La variante cordobesa

Redacción

Por Redacción

Para el gobierno nacional, el resultado de las elecciones que acaban de celebrarse en la provincia de Córdoba no fue una derrota evidente porque, a diferencia de lo que sucedió en la Capital Federal y Santa Fe, no participó ningún candidato kirchnerista. Con todo, el que el ganador por un margen respetable, si bien no arrollador, el peronista de actitudes relativamente conservadoras José Manuel de la Sota, haya insistido tanto en distanciarse de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no puede sino motivar preocupación en la Casa Rosada. Como otros peronistas tradicionales, De la Sota se opone abiertamente al intento de Cristina de transformar el movimiento en el que militan desde hace décadas para que refleje sus propias preferencias, reemplazando a dirigentes veteranos por jóvenes de “La Cámpora” que se afirman comprometidos con un “proyecto” personalista que, según parece, sólo tiene que ver con la construcción de cada vez más poder y el reparto de sinecuras lucrativas. Aunque el gobernador electo De la Sota sabe que no puede darse el lujo de enojar demasiado a la presidenta ya que, como sus homólogos de tantos otros distritos, depende de la caja, en su caso para conseguir el dinero que necesita para abonar jubilaciones, se niega a permitirse avasallar por el kirchnerismo. Así y todo, aprovechó la oportunidad brindada por su triunfo para enviar un mensaje apenas cifrado al gobierno nacional al decirle que puede contar “con la provincia de Córdoba para trabajar, para unir y no para dividir”. Lo mismo que otros gobernadores peronistas, entre ellos el salteño Juan Manuel Urtubey, que con cierta frecuencia dan a entender que no les gusta para nada la forma agresiva de hacer política que es típica de Cristina y los integrantes de su círculo áulico pero que están dispuestos a acompañarlos por un rato más, De la Sota parece tener los ojos puestos en las elecciones presidenciales del 2015. La estrategia que han elegido dichos mandatarios regionales –y el jefe del gobierno porteño Mauricio Macri– se basa en el presupuesto de que Cristina triunfará en octubre o, si resulta imprescindible, en noviembre, pero que en los meses y años siguientes se aislará del resto del país que para entonces estará buscando una alternativa capaz de garantizar la gobernabilidad. Desde su punto de vista, el peronismo no tendrá más alternativa que la de desdoblarse nuevamente para brindarle al país tanto el oficialismo como una oposición confiable, reeditando la maniobra que emprendió cuando la estrella de Carlos Menem perdía su brillo y que intentó hace un par de años al surgir el “peronismo federal” con su epicentro en la provincia de Buenos Aires. Para otros movimientos, la mutabilidad ideológica que caracteriza el peronismo constituiría una desventaja insuperable, pero quienes rinden homenaje a la memoria del general Juan Domingo Perón han aprendido a aprovechar la incoherencia que les es propia hasta tal punto que, lejos de perjudicarlos, los fracasos a veces espectaculares que han protagonizado los gobiernos que a través de los años los compañeros han formado los han ayudado a conservar la hegemonía a la que están acostumbrados. Por lo tanto, no sorprendería del todo que el eventual hundimiento de la variante kirchnerista del peronismo sirviera para que tomara el relevo una fracción rival del mismo movimiento. Los kirchneristas temen que se consolide una nueva versión de “la liga de gobernadores” que suele surgir cuando se difunde la sensación de que el gobierno nacional se ha debilitado, pero aún más preocupados por los resultados de las elecciones cordobesas estarán los seguidores de dos aspirantes presidenciales, el socialista santafesino Hermes Binner y el radical Ricardo Alfonsín. Aunque Luis Juez llegó segundo, su desempeño no fue mejor que en elecciones anteriores, lo que habrá decepcionado a Binner, quien esperaba instalarse en un distrito en que la mayoría lo desconoce merced no sólo a la actividad proselitista del candidato del Frente Cívico sino también a la de su compañera de fórmula, la cordobesa Norma Morandini. Por su parte, el radical Oscar Aguad tuvo que conformarse con un lejano tercer puesto. Mal que le pese al hijo de Raúl Alfonsín, la UCR sigue siendo una fuerza decididamente minoritaria en una jurisdicción que durante mucho tiempo supo dominar.


Para el gobierno nacional, el resultado de las elecciones que acaban de celebrarse en la provincia de Córdoba no fue una derrota evidente porque, a diferencia de lo que sucedió en la Capital Federal y Santa Fe, no participó ningún candidato kirchnerista. Con todo, el que el ganador por un margen respetable, si bien no arrollador, el peronista de actitudes relativamente conservadoras José Manuel de la Sota, haya insistido tanto en distanciarse de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no puede sino motivar preocupación en la Casa Rosada. Como otros peronistas tradicionales, De la Sota se opone abiertamente al intento de Cristina de transformar el movimiento en el que militan desde hace décadas para que refleje sus propias preferencias, reemplazando a dirigentes veteranos por jóvenes de “La Cámpora” que se afirman comprometidos con un “proyecto” personalista que, según parece, sólo tiene que ver con la construcción de cada vez más poder y el reparto de sinecuras lucrativas. Aunque el gobernador electo De la Sota sabe que no puede darse el lujo de enojar demasiado a la presidenta ya que, como sus homólogos de tantos otros distritos, depende de la caja, en su caso para conseguir el dinero que necesita para abonar jubilaciones, se niega a permitirse avasallar por el kirchnerismo. Así y todo, aprovechó la oportunidad brindada por su triunfo para enviar un mensaje apenas cifrado al gobierno nacional al decirle que puede contar “con la provincia de Córdoba para trabajar, para unir y no para dividir”. Lo mismo que otros gobernadores peronistas, entre ellos el salteño Juan Manuel Urtubey, que con cierta frecuencia dan a entender que no les gusta para nada la forma agresiva de hacer política que es típica de Cristina y los integrantes de su círculo áulico pero que están dispuestos a acompañarlos por un rato más, De la Sota parece tener los ojos puestos en las elecciones presidenciales del 2015. La estrategia que han elegido dichos mandatarios regionales –y el jefe del gobierno porteño Mauricio Macri– se basa en el presupuesto de que Cristina triunfará en octubre o, si resulta imprescindible, en noviembre, pero que en los meses y años siguientes se aislará del resto del país que para entonces estará buscando una alternativa capaz de garantizar la gobernabilidad. Desde su punto de vista, el peronismo no tendrá más alternativa que la de desdoblarse nuevamente para brindarle al país tanto el oficialismo como una oposición confiable, reeditando la maniobra que emprendió cuando la estrella de Carlos Menem perdía su brillo y que intentó hace un par de años al surgir el “peronismo federal” con su epicentro en la provincia de Buenos Aires. Para otros movimientos, la mutabilidad ideológica que caracteriza el peronismo constituiría una desventaja insuperable, pero quienes rinden homenaje a la memoria del general Juan Domingo Perón han aprendido a aprovechar la incoherencia que les es propia hasta tal punto que, lejos de perjudicarlos, los fracasos a veces espectaculares que han protagonizado los gobiernos que a través de los años los compañeros han formado los han ayudado a conservar la hegemonía a la que están acostumbrados. Por lo tanto, no sorprendería del todo que el eventual hundimiento de la variante kirchnerista del peronismo sirviera para que tomara el relevo una fracción rival del mismo movimiento. Los kirchneristas temen que se consolide una nueva versión de “la liga de gobernadores” que suele surgir cuando se difunde la sensación de que el gobierno nacional se ha debilitado, pero aún más preocupados por los resultados de las elecciones cordobesas estarán los seguidores de dos aspirantes presidenciales, el socialista santafesino Hermes Binner y el radical Ricardo Alfonsín. Aunque Luis Juez llegó segundo, su desempeño no fue mejor que en elecciones anteriores, lo que habrá decepcionado a Binner, quien esperaba instalarse en un distrito en que la mayoría lo desconoce merced no sólo a la actividad proselitista del candidato del Frente Cívico sino también a la de su compañera de fórmula, la cordobesa Norma Morandini. Por su parte, el radical Oscar Aguad tuvo que conformarse con un lejano tercer puesto. Mal que le pese al hijo de Raúl Alfonsín, la UCR sigue siendo una fuerza decididamente minoritaria en una jurisdicción que durante mucho tiempo supo dominar.

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