“La política se ha transformado en un sinfín de hipocresías”
Cuando se escribe resulta necesario dejar claro desde dónde se lo hace. Quien escribe estas líneas se define simplemente como peronista, con una trayectoria que no les es ajena a los verdaderos peronistas de esta provincia. Una vida de militancia me hizo formar parte de esas listas de las que muchos otros compañeros no volvieron; quizás por el solo hecho de haber soñado junto con otra generación en una patria libre y justa fui desaparecido y detenido a disposición del poder militar. El pueblo me hizo diputado representando a la gloriosa Juventud Peronista, un cargo que honré, así como me honra el haber hecho fracasar el intento de crear una ley de jubilación de privilegio en la provincia. Es más, en este momento no tengo ningún tipo de jubilación y quien me conoce personalmente sabe claramente que en mi vida he vivido sólo de mi trabajo y no como un parásito, como aquellos que entienden la política como una agencia de empleos continuados y se valen de ella no para satisfacer las necesidades de la gente sino sus propias ambiciones. No es casual que me presente así. En estos días he guardado un silencio que ya no podía sostener y que me avergüenza, como el caso del diputado Oscar Albrieu, quien puede tener derecho legal pero no resulta legítimo a la vista de un pueblo que se siente avasallado por una inflación insostenible y por el hecho de que los dirigentes que nos representan estén en la tapa de los diarios por un enriquecimiento que no pueden justificar. No resulta aceptable que mientras miles de personas tratan de llegar a fin de mes el nepotismo se haya infiltrado en el pensamiento de otros como el Dr. Sodero Nievas, que al igual que Albrieu le encontró un buen trabajo a su mujer. Gente a la que le gusta vivir de los privilegios que el poder da y del dinero que cada uno de nosotros pone a fin de mes para sostener un Estado que a cambio debe darnos al menos seguridad, educación, salud y trabajo. Pero la mayoría del presupuesto se va en estos “privilegios” que el propio gobernador Weretilneck sigue defendiendo, así como defendió a Albrieu y defiende el de otros 500. Esto sucede porque la política se ha transformado en un sinfín de hipocresías y advenedizos donde el propio gobernador, sin más, oscilaba y negociaba con radicales y peronistas pocos meses antes de las elecciones buscando un espacio personal. Llegó a la gobernación por circunstancias no felices del destino, no como debería ser, que la ideología de su partido (Frente Grande) fuera compatible con su socio mayoritario, el peronismo. Así también la lista es grande y para muestra basta un botón, como el Sr. Avoscan, militante de derecha en su juventud y actualmente socio de montoneros. Lo que queda claro es que de peronismo sólo sabe lo que leyó en los libros y de oportunismo lo que su jefe Weretilneck le ha sabido indicar con gran habilidad. Sr. gobernador, sepa usted que los votos que lo han llevado a ese lugar son prestados y no constituyen un cheque en blanco dentro ni fuera del peronismo. Sorprende el absolutismo con el que el senador Pichetto resuelve las candidaturas como el mejor dictador. Me sorprende también la candidatura a diputada nacional de la hija de nuestro fallecido gobernador; el peronismo no es una dinastía o un bien mostrenco y hay 40.000 afiliados mirándolos y esperando que convoque urgente a elecciones internas. Así lo hubieran querido Perón y Evita, aunque seguramente estas palabras resulten tan ajenas a sus oídos como ajenas le resultan las necesidades de los pueblos. Luciano Roa Cipolletti
Luciano Roa Cipolletti