La playa del tintineo

La playa de La Conchilla, que se ubica poco antes del ingreso a la villa del puerto de San Antonio Este, a unos 65 kilómetros de Las Grutas, depara una inusual y maravillosa experiencia auditiva. Es que tanto al pisarla como al lamerla las olas, millones de valvas resuenan como cristales.



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Las conchillas sobre la arena son las que dan el nombre a la playa. Un espacio para relajarse.

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Un lugar paradisíaco, para disfrutar. Nada que envidiar a otros destinos playeros.

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A los lugareños, más que nadie, les gusta extender sus redes desde la orilla.

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Un sitio para dejarse llevar por la tranquilidad y las olas.

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mposible perderse los atardeceres de La Conchilla.

San Antonio Este

Las ganas de ver el mar se intensifican, porque los 65 km por Ruta 3 que separan a Las Grutas de esta villa portuaria se hacen en medio de un paisaje que sólo devuelve un cielo infinito y los colores terrosos de la clásica vegetación patagónica.

Por eso cuando se atraviesa un recodo y la playa aparece, con el agua azul y la costa blanquísima, la imagen parece un espejismo.

Afortunadamente, es absolutamente real. Se trata del balneario La Conchilla, que se extiende poco antes del ingreso a la villa portuaria.

Su costa es tan vasta que uno puede perderse en la belleza del paisaje, porque siempre encontrará un lugar de relax y soledad junto al rumor del agua. Claro que gracias a su popularidad fue sumando también una variada oferta de servicios. Por caso, al tradicional parador que funciona desde hace años se agregó otro, ubicado en el primer tramo de playas, que ofrece una interesante propuesta gastronómica, para disfrutar de almuerzos, meriendas o cenas en medio de la calma.

La playa debe su nombre a la multitud de valvas de almejas y otros moluscos que tapizan la arena, conformando un crujiente colchón que a través del tiempo se fue blanqueando con la acción del sol y del viento.

Al caminar, se escucha el ruido cristalino que provocan las plantas al hundirse. Este sonido será uno de los que se asocien a esta postal, que indefectiblemente se recordará por su banda sonora. Es que también las olas, que al acercarse a la orilla levantan las caracolas, las hacen sonar como si fueran cristales, a medida que vuelven a depositarse a lo largo de la orilla. Dejarse arrullar por esa música automáticamente nos llevará a un estado de profundo bienestar.

Como las superficies son tan generosas acá no hay que estar tan pendientes de la tabla de mareas al bajar a la playa. Con el agua en total plenitud o cuando se registra la bajamar, siempre habrá espacio para distenderse a gusto.

El mar es otro de los protagonistas absolutos del paisaje. Es que se muestra tan vasto que es uno de los lugares donde se lo puede apreciar en todo su esplendor, sintiéndose pequeño ante su espectacular despliegue. Siempre cambiante, recortándose del horizonte y enmarcado por la blancura de la playa, a través del día irá regalándonos una gama de colores única, hasta comenzar a teñirse con los tonos rojizos del ocaso.


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