso, sonríe al confesar alguno de sus secretos: “Mi cuerpo es pequeño, por lo que tengo cuidado con lo que como. Mi estómago lo agradece y esto me ayuda a correr. Eso sí, nunca olvido mi mermelada de mandarina cada día”.

Nuestros másteres

En nuestro país existen también algunos deportistas ejemplares que han superado la franja de los noventa años. Tal el caso de Efraín Wachs, un rosarino que vive en Tucumán, de profesión contador y ajedrecista de alma. Efraín tiene 25 medallas en campeonatos del mundo; de ellas, seis son doradas, nueve de plata y diez de bronce. Según las últimas clasificaciones, está dentro de los diez mejores atletas del mundo mayores de 95 años.

Suele repetirse: “Quiero ser campeón mundial a los 100 años”, mientras encamina a otros ancianos en el arte del atletismo. Así, cada mañana concurre a la plaza San Martín de Tucumán y enseña: “A los 50 el cerebro empieza a perder volumen, entonces la mejor forma de evitarlo es la actividad física”.

Bailarín empedernido y lector de Harry Potter, cuando fue al Mundial de Puerto Rico le pidieron un consejo para los jóvenes. Don Efraín se paró en la mitad de la sala y dividió el escenario en mitades. El “sí” a la derecha y el “no” a la izquierda. Y les recitó los diez mandamientos de un deportista: “No al alcohol, a la droga, al tabaco, a la violencia y a la guerra. Sí al trabajo, al deporte, a la actividad, al compañerismo y al amor”.

En nuestra región también contamos con un gallardo exponente que suele llevarse todos los aplausos en cada carrera que participa.

Se trata de Juvenal Pérez, un barilochense de 93 años que participó de dos mundiales de atletismo para veteranos y entrena en forma permanente. Pérez ha declarado emocionado que “el momento más importante de mi carrera fue recibir la medalla de campeón en Porto Alegre con la camiseta argentina mientras sonaba el himno nacional”. El mundial contó con la participación de 4.500 atletas, de los cuales unos 400 eran argentinos, y Juvenal fue el más rápido en recorrer los ocho kilómetros establecidos para su categoría.

Pintor de bellos paisajes lacustres, demuestra toda su vitalidad al decir: “Tengo muchas ganas de seguir participando en estas competencias”.

Los beneficios de la actividad física en los adultos mayores

Los casos referidos son excepcionales, no sólo por sus récords sino también por su contagioso entusiasmo.

Más allá de sus meritorios logros, su mensaje puede resultar estimulante para que otras personas salgan del letargo. No hace falta ser un atleta ni competir para que los efectos positivos de la actividad influyan en la salud psicofísica de un individuo.

La práctica de ejercicio físico regular es una de las principales estrategias no farmacológicas para envejecer de forma más saludable y mejorar la calidad de vida.

Así, para personas de 65 años en adelante se recomiendan actividades recreativas u ocupacionales, desplazamientos caminando o en bicicleta, tareas domésticas, juegos, deportes o ejercicios programados en el contexto de los quehaceres diarios, familiares y comunitarios.

Se aconseja dedicar no menos de 150 minutos semanales a actividades físicas aeróbicas moderadas.

Entre los múltiples beneficios de la actividad física regular en adultos mayores, se ha comprobado que física y orgánicamente: disminuye la incidencia de todas las enfermedades cardiovasculares, reduce el riesgo de síndrome metabólico, desciende la incidencia de obesidad y diabetes tipo II, achica la pérdida mineral ósea, previene el riesgo de fracturas, favorece el fortalecimiento muscular y mejora la funcionalidad física del individuo, disminuye el riego de caídas, refuerza el sistema inmune, morigera la incidencia de algunos tipos de cáncer (especialmente los de mama, colon y páncreas), desciende el dolor músculo-esquelético asociado al envejecimiento y protege frente a la osteoartritis. En el plano mental, conserva e incrementa la función cognitiva, protege frente al riesgo de desarrollar demencia o Alzheimer, incrementa la funcionalidad física y favorece una mejora de la autoestima, disminuye la prevalencia de depresión, ansiedad y otras enfermedades mentales y favorece la cohesión e integración social.

Es precisamente en la cuestión actitudinal donde Mieko, Hidekichi, Efraín y Juvenal exhiben su mayor fortaleza, la que no ha sido diezmada por el paso del tiempo. Todos son optimistas, alegres y entusiastas. Anhelan vivir y siempre se proponen objetivos para el mañana. Su mensaje vivencial y no discursivo resulta movilizador para sus pares y también para aquellos que, siendo mucho más jóvenes, han mermado en su vitalidad. Un impulso que acompaña a don Efraín Wachs cada mañana, cuando se calza sus zapatillas y en su interior se repite: “No existen los viejos, existe la edad interior, la que sentimos… no tengo tiempo para el pesimismo”.

MARCELO ANTONIO ANGRIMAN

Abogado. Profesor nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar

MARCELO ANTONIO ANGRIMAN