La terminal de Roca, entre la soledad y la supervivencia

Sin transporte de pasajeros, las encomiendas mantienen algunas agencias abiertas. El cajero automático es más utilizado y el bar trabaja con delivery.



Recorrer las ciudades de la zona por estos tiempos deja conclusiones muy representativas de los ya tristemente famosos “tiempos de pandemia”. En el caso de General Roca, su implicancia en el quehacer de la propia localidad y de otras del Alto Valle, hace que la dinámica urbana haya cambiado.
Uno de los lugares donde el intercambio con otros puntos de la zona y el país funciona como motor es la terminal. Fundado en la gestión de Miguel Saiz, el edificio recibió hasta la segunda semana de marzo a cientos de personas día tras día por muchos años.

Una larga fila, termómetro y alcohol para las manos. Así reciben los empleados de la terminal a quienes van a buscar alguna encomienda o utilizan al cajero de la estación de colectivos de Roca.

Control de temperatura a los usuarios. Fotos: Juan José Thomes.

Desde hace más de tres meses, el paisaje en la estación cambió de forma rotunda. Del murmullo constante al silencio sepulcral. De las familias enteras con sus bolsos y valijas a pasillos vacíos. Del olor a café en el bar a un horario reducido para vender por redes sociales y repartir comida con delivery. Ya no se ven estudiantes y trabajadores utilizando el transporte público para llevar adelante la rutina.

La zona de las plataformas, que habitualmente tenía micros de larga o media distancia, hoy sirve como lugar de carga y descarga de encomiendas.
El transporte es uno de los sectores más afectados por la pandemia, ya que el coronavirus obligó a frenar los movimientos de un lado a otro. Apenas se mantiene con servicio reducido la empresa KO:KO, que comunica con las ciudades vecinas a través del interurbano.

Durante la gestión Soria, el museo municipal se mudó al primer piso y se transformó en un lugar simbólico para la terminal. Pero hoy una serie de butacas bloquean el acceso a la escalera y hace más de 90 días que no hay exposición para visitar, ni obra que admirar.

Una imagen que habla por sí sola. Desierto total a las 19:30 en los pasillos.

Las dos agencias, el bar, el local de quiniela y el quiosco son los locales que permanecen abiertos. Junto con el cajero automático son las razones por las que la terminal mantiene algo de movimiento.

En cuanto a lo económico, los trabajadores de los distintos rubros coinciden en que “tener abierto en estos tiempos está lejos de generar ganancias pero al menos es algo”.

No son pocos los que estiman que las empresas de colectivos volverán a trabajar a fin de año o incluso en 2021. Por sus características, el transporte y sus derivados son algunos de los sectores más perjudicados por la pandemia. La terminal, como escenario habitual del rubro, contempla en silencio una crisis cuyo rasgo más hiriente es que no se sabe cuándo termina.

El bar, un símbolo del contexto

Por el bar de la terminal pasaba gente de todos lados. Es uno de los lugares emblema de la estación de colectivos. En Roca, Claudio y su hijo Facundo manejan todo. Cocinan, atienden, compran los elementos, limpian y administran.

Facundo charló con ''Río Negro''.

Tras las dos primeras semanas de cuarentena donde el edificio permaneció cerrado, el bar volvió a funcionar con servicio de delivery.
‘‘Son días muy duros. Incursionamos en el delivery pero se genera como mucho un 30% de lo que se generaba antes’’, comenta Claudio.
Con un protocolo de higiene que les dio el municipio, el bar regresó al trabajo. ‘‘Al tener solo contacto con el mensajero , es bastante simple, a comparación de comercios que tienen contacto con gente’’, explica Facundo.

Claudio contó la situación que viven en el bar.

‘‘Fue un cambio tremendo. Se frenó de golpe y la terminal está totalmente vacía. Se añoran esos días de movimiento. Se extraña el día a día porque es muy diferente a lo que era antes’’, dice su papá.
En medio de la crisis, trabajadores de otros rubros se sumaron al rubro gastronómico por delivery. Tanto la oferta como la demanda crecieron mucho y en el bar la reman con horarios de apertura al medio día (de 11 a 14) y a la noche (de 19 a 23).
‘‘Todo es redes sociales y la demanda está ahí. Es un día a día, muy irregular. Hay que estar y trabajarlo’’, afirman.

Algunos se enojan, son escuchados y se tranquilizan

En términos de seguridad e higiene, la terminal de ómnibus tiene varios requisitos desde que volvió a funcionar a comienzos de abril. En medio de la pandemia y como parte de la flexibilización de actividades, se determinó que quienes pretendan ingresar al edificio hagan una misma fila.

Allí se juntan quienes van a buscar encomiendas y otros que van a utilizar el cajero. Pero en cuanto a las empresas que despachan mercadería que llega en colectivo, se programó un sistema de turnos con día y horario.
‘‘Algunos hacen lo que quieren y se quieren pasar de vivos. Compran por internet pero vienen acá y dicen que no saben que hay un sistema de turnos o que no saben cómo conseguirlo online’’, explica Dora, que trabaja en la oficina de Crucero del Norte.

Largas colas se ven todos los días en la terminal.

‘‘La viveza criolla no descansa ni con la pandemia. Mi explicación cuando alguien viene sin turno o se pone insistente es que yo me quiero cuidar y pretendo hacer lo mismo con los que me rodean, no voy a dejar que la irresponsabilidad de otro me haga correr un riesgo a mi’’, completa.
‘‘Hoy me pasó de discutir con dos personas. En realidad ni siquiera discutimos, me dediqué a escucharlos y explicarles lo que se puede hacer y lo que no. Una vez que se descargan, recién ahí respetan lo que se les pide’’, dice uno de los empleados de la terminal que controla la temperatura de la gente en el ingreso.

Con la llegada del invierno, las mañanas patagónicas son muy frías y Roca no es la excepción. Esto es contemplado y en las primeras horas de la mañana la gente puede esperar adentro del edificio para no estar tanto tiempo a la intemperie. Siempre manteniendo una distancia prudencial y evitando el contacto lo más posible.


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