La posverdad es mentira




Mirando al sur

El periodismo no está por morir. Ya ha muerto. El periodismo actual ya no es ese “encarnizado hostigador de la mentira y buscador de la verdad que da coraje al débil y atemoriza al poderoso”, tal como le gustaba definirse al periodismo durante el siglo XX. Eso ya no existe más. Estamos experimentando cambios culturales tan radicales que nos cuesta analizar la revolución que se va provocando en cada esfera de la vida en sociedad.

El diccionario Oxford todos los años elige una palabra nueva que resume lo esencial del período. En el 2015 eligió la palabra “emoji” para dar cuenta de que el lenguaje ha incorporado signos visuales como parte esencial de la comunicación. Los emoji derivan de los kanji (ideogramas) japoneses y de los dibujos seriados de las historietas. En la Edad Media, con una inmensa mayoría de analfabetos, se leían más imágenes que palabras. Los conceptos abstractos eran inaccesibles a la mayoría. El uso masivo de los emoji remite a esa historia de lectura visual y está teniendo consecuencias radicales, incluso en la forma de pensar.

Como palabra símbolo del 2016, el diccionario Oxford eligió el neologismo “posverdad”. La palabra resume mucho de lo más importante que pasó en el mundo (y, en especial, en el mundo de la comunicación) en estos últimos años. ¿Qué es la posverdad? Es una situación o contexto de comunicación en el cual, al crear y modelar la opinión pública, los hechos comprobables tienen menos influencia que la apelación a la emoción y a las creencias personales.

Los grandes ejemplos de posverdad fueron el triunfo del voto por la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea (el Brexit), el voto por el No en el plebiscito por la paz en Colombia y el triunfo de Donald Trump en las elecciones norteamericanas. Podríamos agregar el triunfo de Mauricio Macri y el impeachment que destituyó a Dilma Rousseff (pero en casi todas partes se han producido movimientos en esta misma dirección).

¿Por qué el Brexit, Trump y el No colombiano muestran que vivimos en una época de posverdad? Porque todos estos hechos se apoyan en decisiones emocionales de las mayorías, no informadas racionalmente, sino que actuaron aceptando creencias que, en gran parte, ya habían sido desmentidas con pruebas sólidas.

Los votantes británicos que apoyaron el Brexit objetivamente se perjudicaron al votar la salida de su país de la Unión Europea, pero ni creyeron eso ni les importó: fue más importante mostrar su malestar con la élite política que obtener un beneficio. Y lo mismo sucedió en Colombia con el No a la paz. El voto emocional, basado más en el odio a la posición contraria ha sido la marca de los últimos dos años en la política internacional.

Hacia 1880 Nietzsche, en la crítica más radical que se ha formulado jamás al andamiaje intelectual de occidente, sostenía en su breve texto “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” que la verdad no es más que la mentira que la sociedad tolera y que, por lo tanto, convierte en una no-mentira. Toda verdad, dice Nietzsche, es una ficción. Y en determinado momento de la lucha política una mayoría acepta tales ficciones y desecha otras, y en otro momento es al revés.

Es la lucha cultural, ideológica y política la que eleva a la categoría de “verdadero” tal o cual ficción. Pero todas las creencias son ficciones. No habría, entonces, en términos de Nietzsche, una “posverdad”, sino sólo un cambio radical en los paradigmas culturales: las “verdades” de ayer ya no convencen a las mayorías actuales y por eso se las termina viendo como ficciones degradadas.

Trump fue el político que mejor entendió el cambio cultural de la época y lo aprovechó al máximo. Eso le permitió ser el presidente de la primera potencia mundial. Hasta sus más acérrimos adversarios creían que Trump, a pesar de no respetar ninguna norma establecida, iba a sentar cabeza cuando tuviera que gobernar. En la primera semana en el Salón Oval no se ha mostrado dispuesto a nada semejante. Sorprende que sea el primer presidente en la historia en tratar de cumplir todas sus promesas de campaña, por disparatadas que parezcan.

Trump se ha mostrado como un partidario acérrimo de la posverdad (o un crítico de la idea de verdad, coincidiendo en esto con Nietzsche). Incluso Kellyanne Conway, una de sus asesoras, dijo que se debe pensar que hay “hechos alternativos” cuando la versión del gobierno difiere de la que presentan los medios de EE. UU. Esta discusión le hubiera fascinado al Borges que escribió “El jardín de los senderos que se bifurcan”, en los que se hace una teoría de los hechos alternativos y las realidades múltiples.

No es casualidad que la discusión sobre la posverdad y el fin del periodismo (es decir, de la creencia en la información objetiva) convoque a Nietzsche y Borges. Ambos desconfiaron de la creencia en la verdad (Borges incluso, irónicamente, dijo que la verdad religiosa era uno de los subgéneros de la literatura fantástica). Ambos sostuvieron que la historia de la humanidad es un largo diálogo, que puede ser, incluso, un violento enfrentamiento (polémica, viene del griego “polemos”, que significa “guerra”). Lo que creemos no es más que lo que creemos. Y cuando dejamos de creer en algo que parecía eterno, los viejos dioses mueren y surgen otros nuevos.

La verdad siempre fue una forma de imponer una creencia como la única válida. Hasta que alguien con poder político (es decir, discursivo) se planta, desafía lo establecido y arma revuelo. Como está sucediendo ahora.

Es una situación de comunicación en la cual, al crear y modelar la opinión pública, los hechos comprobables tienen menos influencia que la apelación a la emoción y las creencias.

Los grandes ejemplos de posverdad fueron el triunfo del voto por el Brexit, por el No en el plebiscito por la paz en Colombia y el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EE. UU.

Datos

Es una situación de comunicación en la cual, al crear y modelar la opinión pública, los hechos comprobables tienen menos influencia que la apelación a la emoción y las creencias.
Los grandes ejemplos de posverdad fueron el triunfo del voto por el Brexit, por el No en el plebiscito por la paz en Colombia y el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EE. UU.

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