«Las películas me buscan a mí»
El director supera sus inhibiciones y aborda el pasado de Alemania.
MADRID (DPA).- Estaba predestinado a ser médico o abogado, pero Volker Schloendorff (Wiesbaden 1939) quería dedicarse al circo. Descubrió sin embargo el cine con los jesuitas y fueron precisamente ellos quienes lo alentaron a dedicarse a esa pasión que tanto lo fascinó en el internado francés donde estudiaba.
En plena década de los sesenta Schloendorff se sumergió en el mundo de las imágenes de la Cinémathèque Francaise de París y consiguió aprender de los grandes del momento asistiendo en la dirección a cineastas como Alain Resnais, Jean-Pierre Melville o Louis Malle.
Para escapar al mundo de la pequeña burguesía alemana en el que había nacido, aprendió varios idiomas, inclusive el español, que todavía conserva desde que en los años 60 viajase a México para trabajar junto a Louis Malle en el rodaje de «Viva María».
Fue el director de «La herida» quien apadrinó su debut con «El joven Toerless» (1966), una adaptación de la novela de Robert Musil («Las tribulaciones del estudiante Toerless»), que ya anticipa muchos aspectos en los que Schloendorff irá ahondando de una forma más madura y reflexiva con el paso de los años.
Schloendorff conformó entonces con Werner Herzog y Rainer Werner Fassbinder lo que se denominó el Nuevo Cine Alemán y tal vez más que en ninguno de los tres ha dejado sentir el peso de la literatura alemana en su cine.
Ha llevado a la gran pantalla textos de premios Nobel como Heinrich Böll («El honor perdido de Katharina Blum») o Günter Grass («El tambor de hojalata»), película esta última que se alzó con el Oscar de Hollywood al mejor largometraje en lengua no inglesa y la Palma de Oro en Cannes, que ese año compartió con Francis Ford Coppola («Apocalypse Now»).
Con su último trabajo estrenado, «El noveno día», una película que aborda el Holocausto desde el dilema moral de un cura católico, ha querido tratar una herida lacerante en la historia de la Alemania reciente. Pero el largometraje le brinda además la oportunidad de expresar su gratitud a la Iglesia Católica por las experiencias positivas vividas con los jesuitas.
En esta película al director no le ha interesado hablar de la Iglesia católica como institución, aunque apunta en entrevista con DPA en Madrid que no se debe olvidar el detalle de que los clérigos llevados a los campos de concentración eran casi todos católicos y en contadas ocasiones eran protestantes.
Para Schloendorff la ideología nazi «es una especie de pseudo religión» y quiso confrontarla con la fe católica para que realmente se viera la diferencia entre la religión y la ideología.
Según explica, incide en esa diferenciación porque a lo largo de su vida ha comulgado con varias ideologías. «Al final uno se pregunta cuál es la verdadera ideología y la respuesta es la postura interna, no una cosa abstracta, sino la forma de comportarse».
Para el director de «Muerte de un viajante» o «El ogro» hay una nueva generación que está descubriendo y se está enfrentando a la temática nazi y de ahí nacen producciones de éxito como «El hundimiento» o «Sophie Scholl», entre otros.
«Hay fenómenos históricos que, según avanza el tiempo, se olvidan y caen en el olvido y otros que, sin embargo, tienen una importancia cada vez mayor, como por ejemplo la Revolución Francesa. Y me temo que también los nazis y Hitler, no sólo por el Holocausto, sino por la agresión y la guerra en toda Europa serán también un hito en la historia. Dentro de cien o doscientos años se seguirán haciendo películas sobre el tema».
«Creo que estamos en la época del final de todas las ideologías, eso espero. Por ello cabe pensar que la religión va a ser cada vez más importante, aunque confío en que no sea como un fundamentalismo», agrega.
«Me preocupa que la gente joven busque una orientación. La mejor orienta
ción se encuentra en los ejemplos positivos» y eso es lo que le gustó del diario del padre Jean Bernard (Kremer, en la la película «El noveno día»), que nunca emplea palabras grandilocuentes ni hace gestos heroicos.
El director alemán considera que por miedo a tratar la historia reciente de su país, se ha dejado en manos del cine de Hollywood. «Hasta ahora ha faltado la valentía para enfrentarse a ese tipo de imágenes de los campos de concentración. Hasta ahora todo tipo de imágenes, tanto del alemán bueno como el malo eran importaciones estadounidenses, pero ahora la nueva generación de cineastas se está atreviendo a enfrentarse a esos temas de una forma libre».
«Yo mismo –continúa– tenía esa inhibición, yo creía que un campo de concentración no se podía filmar», pero el diario del cura en el que está basado «El noveno día» le brindó la oportunidad para abordar el tema.
Además, ahora hay una nueva generación de cineastas pero también de público que sí está dispuesta a enfrentarse a esos temas en la gran pantalla.
Si pudiera incluso haría una película de la nueva canciller alemana, Angela Merkel, la primera mujer que consigue presidir el gobierno alemán y a la que conoce personalmente. Es una pequeña revolución que sea del Este de Alemania, que no procede de los círculos políticos y supone una gran oportunidad para su país. «La convertiría en una heroína de película porque tiene las cualidades, el saber, la humanidad, la buena medida de las cosas que precisamente admira en las películas de heroínas».
Schloendorff destaca que se siente privilegiado por poder hacer un tipo de cine comprometido, ajeno al éxito comercial, un fenómeno que no rechaza por completo pues entiende que el cine también puede ser en ocasiones un gran entretenimiento, pero no un espectáculo vacío de contenido.
Si con sus últimos trabajos, «El silencio tras el disparo», «El noveno día» o la película que acaba de rodar «Die Vergessene Heldin» (La heroína olvidada) ha querido practicar lo que denomina «la resistencia» frente al puro cine comercial, ahora se dispone a dirigir una película de gran presupuesto «La papisa», un gran filme histórico sobre la que presuntamente fue única mujer que llegó a dirigir la Iglesia católica.
«Yo no busco las películas, las películas me buscan a mí», resume Volker Schloendorff.
MARIA LUZ CLIMENT MASCARELL
DPA
MADRID (DPA).- Estaba predestinado a ser médico o abogado, pero Volker Schloendorff (Wiesbaden 1939) quería dedicarse al circo. Descubrió sin embargo el cine con los jesuitas y fueron precisamente ellos quienes lo alentaron a dedicarse a esa pasión que tanto lo fascinó en el internado francés donde estudiaba.
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