Las múltiples razones del correr
Marcelo Antonio Angriman (*)
En una reveladora obra titulada “Por qué corremos”, sus autores Martín de Ambrosio y Alfredo Ves Losada arriesgan algunas causas científicas por las que las personas en la actualidad se vuelcan masivamente a las pruebas atléticas de calle. A poco de avanzar en su contenido y en otros testimonios de participantes de pruebas pedestres de diez o más kilómetros se advierte que existen tantas razones como corredores. A modo de clasificación personal, podríamos enumerar las siguientes: • Por razones físicas y fisiológicas. Según la antropología, el ser humano es capaz de correr bien sobre sus dos pies desde hace dos millones de años. ¿Por qué lo hacía el ser humano entonces? Para cazar o para escapar. Correr es una vuelta a las raíces, está en nuestra naturaleza. El biólogo Daniel Lieberman sostiene que “el homo sapiens cazador puede correr a un ritmo parejo mucho tiempo: horas. Por ello caza a sus presas luego de extenuarlas. Al cabo de 10 ó 15 kilómetros éstas morirán por hipertermia, el hombre en cambio no”. • Por superación de los propios límites. La prueba personal de superación de los propios límites es la mayor fuerza en casi todos los corredores. Incluso aquellos que hacen carreras solidarias reconocen que la voluntad de alcanzar este logro por sí mismos es lo primero. • Por un cambio de vida. Marco Olmo, hiperatleta italiano, corre para exorcizar sus demonios: “En estas largas carreras encontré una esperanza, la forma de emanciparme y vengarme por una vida dura y pobre”. Muchas personas comienzan a caminar, luego a trotar y posteriormente a correr, decididas a combatir la obesidad o sus hábitos sedentarios. • Por placer. Correr es una forma natural de movimiento y por lo tanto se puede disfrutar mucho corriendo. ¿Se puede tener una sensación más bonita que la de estar corriendo libremente en la naturaleza sin llevar carga alguna? Para muchos no hay mejor experiencia que el placer de sentir el viento en el pelo. • Por autodescubrimiento. Hal Higdon, en su best seller “Marathon: the Ultimate guide”, señala que lo que hace que este tipo de desafíos sea atractivo es una combinación entre el mito que se esconde detrás las carreras largas y las dudas de cada persona acerca de la frontera fisiológica de su propio cuerpo. • Por transitar el recorrido. Correr parece, más que una acción, un proceso que implica semanas o meses de preparación física y mental. El viaje es, para muchos, tan atractivo como la llegada a destino. • Por necesidad. El fisiólogo sueco K. Ericsson afirma que “el entrenamiento y las condiciones de vida son todo”. En Kenia el atletismo es la única manera de salir adelante para una gran mayoría. Haile Gebrselassie corría nueve kilómetros para llegar a la escuela. “Correr es como comer”, afirmó alguna vez el múltiple campeón africano. • Por reconocimiento. Para Fred Lebow, creador de los famosos 42 kilómetros de Nueva York, “correr un maratón, para los que no sabemos cantar o bailar, es como estar en Broadway y recibir una ovación de pie”. • Para calmar tensiones. La liberación en la carrera de las tensiones provocadas por la vida laboral diaria es un denominador común para quienes encuentran en la actividad física el camino para la relajación y un mejor descanso. • Por facilidad. Correr es el deporte más fácil de adaptar a un estilo de vida muy ocupado, porque puede hacerse en cualquier lugar y en cualquier momento y es gratis. Además, es uno quien fija sus propias reglas. • Por sufrimiento y goce conjuntos. En una tan desafiante como polémica postura, Jerome Groopman, profesor de Harvard, declaró al “The New York Times”: “La maratón ofrece a los hombres la oportunidad de hacerse una idea de una experiencia excepcional: el parto. En ambos casos, el dolor y agotamiento se compensan con una sensación tan gratificante que incluso dan ganas de repetir todo el proceso”. Pero el tema también resiste un enfoque social. Para el autor de “Elementos de la sociología del deporte”, Pierre Parlebas, “la práctica de actividades corporales da lugar a una dinámica de grupo original, una dinámica sociomotriz portadora de fenómenos de comunicación insólitos, no observados en ninguna parte”. Sociólogos de Harvard han afirmado que “correr es un punto de fuga catártico, un cable a tierra que arroja a millones a las calles antes de ir a trabajar o al regresar de unas jornadas laborales que resultan cada vez más largas”. En conclusión, el correr es una respuesta física a diferentes inquietudes de orden mental o espiritual. Una suerte de sano desahogo al que recurre una enorme cantidad de personas ante las exigencias que supone la vida actual. El correr masivamente, en tanto, es la unión de miles de viajes introspectivos que, liberados, convergen en una usina de energía superior. La diversidad de motivaciones y la concreción de éstas en acción produce un efecto tan misterioso como positivo, contagioso y vital. Mas no todas son flores en el jardín del correr. El reconocido escritor japonés Haruki Murakami se encarga de derribar un mito: “El maratón no es un deporte para todos”. Eso sí, como un niño que esconde su más preciada golosina para su soledad, luego se encargará de reconocer: “La mayoría de lo que sé sobre la escritura lo he ido aprendiendo corriendo por la calle cada mañana”. (*) Abogado. Profesor nacional de Educación Física marceloangriman@ciudad.com.ar