La vida de López Lima, recreada por su esposa

La viuda del recordado médico cumplió 90 años. Contó anécdotas de cuando llegaron a Roca.



ROCA (AR).- Siempre se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, aunque no siempre sea reconocida públicamente. Herminia Dora Raffo cumplió hace unos días 90 años y gran parte de ellos los vivió junto a una persona que ocupó un lugar destacado en la historia de Roca: don Francisco López Lima, primer director del hospital local.

De hablar pausado pero seguro y visiblemente emocionada ante tantos recuerdos, Dora, como la llaman todos, recibió a "Río Negro" el día de su cumpleaños en el living de su casa. "No esperaba esta visita", dice mientras se acomoda en "su" sillón, que fue el lugar elegido para la entrevista.

"Tengo un diario en el que escribí cada una de las actividades que desarrolló mi marido: cuando llegamos a Roca, sus primeros pasos como médico...En fin, tantas cosas", cuenta. Pero no hace falta que lo busque. Su prodigiosa memoria guarda intactos cada uno de los acontecimientos desde que llegaron a esta ciudad del Alto Valle provenientes de Buenos Aires, en 1938.

"Los primeros años fueron difíciles y, además, tuvimos que adaptarnos a muchos cambios. Por ejemplo, como no había agua corriente había que bombear. Pero, teníamos un vecino que vivía en la misma manzana y siempre nos ayudaba. El acompañaba a Francisco cuando tenía que realizar alguna visita y no conocía el lugar", recuerda.

Dora conoció a Francisco cuando él cursaba el segundo año de medicina. "Hicimos toda la carrera juntos porque yo lo conocí cuando recién empezó a estudiar y siempre estuve a su lado. Cuando llegamos en 1938 nos instalamos acá, donde ahora funciona el centro de enfermedades digestivas en el que trabaja mi hijo mayor", agrega.

Desde aquel año muchas cosas fueron cambiando a medida que el joven matrimonio se adaptaba a su nueva casa y a las costumbres de sus nuevos vecinos. Así vinieron los hijos: Francisco María, Oscar Raúl y Dorita y, de a poco, la familia fue creciendo.

"Mi marido no quería que trabajara fuera de casa porque prefería que estuviera en el consultorio atendiendo el teléfono. Así que no sólo era su esposa sino también su secretaria y ayudante: era la encargada de hervir las jeringas porque no había descartables", señala Dora.

No hay dudas de que fue la esposa de un médico. Su manejo de cuestiones relacionadas con esa profesión sorprendería a cualquier académico. Siempre siguió con dedicada atención cada una de las actividades de don López Lima. "Eran otros tiempos donde la gente retribuía cada consulta a veces con pollos, otras con huevos. Francisco siempre tuvo la idea de salir de Buenos Aires cuando se recibiera. Nada fue fácil. En ocasiones, iba a atender un parto a alguna chacra y tenía que salir con mantas porque dormía en el coche", acota.

A pesar de los sacrificios, el amor por la medicina fue heredado por el hijo mayor del matrimonio al igual que una de sus nietas que vive en Buenos Aires, y otro que actualmente reside en Estados Unidos.

Hoy, esta mujer, a la que le encanta escuchar música clásica además de devorar todo libro que se cruza en su camino, disfruta cada minuto del día junto a sus hijos y amigos, que no dejaron pasar esta oportunidad para saludarla y expresarle todo su cariño. Y lo merece, porque gran parte de la historia de Roca la tuvo como silenciosa protagonista.

Un hombre con activa participación

Durante los 30 años en que Francisco López Lima residió en Roca tuvo una activa participación en numerosas actividades sociales y culturales.

El destacado médico nació en la Capital Federal el 22 de abril de 1910 y siempre lo motivó la idea de dejar su lugar de origen.

En el Alto Valle, fue uno de los fundadores del Instituto de Enseñanza Secundaria y se convirtió en el primer rector, además de ser docente en la Escuela Industrial. Durante el gobierno del doctor Edgardo Castello asumió la presidencia del Consejo Provincial de Educación Pública y, más tarde, fue nombrado director del nosocomio que hoy lleva su nombre. Dora no puede ocultar su admiración: "Tenía mucha facilidad para administrar y encarar trabajos. Todo el mundo decía que el hospital andaba muy bien. Sin embargo, descuidó el consultorio y, por ello, decidió renunciar".

En abril de 1968, fue designado comisionado municipal por el Poder Ejecutivo de la provincia, cargo que desempeñó hasta el 6 de octubre de ese mismo año, cuando una prolongada enfermedad apagó su vida.

Sin embargo, otras esferas de la vida social de Roca lo tuvieron como protagonista. Fue un entusiasta motonauta y presidente del Aero Club de la ciudad.


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