La misa
de Luján

Por Redacción

La carta destacada

Argentina es un país anómalo, donde lo absurdo es moneda corriente y lo razonable suena extraño, en un revuelto donde se mezcla lo grotesco, lo prosaico y lo delictual al estilo de “Feos, sucios y malos”, la comedia negra de Ettore Scola. Algo de todo esto se muestra en la reciente misa celebrada en la Catedral de Lujan a solicitud de un grupo de gremialistas que, con el pretexto de pedir por las dificultades económicas que agobian a sectores sociales, buscan amparo religioso ante los problemas judiciales que algunos de ellos deben afrontar por denuncias que nada tienen que ver con el gremialismo sino con el Código Penal.

La Iglesia que participa del oficio religioso con la excusa de su “compromiso con los pobres” no ignora la trayectoria y la situación judicial de estos tenebroso personajes a los que termina dando un apoyo a través de la homilía del Obispo Agustín Radrizzani en la que hace un oportunista cuestionamiento a la Justicia ante la que deben dar cuentas por su vinculación con el lavado de dinero, la corrupción y otros delitos .

Está movida de la Iglesia generó controversias entre sus feligreses y dentro de la propia institución en torno a cómo afectaba a la figura del Papa . Mientras que para Pablo Moyano la misa tuvo el aval del Papa, otros trataron de despegar a Francisco atribuyéndo la responsabilidad a las autoridades locales. En momentos complejos, difíciles, que atraviesa nuestro país, son necesarias de parte de quienes ocupan lugares de importancia como la Iglesia Católica, actitudes serias, responsables y principistas, sin dobleces que muestren que la corrupción y los corruptos no pueden tener impunidad y que la política. Seria bueno, tener presente la realidad de Brasil.

Carlos Segovia

7.304.065


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