La triste carga uruguaya



Preocupan a los especialistas las estadísticas de suicidio en el Uruguay.

Por motivos que científicos locales se esfuerzan por esclarecer, para muchos uruguayos la vida parece ser una dolorosa carga a la que deciden poner fin cada vez más jóvenes. Este país de 3,2 millones de habitantes, cuyos pobladores son conocidos por una seriedad que roza el aburrimiento, tiene una de las más altas tasas de suicidio de América Latina, con 13 personas que se quitan la vida anualmente por cada 100.000 habitantes, sólo superada por Cuba con 20, según cifras oficiales.

"Este es un país serio, que se ríe poco. En una cancha de fútbol usted ve que mientras los argentinos cantan todo el tiempo o los brasileños bailan, los uruguayos pueden permanecer callados largo rato", dijo en una entrevista el director del Programa Crónicos y Agudos de los servicios de salud estatales, Horacio Porciúncula.

Para Federico Dajas, jefe del Departamento de Neuroquímica del estatal Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, los razones de las altas tasas de suicidios en el Uruguay son desconocidas, pese a que ha dedicado años a investigar el asunto. Según el científico, el suicidio es siempre un acto individual producto de la sumatoria de muchos factores, pero cree que entre los uruguayos pesan factores "bio-psico-sociales" relacionados con la composición de la población, con fuerte predominio de los inmigrantes y escasa incidencia indígena.

"En 1910 había 25 por ciento de población francesa e italiana (...) El hecho de que seamos producto de pueblos trasplantados, no digo que sea la razón de todo, pero posiblemente nos dé un perfil diferente al de un colombiano o un ecuatoriano y eso está jugando claramente", indicó. Esta hipótesis indicaría que la alta tasa de suicidios entre los uruguayos no es producto de la vida moderna, sino una constante desde principios del siglo XX, etapa desde la que es posible hallar datos.

La tasa de suicidios ha crecido en los últimos años entre jóvenes de 18 a 24 años hasta ubicarse en 25 por 100.000 habitantes en 1999 y entre los hombres maduros de 45 a 50 años, probablemente por el drama del desempleo que afecta al 14 por ciento de la fuerza laboral. "Más que la evolución global de la tasa, lo preocupante es el aumento en ciertas franjas (...) el corrimiento hacia los jóvenes, hacia la edad madura y hacia la mujer que se produjo en la última década", dijo Dajas.


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