La Tortilla de Olmedo, una de las mejores de Neuquén

Un puñado de preguntas sobre los recuerdos de la comida disparan una recomendación sobre una deliciosa tortilla de papas oculta en un bar céntrico neuquino.



¿Cuál es nuestro primer recuerdo de la comida que nos gustará luego durante toda la vida?

¿Por qué eso y no lo otro?, ¿qué patrón define cual es el morfi que te va a gustar por encima del resto?

¿Tiene que ver con las experiencias vividas, la sensibilidad, lo que cuerpo y alma reciben como un estímulo de gratificación?

¿Acaso una cocina de abuela chillando de fritanga y logrando las mejores milanesas del mundo inciden en el pulso propio de ese recuerdo que luego nos desagotará la mandíbula de saliva como si fuésemos el perro de Pavlov?

En mi caso hay varias comidas que me gustan mucho, pero pocas vienen seteadas impunemente desde el inicio de mis premolares, mi digestión y por supuesto mi memoria.

Sin embargo hay otras que se perdieron en el camino y que luego de un tiempo prolongado se fueron incorporando; no me pregunten las razones, a veces alguien pone un poco de manteca y el asunto cambia.

La tortilla de papas es una de ellas. Si bien recurro a un sitio en Neuquén donde me gusta mucho como la cocinan, he descubierto otro.

Hace unos días me encontré con la que para mí es una de las mejores tortillas de papas de la ciudad. Está en el café Olmedo, en pleno centro de Neuquén, quizá el sitio con más espíritu de bar porteño de la ciudad. Me refiero a porteño porque para mí es una categoría de bar aparte. Las charlas de política, de realidad, el decorado, la barra, ciertos movimientos de los mozos, pero sobre todas las cosas esa tortilla.

Pienso en ella cuando estoy cerca de Olmedo, cuando me dan ganas de hacerme una tortilla en casa y como si fuese un deseo la engaño con la otra y bajo corriendo a buscarla, la del bar, la que viene con jamón crudo y parmesano y unas hojitas de rúcula con oliva. La otra, la húmeda, ni babe, ni lengua de cotorra de Las Grutas. Un colchón hecho de hojas de papas cortadas metódicamente por el cuchillo del cocinero mientras escucha cumbia bajito entre las paredes de la cocina y logra un huevo esponjoso y una consistencia que mejor sería imposible.

Bocado interesante para compartir o directamente plantearlo como un principal.

En la barra o en la mesa, leyendo el diario o escribiendo, con vino o cerveza, apurados o quedados o simplemente para volver a recordar por qué nos gustaba tanto la tortilla de papas.

Datos

El café Olmedo queda en Ministro González 47. Está abierto todos los días.

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