¿Ley de «fines»?

Redacción

Por Redacción

Los medios de comunicación se están convirtiendo en fines. En lugar de reflejar la realidad, también la construyen e instituyen. Así, entonces, se vuelven imprescindibles como plasma y nervios del tejido social que queremos entretejer y retemplar.

¿Cómo no defender su libertad sin envalentonar a sus verdugos? Por estos días, por estas horas, vendría verbeneando en nuestro país la acechanza de eventuales «mordazas» para callar, limitar, condicionar y/o cohibir la libre expresión democrática de todos los canales de televisión, radios, diarios y periódicos argentinos.

Si bien nadie ignora los negociados, los abusos, la procacidad y lo pernicioso de muchos integrantes del «cuarto poder» que no se corresponden con el interés y bienestar general sino con una militante fidelidad a sus pautas publicitarias y nadie olvida cómo muchos de ellos privatizaron a precio vil medios tradicionales abusando, expandiendo y usufructuando su libertad y poder de empresa, mal que nos pese todo eso, mucho contenido, toda la metodología y una extraña como exasperante urgencia impresas al actual proyecto legislativo para una supuesta nueva ley de medios son tan inadmisibles como reprochables desde todo punto de vista.

La República Argentina no puede ser contagiada ni alcanzada por las embestidas autoritarias y antirrepublicanas como, por caso, la metodología comunicativa venezolana. Nada debe ser proclive a más ignorancia popular puesto que el pueblo no tiene cómo saber de qué se trata sino únicamente por los medios de comunicación regulares.

«Toda limitación o mutilación a la libertad de expresión -como genuina exteriorización de la libertad de pensamiento-expresión- lo será a nuestra propia, cara y ´renga´ democracia».

Los argentinos no hubiéramos podido conocer, verbigracia, escándalos presidenciales, inflación, índices reales de hambre, violencia y desocupación, corrupciones, nepotismos e impunidades gubernamentales (Indec, PAMI, Oncca; otorgamiento arbitrario y discrecional de publicidad oficial del gobierno nacional, etcétera) sino gracias a la valiente y profesional defensa de la más amplia libertad de expresión, valentía que superó todo tipo de discriminaciones, presiones y constricciones publicitarias.

Por eso mismo necesitamos una legislación consensuada y cabal en materia de medios de comunicación que nos asegure la prestación del servicio universal de información pública, que garantice las comunicaciones de todos con todos y que salvaguarde los intereses superiores de la patria y del federalismo garantizando también la entrada de nuevos competidores al mercado (verbigracia, producciones locales, regionales, medios cooperativos -larga y sobradamente merecido- con incentivos proactivos, técnicos, publicitarios, profesionales y financieros), neutralizando contundentemente «operadores dominantes-monopólicos», resguardando el derecho del resto de los medios, asegurando veracidad, riqueza y virtualidad formativa -no sólo informativa- de la comunicación a cada radioescucha o televidente, disuadiendo y evitando «empachos auditivos y visuales» para que todo éter, fibra óptica y/o aster´s en franca convergencia contribuya a rescatar y revalorizar el bien común con el mayor esclarecimiento posible de todos los habitantes respecto de «la cosa pública» que, al fin y al cabo, de eso se trata.

Ante excusas y eufemismos esgrimidos por los impulsores del proyecto del gobierno, nuestro Congreso nacional puede incluir en el Código Penal todos los delitos (aún no tipificados ni punidos) cometidos por medio de la prensa en sus más variadas formas de comunicación, oral, escrita, por signos o símbolos, por radio, televisión, etcétera, ya que incriminar conductas que se llevan a cabo mediante la prensa (partiendo de toda publicidad engañosa, etcétera) no es restringir la libertad de expresión ni mucho menos, puesto que ninguna libertad merece quedar jurídicamente protegida cuando, invocando su ejercicio, se incurre en la comisión de un delito y, por ende, tampoco debe ni puede quedar en tal situación la libertad de prensa.

Preconclusiva, consecuente y concomitantemente, todo nuevo y viejo medio de comunicación debería incrementar su colaboración con la tutela de los valores sociales en juego: información adecuada y veraz, libertad de elección, ética y moral públicas, prevención y protección de la salud, seguridad e intereses económicos, trato digno y paz social.

Finalmente, y cuando mañana comience a transitar por el Senado del Congreso Argentino el proyecto de ley sobre Regulación de los Servicios de Comunicación Audiovisual, serán convocados y deberán comparecer animadas por gran coraje cívico-político, voces, reflexiones, experiencias, perspectivas y prospectivas en actitudes y determinaciones que serán mucho pero mucho más que poner fin a la legislación impuesta en 1980 por el dictador Jorge Rafael Videla (con demasiados retoques «democráticos»).

En efecto, la inmensa oportunidad de un logro comunicativo consensuado y compartido desde el lenguaje, el audio y la imagen mediante un «feedback edificante» para influenciar, apuntalar y alentar un orden social más justo, sano y equitativo (no sólo más clientes y nuevos productos) desde esta lógica nueva de la solidaridad, de la reciprocidad positiva animando e iluminando cada actividad humana, luce como una enorme posibilidad que podría pasar por delante de nuestras narices quedando todos nosotros ajenos e incapaces de aprovecharla porque no quisimos o no supimos registrarla, debatirla, modificarla, legislarla y despacharla sin apremios, neutral, sabia y criteriosamente, sin egoísmos ni intereses sectoriales, con sentido común fecundando su mejor provecho para promover «consumos responsables» como también nuevos y atractivos ámbitos de participación ciudadana autónoma, independiente y responsable que nos reposicione y empodere para afrontar con el modo y carácter mejor todos los desafíos humanos, éticos y ecológicos del mundo actual porque, no se olvide, » todos estamos en la misma barca».

 

ROBERTO F. BERTOSSI (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Docente e investigador de la Universidad Nacional de Córdoba

ROBERTO F. BERTOSSI


Los medios de comunicación se están convirtiendo en fines. En lugar de reflejar la realidad, también la construyen e instituyen. Así, entonces, se vuelven imprescindibles como plasma y nervios del tejido social que queremos entretejer y retemplar.

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