La mano de Lula…
Sucedió en el 2001, durante el gobierno nacional de la Alianza. “Bueno, vamos para adelante, pasame la lista, pero no esperes que salgan todos”, concedió con reservas el ministro del Interior, Federico Storani, a los familiares y abogados de los presos de La Tablada (los guerrilleros habían sido juzgados y condenados a duras penas). Llevaban una extensa huelga de hambre, que sería la última: habían decidido salir vivos o muertos. El gobierno de la Alianza nunca tuvo la voluntad manifiesta de liberarlos, pero tampoco quería, ni le convenía, dejarlos morir. “Finalmente, en los primeros días de enero del 2001 el Poder Ejecutivo decretó la conmutación de penas para Roberto Felicetti, Claudia Acosta, Miguel Ángel Aguirre, Luis Alberto Díaz, Isabel Fernández, Gustavo Mesutti, José Alejandro Moreyra, Carlos Motto, Sergio Manuel Paz, Claudio Rodríguez y Claudio Omar Vega (D. de R.: tiempos antes habían sido liberados dos jóvenes, los que menos pena había recibido. Uno de ellos era el hijo de “Quito” Burgos, uno de los fundadores del MTP, muerto en La Tablada). La decisión significó la libertad inmediata para todos. A partir de entonces sólo quedaron dos detenidos vinculados con el asalto: Enrique Gorriarán Merlo (máximo jefe del MTP) y Ana Sívori, exesposa de éste. “La negociación para la liberación de ambos la llevaron adelante Liliana Scheine, quien había conocido al jefe del MTP –terminó siendo su pareja– cuando visitó a los presos como asesora del senador Adolfo Rodríguez Saá, y Adriana Gorriarán Merlo, una de las dos hijas del “Pelado” y Sívori. Adriana hablaba directamente con el secretario general de la Presidencia en los días de Duhalde: Aníbal Fernández. “En un momento, cuando los plazos se alargaban, Aníbal Fernández le dijo a Adriana que si el presidente brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva le expresaba a Duhalde su conformidad, el camino a la libertad se allanaría. Con ese objetivo, Scheine y Fernando Sokolowicz (fundador de “Página 12”, medio que había tenido fuerte relación con el MPT) viajaron a Brasil para reunirse con el asesor de Relaciones Exteriores de la Presidencia, Marco Aurelio García, y transmitirle el pedido. “La reunión la había gestionado el secretario de Derechos Humanos de Lula, Nilmario Miranda, y la participación de Sokolowicz fue para mostrar el apoyo empresario. A los pocos días, Lula se lo planteó a Duhalde”, detalla una de las personas que conocen el curso de esa negociación. “Finalmente y como muestra de que el sistema compensa o equilibra, Gorriarán Merlo y Sívori recuperaron la libertad por un indulto presidencial junto con el carapintada Mohamed Alí Seineldín y siete de sus acólitos. La medida fue tomada por el presidente Eduardo Duhalde, por las gestiones de Aníbal Fernández y a sólo tres días de que asumiera el presidente electo Néstor Kirchner. “Una vez en la calle, con cerca de un cuarto de siglo viviendo en la clandestinidad, alentando y participando de revoluciones en todo el continente, Gorriarán Merlo intentó volver a la política pero, como todos los exjefes guerrilleros argentinos, no tuvo ningún espacio de inserción. Murió de un paro cardíaco el 22 de septiembre del 2006, cuando se entusiasmaba con conseguir una banca en el Concejo Deliberante de su San Nicolás”. (“La Tablada. A vencer o morir. La última batalla de la guerrilla argentina”, págs. 297 – 298
ariela navarro AFP