La lucha de 90 mujeres contra el sida

La Red de Promotoras de Salud recibió financiación internacional para un gran proyecto: difundir pautas de prevención de la enfermedad en los barrios de Viedma. Además, dirigen talleres de apoyo recreativo y ofrecen la merienda a decenas de chicos en su local. Su nuevo proyecto: construir un lavadero.





VIEDMA (AV)- Una inédita experiencia de prevención del sida está desarrollando un grupo de noventa mujeres de Viedma.

La iniciativa nació el año pasado cuando la Dirección General de Prevención de Adicciones consiguió convencer a los funcionarios del Banco Mundial de encarar la conformación de una Red de Promotoras de Salud de Viedma generando actividades comunitarias.

El dinero -unos 47.000 pesos- sirvió para solventar talleres de apoyo recreativo, abonar un pequeño viático, ofrecerles una sustanciosa merienda a ellas y sus hijos, y adquirir insumos.

Pero antes hubo que realizar tareas de base. Una tarea nada sencilla.

A su humilde condición se les sumaban otras carencias vinculadas a su íntima dignidad. «Hubo que pararlas (anímicamente), enseñarles la autoestima, que aprendieran a escuchar y hablar», contó Regina Kluz, la titular del área que apeló a esa inventiva para sacarles lo mejor de si.

Incluso le costó convencer a los señores que les enviaron el dinero. Ellos le plantearon algo así como: «señora… nosotros le pagamos para que enseñen a prevenir el sida». Kluz tuvo que disuadirlos sosteniendo que «estas son señoras que trabajan como promotoras de barrios demasiado humildes». Cuando vinieron a ver en el terreno «nos pusieron buena nota», resaltó.

El hecho de compartir un espacio recreativo -quizá uno de los pocos momentos del día que tienen para ellas- jugó como un cambio positivo.

 

Autoría intelectual

La autoría intelectual de contenidos que figuran en los folletos que están distribuyendo por los populosos barrios Ceferino, Mi Bandera y Guido les pertenece.

La información es muy simple, pues hasta lo básico cuesta que llegue a sus hogares y por ejemplo aprovechan para romper con todo tipo de fabulaciones como que «abrazar, tomar mate, el sudor o las picaduras de insectos transmiten el sida».

Y de paso, entregan preservativos para sus maridos.

Por una cuestión de formalidad, el Ministerio de Familia les entregó un certificado de capacitación pero como la intención es que el grupo no se rompa, ya que encontraron su espacio propio de contención, ahora están en curso algunos trámites para concretar un proyecto de autogestión.

La idea es conformar un lavadero comunitario y de paso seguir trabajando como voluntarias en la prevención con la posibilidad de que el Ministerio de Salud aporte lo suyo para el grupo se sostenga en el tiempo.

Una iniciativa increíble que merecer ser imitada.


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