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Las geishas no existen



Algunos japoneses aseguran que las geishas desaparecieron allá por el siglo XIX. Las verdaderas geishas, dicen, se han extinguido junto con los samurais y los asesinos ninjas.

Tampoco quedan, explican estos conocedores de la historia japonesa, señores feudales ni verdaderos maestros del koan. Los protagonistas de la exquisita y compleja cultura oriental conforman un desconsolado fantasma que la modernidad trata vanamente de conjurar a través de la New Age.

Podrían estar equivocados los que saben. Sólo podrían. Hace unos días el canal People & Arts emitió un documental con el escueto nombre de "Geishas". Allí se las ve a estas personas con el rostro pintado de blanco y unos vestidos incómodos mirando a la cámara. Son ángeles tímidos que hablan de respeto, costumbres y honor. El documental profundiza en la estética, en la forma, pero deja un gran interrogante en cuanto al contenido de la vida de estas mujeres esclavizadas por la hipocresía moderna.

Es posible que, de alguna manera, las figuras del antiguo Japón se mantengan en todo el mundo. Las nuevas y auténticas geishas ya no tienen el rostro pintado, ni los samurais espadas, ni los ninjas estrellas filosas, pero siguen actuando en la sociedad que nos toca.

La geisha de rostro de muñeca, recatada y servicial hasta el paroxismo se ha extinguido. Las geishas de promoción turística, las que lucen el disfraz y se fotografían están más cerca de la explotación, la prostitución o cualquier forma de abuso que de la tradición.

Estas no son geishas, pobres chicas impedidas de pronunciar su dolor. Como no son samurais los patéticos peleadores que disfrazados de Bruce Lee desean ganarse el respeto de los demás.

Sin embargo, es muy obvio que cada uno de ellos, su sustancia, existe bajo otra piel. No hace falta ser japonés para convertirse en samurai, ninja o geisha. Para bien o para mal, el espíritu de cada uno de ellos todavía conserva una fuerza poderosa.

"El camino del samurai", de Jim Jarmush, muestra el destino de un guerrero del Harlem y su amo, un capo mafia, que termina matándolo. Geishas son personas confinadas a no pensar, a no demostrar ningún sentimiento verdadero y ocultar su interior detrás de la ropa, el gesto, la mirada vacía y el deseo del otro. ¿Seguro no han visto a alguna? Hombre, mujer o niño, lo mismo da.

Los samurais fueron populares durante el Medioevo. Eran guerreros consagrados a la voluntad de un señor feudal, capaces de morir por él. Eran fieles a un concepto de honor, una excentricidad para quien no es capaz de amar o admirar a su semejante.

Por último, los ninjas constituían una casta de mercenarios al servicio del mejor postor. Operaban preferentemente de noche y se vestían de negro. Sus espadas eran cortas y estaban llenos de trucos para tumbar a sus oponentes, desde estrellas rompe-cráneos hasta un polvo blanco que cegaba los ojos. Desconocían la palabra lealtad, pero no el dinero.

Como ven, el mundo no ha cambiado tanto en 500 años. Aunque las geishas, las geishas ya no existen.

Claudio Andrade


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