«El gato perdido»: el deslumbrante libro de Mary Gaitskill sobre el amor, la culpa y las ausencias

En "El gato perdido" (La Bestia Equilátera), la escritora estadounidense parte de la desesperada búsqueda de una mascota para indagar con brutal honestidad en la culpa, las diferencias de clase y las grietas de nuestras relaciones afectivas.

Por Verónica Bonacchi

El comienzo parece sencillo. Pero los caminos a los que conduce ese inicio, no tanto. En el comienzo, un gato desaparece. La mujer que lo busca pega carteles, pregunta en casas y veterinarias, deja comida, recorre de noche los alrededores de su casa, incluso consulta videntes. Hace cosas que sabe que parecen absurdas, pero las hace igual.


Ese podría ser el argumento de “El gato perdido”, el pequeño y extraordinario libro de Mary Gaitskill que publicó en la Argentina La Bestia Equilátera. Pero sería injusto reducirlo porque el libro es, en realidad, la puerta de entrada a preguntas incómodas. Muy incómodas: qué hacemos con el amor cuando no podemos proteger aquello que amamos, qué lugar tiene la culpa, cuál el sufrimiento, adónde queda todo lo que se pierde.


Gattino tiene siete meses cuando desaparece. Es un gato tuerto que Gaitskill encuentra durante una residencia literaria en la Toscana, Italia. El gato está enfermo, flaco, lleno de pulgas y parásitos. La escritora lo lleva al veterinario y empieza a cuidarlo. Pasan de la desconfianza mutua al cariño.


Gaitskill no convierte esto en una historia sentimental. De hecho, se vuelve más bien ripiosa: desconfía de su propio sentimentalismo. Se pregunta si está proyectando sobre el gato sus necesidades, si no estará exagerando, si amar así a un animal no será una forma de evasión frente al sufrimiento humano.


Mary Gaitskill nació en Kentucky en 1954 y estudió en la Universidad de Michigan, donde obtuvo un premio Hopwood. Su primer libro, “Mal comportamiento”, apareció en 1988 y la convirtió en una de las voces más singulares de la narrativa estadounidense contemporánea. Sus cuentos y novelas se ocupan con frecuencia de personajes atravesados por el deseo, la dependencia, el poder, la violencia y la dificultad de establecer vínculos. Su cuento “Secretary” fue llevado al cine por Steven Shainberg en 2002, con Maggie Gyllenhaal y James Spader. «Veronica», publicada en 2005, fue nominada al National Book Award.
Ese recorrido importa porque “El gato perdido” -ensayo autobiográfico aparecido originalmente en su libro “Somebody with a Little Hammer”- puede leerse como una prolongación de una pregunta que atraviesa toda su obra: qué ocurre cuando deseamos desesperadamente conectar con alguien y no encontramos la manera.

En el libro, esa búsqueda se entrelaza con la relación que la autora y su marido construyen con César y Natalia, dos hermanos a quienes acogen temporalmente a través de un programa de ayuda social. Gaitskill expone con brutal honestidad su incomodidad frente a las diferencias de clase y raza, sus propias limitaciones y el descubrimiento de que querer a alguien no significa saber cómo salvarlo. César oscila entre el afecto y la agresividad; Natalia rechaza la ayuda que se le ofrece. La escritora descubre que tampoco puede controlar la vida de esos niños ni reparar las heridas que el mundo les infligió.


Así, Gattino se convierte en un instrumento de medición del amor. A diferencia de los seres humanos, un animal no manipula ni elige el dolor. Pero Gaitskill también descubre algo más incómodo: tal vez la intensidad con la que busca al gato tenga que ver con todas las veces que ella misma persiguió relaciones humanas que no podían darle lo que necesitaba.


La pérdida empieza entonces a multiplicarse: Gattino, César y Natalia, su padre, un hombre al que las hijas cuidaron durante una enfermedad larga y cuya historia familiar Gaitskill comprende de otro modo mientras busca al gato. Su padre había perdido a su madre a los nueve años y a su padre un año después; después perdió a su perro. La escritora llega a una idea dolorosa: tal vez la pérdida del animal que ella puede sentir sea una forma de aproximarse a aquello que su padre había vivido y que ella nunca había podido comprender.


El resultado es un libro breve y de una intensidad enorme. No es simplemente una historia sobre un gato, aunque Gattino sea inolvidable; es una investigación deslumbrante sobre el amor y sus consecuencias.


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