Lejos del territorio de las casualidades
NEUQUEN (AN)- El interno agredido el martes había avisado que algo grave podía pasarle, y no lo escucharon. Terminó con una lesión anal. Hace una semana, a Lucas Masa lo encerraron en un pabellón cerca de otros internos con los que había tenido serios enfrentamientos. Terminó con graves quemaduras. La Unidad 11 hace tiempo que dejó de ser el territorio de las casualidades.
En mayo del año pasado se conoció un estremecedor informe sobre los padecimientos de los detenidos. El fiscal de Cámara (ahora suspendido) Ricardo Mendaña puso a la luz que los presos recibían bastonazos en la planta de los pies, que los rociaban con agua helada a la madrugada y, desnudos en posición de firmes, los obligaban a gritar «después de Dios está la requisa». Un grupo de especialistas que examinó a los internos y observó sus ojos negros por los golpes recibió como respuesta de un jefe: «voy a traer Mary Kay para maquillarlos».
Ese escándalo barrió con la cúpula de la U11, a pesar de que el entonces ministro Luis Manganaro intentó sostenerla, y movilizó hasta Neuquén a un observador de la secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Como último recurso, el gobierno provincial trajo del retiro al comisario Hugo Rosas y lo puso al frente de las Unidades de Detención.
El mes pasado, Rosas exhibió ciertos números que reflejarían una importante disminución en la cantidad de conflictos dentro de la mayor cárcel provincial, donde hay alojadas alrededor de 600 personas.
Pero la historia no oficial habla de permanentes protestas sofocadas en silencio, de huelgas de hambre, y de la implantación de un régimen de terror. Los que se salen de la fila son castigados. Algunos, de manera extrema.
Del otro lado de la reja no están mucho mejor: hay guardias con problemas psicológicos, que piden licencia, que ruegan por un traslado, que son depositados en esa mole de cemento y hierro como castigo o que tienen una extravagante vocación de maquilladores. ¿Qué otro resultado cabe esperar de ese cóctel?
Dicen que si se quiere conocer a una sociedad hay que visitar sus cárceles y comprobar el trato que les da a sus presos. Alguna vez habrá que enfrentar este debate, sin posiciones viscerales ni razonamientos mágicos.
Guillermo Berto
Notas asociadas: Más brutalidad en la U-11 neuquina: dos guardias violaron a un preso
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