Entrevista a Martín Fraile: políticas culturales en Río Negro y el futuro del Fondo Editorial Rionegrino

De director de orquesta a la función pública, el secretario de Cultura de Río Negro, Martín Fraile, define su visión de la gestión. El rol estratégico del Fondo Editorial Rionegrino (FER) ante el mercado actual, el récord de obras recibidas y el plan para federalizar las publicaciones en toda la provincia.

Por Verónica Bonacchi

El recorrido de Martín Fraile combina dos mundos que no se cruzan muchas veces: el de la alta formación musical y el de la gestión pública. Director orquestal con trayectoria internacional y actual secretario de Cultura de Río Negro, su enfoque pone en primer plano la idea de la cultura como herramienta de transformación social. En esta conversación con Lecton, repasa su experiencia, reflexiona sobre las políticas culturales en la provincia y se detiene especialmente en el presente y futuro del Fondo Editorial Rionegrino (FER).


Formado en dirección coral, con una maestría en Artes y una carrera que lo llevó a escenarios de distintos continentes, Fraile trasladó esa experiencia a la función pública. La creación de la Orquesta Filarmónica de Río Negro fue uno de los hitos que marcaron su perfil de gestión.

Martin Fraile, secretario de Cultura de Río Negro, creador y director de la Filarmonica de Río Negro. Foto: Marcelo Ochoa


“Venir del campo musical y haber impulsado la creación de la Orquesta me enseñó que la cultura puede convertirse en un motor de transformación para toda una provincia. Una orquesta no es solamente un proyecto artístico: es una institución que forma personas, genera trabajo, construye identidad y proyecta una comunidad hacia el futuro. Esa experiencia marcó mi manera de entender la gestión pública. Creo en políticas culturales que dejen capacidades instaladas, que lleguen a todo el territorio y que conviertan el talento de los rionegrinos en una fuerza de desarrollo. Cuando la cultura crece, crece también la autoestima colectiva, se fortalece el tejido social y la provincia gana una voz propia, más fuerte y más visible dentro del país”, dice el funcionario.


-¿La Orquesta sirve de modelo para replicar en otras áreas culturales?

-La creación de la Orquesta nos dejó una enseñanza muy valiosa: los proyectos culturales más transformadores son aquellos que logran combinar excelencia artística, presencia territorial y vocación educativa. Una orquesta no se construye únicamente con conciertos; se construye formando músicos, generando oportunidades, creando vínculos con escuelas, recorriendo el territorio y acercando bienes culturales de calidad a comunidades que muchas veces están lejos de los grandes centros urbanos. Esa mirada es la que buscamos trasladar al conjunto de las políticas culturales de la provincia. Queremos que cada programa, ya sea en música, teatro, danza, artes visuales, patrimonio o industrias creativas, tenga una dimensión formativa y un alcance verdaderamente federal. La cultura no debe concentrarse en unos pocos espacios ni limitarse a la programación de eventos: debe convertirse en una herramienta para desarrollar capacidades, estimular el talento local y fortalecer el tejido social en cada localidad. Creemos que la cultura tiene un enorme potencial como motor de desarrollo. Cuando una comunidad cuenta con artistas, gestores, espacios culturales y públicos activos, no solo se enriquece su vida cultural; también se generan oportunidades económicas, empleo, turismo y una identidad más fuerte.


Un ecosistema diverso



-¿Cómo conviven hoy en la gestión las disciplinas con mayor tradición institucional -como la música sinfónica- con otras expresiones más emergentes o independientes?

-El desafío de la gestión cultural es justamente encontrar un equilibrio. Las disciplinas con una larga tradición institucional, como la música sinfónica, forman parte de un patrimonio que debemos cuidar, fortalecer y proyectar hacia nuevas generaciones. Pero al mismo tiempo, una política cultural contemporánea no puede limitarse a las expresiones más consolidadas; tiene que estar atenta a las nuevas formas de creación, a las escenas independientes, a las culturas urbanas, a las producciones comunitarias y a los lenguajes que surgen de las juventudes y de los distintos territorios. No vemos estas expresiones como mundos en competencia, sino como partes de un mismo ecosistema cultural. Una provincia culturalmente rica es aquella que puede sostener una orquesta, preservar su patrimonio y, al mismo tiempo, acompañar a artistas emergentes, colectivos independientes y nuevas formas de producción y circulación cultural.

Uno de nuestros principales desafíos es incorporar a los jóvenes a la vida cultural de la provincia. No únicamente como espectadores, sino como actores centrales en la producción cultural. Escuchar sus intereses, acompañar sus iniciativas y abrirles espacios de participación es una condición indispensable para construir una política cultural con futuro. Porque una cultura que no logra convocar a las nuevas generaciones corre el riesgo de perder vitalidad, mientras que una cultura que las integra se renueva, crece y amplía su capacidad de transformar la sociedad.

-Desde tu experiencia en la Orquesta, que incluyó giras y proyectos de alcance internacional, ¿cómo imaginás la proyección de la producción cultural rionegrina más allá de la provincia?

Mi experiencia en la Orquesta Filarmónica de Río Negro me confirmó que el talento y la capacidad creativa que existen en Río Negro pueden dialogar de igual a igual con cualquier escenario nacional o internacional. La provincia tiene un enorme potencial cultural y creo que uno de los desafíos centrales de la gestión es generar las condiciones para que esa producción pueda proyectarse más allá de nuestras fronteras.

Cuando hablamos de proyección no mevrefiero únicamente a la circulación de artistas o espectáculos. También hablamos de posicionar la identidad cultural de Río Negro, de fortalecer sus industrias creativas, de generar intercambios, atraer oportunidades y convertir a la cultura en un motor de desarrollo. Cada artista, cada proyecto y cada producción que logra trascender el ámbito local contribuye a mostrar una provincia dinámica, innovadora y con una voz propia. Río Negro cuenta con una diversidad territorial, cultural y creativa extraordinaria. Nuestro objetivo es acompañar ese potencial, crear redes, abrir nuevos mercados y promover instancias de circulación que permitan que los artistas y gestores culturales encuentren más oportunidades de crecimiento. Porque cuando la cultura se proyecta, no solo crecen los creadores: también se fortalece la identidad colectiva, se generan nuevas oportunidades económicas y la provincia gana visibilidad, prestigio y capacidad de liderazgo. En ese sentido, la cultura no es solamente una expresión de lo que somos; es también una herramienta estratégica para mostrar al mundo lo que Río Negro puede llegar a ser.


El FER, historia y presente



Creado en 1984, el Fondo Editorial Rionegrino (FER) es una de las políticas culturales más sostenidas de la provincia, con un catálogo que supera los 170 títulos y una función estratégica en la difusión de autores locales.


-Aunque en este momento está en un momento de transición, ¿qué evaluación hacen hoy del impacto del FER y de los desafíos enfrenta?

-El impacto no puede medirse únicamente por la cantidad de títulos publicados, sino también por su capacidad para dar visibilidad a autores rionegrinos, promover la lectura y garantizar que voces que quizás no encontrarían espacio en los circuitos comerciales puedan llegar a los lectores. Su desarrollo no fue lineal. Hubo períodos de inactividad, etapas en las que el cargo de director estuvo vacante y momentos en que los libros se publicaban dos o tres años después del fallo de los jurados. Recién a partir de 2013 se logró una continuidad institucional más sólida. Más recientemente, la renuncia por motivos personales de Claudio García implicó una nueva transición, que estamos atravesando con el equipo técnico sosteniendo el plan editorial y garantizando su continuidad.

-Es un momento particular de la industria editorial y también de la lectura, ¿cómo lo encaran?

-Vivimos en un contexto donde los hábitos de lectura, las formas de circulación de los contenidos y las tecnologías han cambiado profundamente. Por eso necesitamos pensar cómo ampliar audiencias, fortalecer la distribución, incorporar herramientas digitales y acercar las publicaciones a nuevos públicos, especialmente a los jóvenes.
Muchas figuras que hoy son referencias de la literatura patagónica tuvieron al FER como parte de su recorrido. Pienso, por ejemplo, en el poeta Elías Chucair, de cuyo nacimiento se cumplieron cien años el pasado 25 de mayo. Su trayectoria, como la de tantos otros autores, muestra el valor que tuvo el FER para construir y preservar un patrimonio cultural que sigue vivo y en permanente diálogo con las nuevas generaciones. El FER es y debe continuar siendo una plataforma para descubrir y acompañar nuevas voces, reflejando la diversidad cultural y territorial de Río Negro. La novela, la poesía, el ensayo, la investigación histórica y científica, la música y las producciones vinculadas a las identidades locales y las expresiones contemporáneas tienen allí un espacio estratégico.

Nuestra mirada es que el FER no sea únicamente una editorial que publica libros, sino una institución activa en la construcción de ciudadanía cultural, capaz de conectar a los autores con sus comunidades, fomentar la lectura y proyectar la producción intelectual y literaria de Río Negro dentro y fuera de la provincia. Ese es el gran desafío de esta etapa: preservar una trayectoria de más de 40 años y, al mismo tiempo, renovarla para que siga siendo una herramienta relevante para las nuevas generaciones.

-El acceso es a través de convocatorias anuales. Cómo se elaboran? ¿Están pensando otras formas de acompañamiento más continuas?

-La convocatoria anual sigue siendo nuestra herramienta principal para incorporar nuevas voces al catálogo del Fondo Editorial Rionegrino. Es un mecanismo transparente, abierto, público y gratuito, con bases y condiciones disponibles para toda la comunidad. Pueden participar personas mayores de 18 años con residencia comprobable en la provincia de al menos cuatro años, presentando una obra inédita en un único género y bajo sistema de seudónimo, lo que garantiza la independencia de la evaluación. Este año las categorías fueron Narrativa, Poesía, Dramaturgia, Libros para Infancias y Adolescencias, y Ensayo-Investigación.

Ahora bien, creemos que una convocatoria anual, por sí sola, no alcanza para reflejar toda la riqueza y diversidad de la producción literaria rionegrina. Por eso estamos trabajando en una estrategia más amplia y activa. Por un lado, impulsando convocatorias específicas destinadas a sectores o géneros que requieren un acompañamiento particular. Ya están previstas líneas para autoras y autores jóvenes, para diversidades, para historieta -un género que durante años tuvo escasa presencia en las políticas editoriales- y un certamen de poema ilustrado que desembocará además en una muestra itinerante por distintas localidades de la provincia. También nos interesa generar acciones específicas para jóvenes escritores, para colectivos que históricamente tuvieron menos oportunidades de acceso a la publicación y para géneros que necesitan mayor visibilidad. En una provincia tan extensa como Río Negro, acompañar implica además tener presencia territorial, llegar a las comunidades y construir redes que permitan que las voces locales encuentren espacios de desarrollo y circulación.

Por otro lado, el FER tiene la posibilidad de desarrollar proyectos editoriales por fuera de las convocatorias concursables. Esto permite abordar iniciativas que difícilmente encajarían en un concurso tradicional: obras reunidas, rescates patrimoniales, homenajes a autores fallecidos, antologías temáticas o publicaciones de interés cultural estratégico para la provincia. Esa es la dirección en la que queremos profundizar: combinar convocatorias abiertas y transparentes con líneas específicas de promoción, acompañamiento sostenido a colectivos y autores, y una mayor presencia en ferias, festivales y espacios de circulación. Porque nuestro objetivo no es únicamente editar libros, sino construir una comunidad literaria más diversa, representativa y federal, donde el acompañamiento al autor continúe incluso después de que el libro llega a imprenta. Queremos que el FER sea una plataforma de desarrollo para autores y autoras rionegrinas, capaz de acompañar trayectorias, generar oportunidades y fortalecer una comunidad literaria activa en todo el territorio provincial.

-¿Qué criterios editoriales están guiando hoy la selección de obras? ¿Hay una búsqueda estética, territorial o temática definida ?

-Los criterios de evaluación están claramente establecidos en las bases y son cuatro: creatividad, originalidad, calidad literaria y pertinencia. Es importante destacar que esa evaluación está a cargo de jurados externos, no de la dirección del FER ni de la Secretaría de Cultura. La decisión sobre qué obras resultan seleccionadas la toman especialistas convocados para esa tarea, y esa independencia constituye una garantía fundamental para los autores y para la transparencia del proceso. Ahora bien, más allá de esos criterios técnicos, existe una orientación de política editorial que asumimos de manera explícita. No se trata de definir una línea estética o ideológica determinada —porque eso limitaría la diversidad y empobrecería el catálogo— sino de promover una mirada federal, territorial y plural. Queremos que el catálogo refleje la complejidad y la riqueza de Río Negro en toda su extensión, con voces de distintas regiones, generaciones, trayectorias y experiencias.

Esa búsqueda se traduce en resultados concretos. En las convocatorias recientes encontramos autores y autoras de General Roca, Allen, Bariloche, Choele Choel, Viedma y otras localidades de la provincia. También ampliamos los géneros que forman parte del catálogo: además de narrativa y poesía, incorporamos dramaturgia, libros para infancias y adolescencias, ensayo e investigación, y estamos avanzando en nuevas líneas vinculadas a la historieta y la fotografía. La diversidad también aparece en las temáticas. Hoy conviven investigaciones sobre las estéticas de resistencia de las mujeres en las artes visuales patagónicas, estudios sobre teatro colectivo y compromiso social, reflexiones sobre ceguera y autonomía, trabajos vinculados a la música y la percusión, junto con obras de ficción, poesía y literatura infantil. Esa amplitud no es casual: forma parte de una decisión consciente de construir un catálogo abierto y representativo.

Hay además una mirada territorial que trasciende la idea más tradicional de lo regional. No pensamos la literatura rionegrina únicamente desde el costumbrismo o el folklore. Pensamos en autores que escriben desde Río Negro, pero que dialogan con la Patagonia, con la Argentina y con el mundo. Por eso convocamos jurados de distintas provincias y promovemos la presencia del FER en espacios de circulación nacionales, para que la producción literaria rionegrina forme parte de conversaciones más amplias. Y hay un objetivo que para nosotros resulta central hacia adelante: ampliar la representación. Queremos que lleguen al catálogo más voces jóvenes, más autores y autoras de parajes y pequeñas localidades, más expresiones de las diversidades y más producciones vinculadas a los pueblos originarios. No para reemplazar las voces que ya forman parte de nuestra tradición literaria, sino para enriquecerla. La aspiración es sencilla y ambiciosa al mismo tiempo: que dentro de diez años, cuando alguien recorra el catálogo del FER, encuentre allí un retrato amplio, diverso y auténtico de lo que se escribió y se pensó en Río Negro durante este tiempo. No una versión parcial de la provincia, sino un mapa completo de sus voces, sus territorios y sus imaginarios.

-En un contexto donde muchos autores optan por la autopublicación o editoriales independientes, ¿qué valor diferencial ofrece hoy el FER para que un escritor elija ese camino?

-Afortunadamente hoy existen muchas más posibilidades de publicación que hace algunas décadas. La autopublicación, las editoriales independientes y las nuevas plataformas digitales han democratizado el acceso a la edición y ampliado enormemente las oportunidades para quienes quieren compartir su obra. Nosotros celebramos ese crecimiento y entendemos que forma parte de un ecosistema cultural más rico, más diverso y más dinámico. Pero justamente en ese escenario, el FER tiene un valor diferencial muy claro. Es una editorial pública con más de cuarenta años de trayectoria, sostenida por una decisión institucional de la provincia y financiada con recursos específicos que garantizan su continuidad. Eso permite que un autor o una autora pueda publicar sin afrontar costos económicos, accediendo a un proceso editorial profesional de principio a fin. Detrás de cada libro hay una cadena de trabajo especializada: convocatorias públicas, evaluación mediante jurados externos de reconocido prestigio, corrección, edición, diseño, impresión y distribución. Este año, por ejemplo, participaron jurados como Luis Sagasti, Carlos Aldazábal y Jorge Spíndola, escritores y referentes con una trayectoria ampliamente reconocida en el ámbito literario nacional. Esa evaluación independiente es un respaldo importante para quienes resultan seleccionados y una garantía de transparencia para todo el proceso.

Sin embargo, el principal diferencial del FER no es solamente publicar libros, sino construir patrimonio cultural. Una editorial privada o una experiencia de autopublicación pueden cumplir perfectamente la función de editar una obra. El FER, además de eso, tiene la responsabilidad de preservar una parte de la memoria cultural de Río Negro. Cada libro que ingresa a su catálogo pasa a formar parte de una historia editorial que reúne más de cuatro décadas de voces, ideas, investigaciones, relatos y expresiones artísticas producidas en la provincia. Por eso decimos que el catálogo del FER es mucho más que una colección de títulos. Es una especie de archivo vivo de la identidad cultural rionegrina. Allí conviven escritores consagrados y autores que publican por primera vez; obras literarias, investigaciones históricas, dramaturgia, poesía, literatura infantil y ensayos que ayudan a comprender quiénes somos y cómo pensamos nuestro territorio.

Hay otro aspecto fundamental: la circulación. El desafío editorial no termina cuando el libro sale de imprenta. Desde el FER trabajamos para que esas publicaciones lleguen a bibliotecas, escuelas, delegaciones de Cultura, ferias del libro, espacios comunitarios y lectores de distintos puntos de la provincia. Sabemos que todavía queda mucho por hacer en materia de distribución, especialmente en una provincia tan extensa como Río Negro, pero entendemos que acompañar un libro implica también ayudar a que encuentre a sus lectores. Además, una editorial pública tiene la posibilidad de asumir riesgos que muchas veces el mercado no toma. Puede publicar géneros menos comerciales, rescatar autores olvidados, impulsar investigaciones sobre la historia regional, promover voces emergentes o acompañar proyectos culturales cuyo valor excede cualquier criterio de rentabilidad. Esa libertad es una fortaleza enorme porque permite construir un catálogo más diverso y representativo.

Por otra parte, el FER cumple una función de equidad cultural. En un contexto donde cada vez más autores deben financiar por sí mismos la publicación de sus obras, la existencia de una editorial pública garantiza que el acceso a la edición no dependa exclusivamente de los recursos económicos de cada persona. El criterio central pasa a ser la calidad de la obra y no la capacidad de pagar una impresión. Y hacia adelante queremos ampliar todavía más ese acompañamiento. No solo publicando libros, sino fortaleciendo la presencia de autores en ferias y festivales, generando instancias de formación, desarrollando la Biblioteca Virtual del FER, impulsando nuevas convocatorias para jóvenes, diversidades e historieta, y construyendo redes que permitan que los escritores rionegrinos tengan una mayor proyección nacional e internacional.

Por eso creemos que el FER no compite con la autopublicación ni con las editoriales independientes. Cumple una misión diferente. Es la apuesta de una provincia por sostener una política cultural de largo plazo; una herramienta para cuidar, fortalecer y proyectar las voces de Río Negro. En definitiva, es la expresión de una convicción muy simple: que la literatura, el pensamiento y la creación artística son bienes públicos, y que una comunidad se vuelve más fuerte cuando decide invertir en su propia palabra.

Martín Fraile (Foto: Marcelo Ochoa)

-¿Qué políticas específicas están impulsando para que nuevas voces -jóvenes, de los parajes, o de sectores históricamente menos representados- puedan acceder al catálogo del FER?

-Por un lado, vamos a incorporar convocatorias específicas que complementen la convocatoria anual. Ya están previstas una destinada a autoras y autores jóvenes, otra dedicada a la historieta -un género con enorme potencial creativo que durante años tuvo escasa presencia en las políticas editoriales públicas- y una edición especial con los resultados de la convocatoria de relatos de fútbol. La intención es ampliar las puertas de entrada al catálogo y generar oportunidades para quienes muchas veces no encuentran un espacio dentro de los formatos más tradicionales.

Por otro lado, estamos fortaleciendo una mirada territorial mucho más activa. Río Negro es una provincia extensa y diversa, y creemos que esa diversidad tiene que verse reflejada en los libros que editamos. Queremos que lleguen más voces de los parajes, de pequeñas localidades, de jóvenes escritores y escritoras, de sectores que históricamente tuvieron menos oportunidades de publicación. La literatura rionegrina no se construye desde un único lugar; se construye desde todo el territorio.

Los resultados ya muestran que estamos avanzando en esa dirección. Este año la convocatoria alcanzó cerca de 200 postulaciones, una cifra récord para el FER, y entre las obras premiadas aparecen autores y autoras de General Roca, Allen, Bariloche, Choele Choel, Viedma y otras localidades. Es un dato importante porque demuestra que el catálogo comienza a expresar cada vez más la pluralidad geográfica y cultural de la provincia. No es una literatura concentrada en una sola ciudad: es Río Negro escribiéndose a sí mismo desde múltiples lugares y experiencias.

También estamos trabajando en una herramienta estratégica para democratizar el acceso: la futura Biblioteca Virtual del FER. El objetivo es poner a disposición gran parte de las obras editadas a lo largo de estas cuatro décadas para que cualquier persona pueda acceder a ellas desde cualquier punto de la provincia. Porque el acceso cultural no consiste únicamente en publicar nuevos autores; también implica garantizar que los lectores puedan encontrarse con el patrimonio literario que ya existe.


-¿Qué criterios están guiando hoy la selección de obras?

-Los criterios de evaluación están claramente establecidos en las bases y son cuatro: creatividad, originalidad, calidad literaria y pertinencia. Es importante destacar que esa evaluación está a cargo de jurados externos, no de la dirección del FER ni de la Secretaría de Cultura. La decisión sobre qué obras resultan seleccionadas la toman especialistas convocados para esa tarea, y esa independencia constituye una garantía fundamental para los autores y para la transparencia del proceso. Ahora bien, más allá de esos criterios técnicos, existe una orientación de política editorial que asumimos de manera explícita. No se trata de definir una línea estética o ideológica determinada -porque eso limitaría la diversidad y empobrecería el catálogo- sino de promover una mirada federal, territorial y plural. Queremos que el catálogo refleje la complejidad y la riqueza de Río Negro en toda su extensión, con voces de distintas regiones, generaciones, trayectorias y experiencias.
Esa búsqueda se traduce en resultados concretos. En las convocatorias recientes encontramos autores y autoras de General Roca, Allen, Bariloche, Choele Choel, Viedma y otras localidades. También ampliamos los géneros que forman parte del catálogo: además de narrativa y poesía, incorporamos dramaturgia, libros para infancias y adolescencias, ensayo e investigación, y estamos avanzando en nuevas líneas vinculadas a la historieta y la fotografía. La diversidad también aparece en las temáticas. Hoy conviven investigaciones sobre las estéticas de resistencia de las mujeres en las artes visuales patagónicas, estudios sobre teatro colectivo y compromiso social, reflexiones sobre ceguera y autonomía, trabajos vinculados a la música y la percusión, junto con obras de ficción, poesía y literatura infantil. Esa amplitud no es casual: forma parte de una decisión consciente de construir un catálogo abierto y representativo.
Hay además una mirada territorial que trasciende la idea más tradicional de lo regional. No pensamos la literatura rionegrina únicamente desde el costumbrismo o el folklore. Pensamos en autores que escriben desde Río Negro, pero que dialogan con la Patagonia, con la Argentina y con el mundo. Por eso convocamos jurados de distintas provincias y promovemos la presencia del FER en espacios de circulación nacionales, para que la producción literaria rionegrina forme parte de conversaciones más amplias. Y hay un objetivo que para nosotros resulta central hacia adelante: ampliar la representación. Queremos que lleguen al catálogo más voces jóvenes, más autores y autoras de parajes y pequeñas localidades, más expresiones de las diversidades y más producciones vinculadas a los pueblos originarios. No para reemplazar las voces que ya forman parte de nuestra tradición literaria, sino para enriquecerla. La aspiración es sencilla y ambiciosa al mismo tiempo: que dentro de diez años, cuando alguien recorra el catálogo del FER, encuentre allí un retrato amplio, diverso y auténtico de lo que se escribió y se pensó en Río Negro durante este tiempo. No una versión parcial de la provincia, sino un mapa completo de sus voces, sus territorios y sus imaginarios.


El recorrido de Martín Fraile combina dos mundos que no se cruzan muchas veces: el de la alta formación musical y el de la gestión pública. Director orquestal con trayectoria internacional y actual secretario de Cultura de Río Negro, su enfoque pone en primer plano la idea de la cultura como herramienta de transformación social. En esta conversación con Lecton, repasa su experiencia, reflexiona sobre las políticas culturales en la provincia y se detiene especialmente en el presente y futuro del Fondo Editorial Rionegrino (FER).

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