Líneas soberanas

El PJ, inquieto, colisiona con la gestión que monopoliza el gobernador.

Redacción

Por Redacción





DE DOMINGO A domingo

ADRIáN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

El Estado provincial tolerará el audaz compromiso de Weretilneck del subsidio de 85 millones al sector frutícola? ¿O la provincia goza de otros tiempos financieros? ¿El gobernador contornea un plan autónomo del PJ o lo que ocurre es producto del vértigo gubernamental? ¿Busca soberanía en su trato con la Nación y delinea su proyecto político para el 2015? Estas preguntas se alojaron en los últimos días en los hombres del oficialismo. El justicialismo detectó que el mandatario evoluciona en su emancipación. No hizo falta que se deshiciera de funcionarios. Ellos mantienen sus despachos, pero sus poderes mudaron o mutaron. El gabinete está disperso y desdibujado. Así, el actual gobierno, hoy más que nunca, es el gobernador. El círculo de interlocución y opinión de Weretilneck se expande, entonces sus socios justicialistas pierden en esa generalización cuando regresan viejas relaciones. Pero, por personalidad, Weretilneck nunca sujeta sus decisiones a valoraciones ajenas. Igualmente, esa concurrencia desperdigada y heterogénea intranquiliza al PJ. Ese escozor derivó en la convocatoria y el crítico posicionamiento del Consejo partidario. En especial, el senador Miguel Pichetto presume que ciertas marchas tienen orígenes extraños. Su preocupación se acentuó cuando surgieron censuras frutícolas a su hijo, el ministro Juan Manuel. Creyó que el gobernador estaba detrás de esas reacciones. El espacio frutícola revalorizó su peso político a partir de que allí se originó el primer claro contraste entre Weretilneck y Pichetto. Ocurrió hace más de un mes, cuando el gobernador pensó un mecanismo estatal de comercialización (la vieja Corpofrut). El senador se opuso y paralizó aquel propósito. Ahora, por la suya, Weretilneck otorgó un subsidio de casi 43 millones a los productores, previendo una asistencia de 85 millones en el semestre. Lo negoció –en reserva– con la Federación y lo anunció el lunes. Anotició a Pichetto padre de su decisión recién la noche anterior. Lo mismo ocurrió con el ministro, que hoy intenta que esos desembolsos no afecten sus partidas de Producción. Sí lo habló con el titular de Economía, Alejandro Palmieri, pero lo hizo para informarle de la nueva necesidad de financiamiento. Esos recursos aparecerán porque desaparecerán de otras partidas, borrándose obras programadas, demorando más el pago a proveedores, reajustando gastos de funcionamiento o recortando planes de equipamiento (por caso, la compra de patrulleros). Weretilneck fuerza un análisis técnico cuando menciona un ahorro de 120 millones en el semestre. Habla del registro contable de superávit, cruzando los ingresos y los gastos contabilizados. Ese cálculo no equivale a la existencia del dinero. En concreto, el subsidio frutícola todavía es un financiamiento en elaboración. El gobernador tampoco pierde expectativas de que la Nación colabore, pero sabe que Pichetto ya no será partícipe de esa faena. El parlamentario está ocupado en otro intento importante: lograr que la presidenta Cristina Fernández modifique la carga tributaria del sector. El último capítulo frutícola reveló el estilo de Weretilneck en su naturaleza más pura, marcando su prioridad gubernamental y ratificando su ajetreo autónomo. Fue una clara esquela política. El viernes el justicialismo pidió interlocución y horas después el gobernador le respondió con más emancipación. También es cierto que él tuvo que explorar para conocer el pensar del PJ hasta que el miércoles almorzó con el senador y presidente del PJ. El proceso enigmático de Weretilneck incomoda a Pichetto. Ya no tiene precisión acerca de hacia dónde marcha cuando hasta hace poco sabía de cada traslación suya. La sospecha central radica en la relación que cultiva con Nación, especialmente a través del jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina. Este funcionario recibió al cipoleño para seguir con sus bosquejos de la expansión K, siempre con la original visión de la Casa Rosada. Una versión indica que la presidenta Fernández ingresó y, entre otros dichos, reivindicó en Río Negro el proyecto justicialista y a Pichetto. Weretilneck reaccionó y prometió afiliarse al PJ antes de que concluya el 2012. Más allá de esa especulación, el parlamentario sostiene fuertes vínculos presidenciales pero, por experiencia personal, sabe de fluctuaciones en el poder cuando llegan tiempos de internas nacionales. Antes, otro clima afectivo se advirtió en el almuerzo del mandatario y el senador. Igual no faltaron los análisis de cambios, medidas y proyecciones financieras. Nada está aún resuelto para Weretilneck, sólo que la impaciencia también lo alcanza. Este estado lo expone en sus reacciones. Algunos ya lo descubrieron. El ministro Jorge Vallaza afrontó una reprimenda por el proceso con los menores con problemas judiciales. El gobernador se ocupó de la seguridad del barrio Lavalle de Viedma, con reuniones puntuales, y se molestó con Vallaza frente al obstáculo policial que detectó a partir del celo de funcionarias de Desarrollo Social. Le cuestionó que su cartera no disponía de políticas hacia esos adolescentes pero, en cambio, se ocupaba de obstruir el trabajo policial. Esta ojeada después alcanzaría a las resoluciones judiciales. Dinamita la estructura heredada, pero la sostiene como peculiar tejido de poder. Acepta que habrá cambios, pero luego los relativiza. Así, sólo la formalidad conserva a Julián Goinhex en la Secretaría General, Oscar Rolo ya espera su baja de Fruticultura y, un mes después, Oscar Díaz continúa como presidente designado de Canal 10, al que todavía no arribó y tal vez nunca lo haga. Este esquema expone al mandatario en su mayor intemperie. La Legislatura aprobó la restitución de la zona desfavorable a unos 16.000 agentes. Esa recuperación sirvió a la negociación salarial con UPCN porque representaría una suba –en promedio– del 12% para julio. Pero no hay datos ciertos por la llamativa ausencia de información técnica que permita explicar y promocionar esta importante reposición. Esa cruda falencia fue patética cuando el secretario de la Función Pública, Sandro Chaina, concurrió a las comisiones legislativas. Esa carencia ya había molestado al gobernador cuando solicitó el número de cada tramo favorecido, el impacto salarial o cualquier precisión para decidir la progresividad de su aplicación. “No puedo todavía, pero ya voy a meterme en el análisis de la masa salarial”, asegura Weretilneck. Cree, otra vez, que la salida válida es su intervención personal. Ya ocurrió cuando hace dos meses se metió en la autoimposición salarial de los órganos de control. Finalmente en mayo el mandatario decidió restringir esa facultad. Fue un desafío oportuno y costoso. Pero lo curioso es que aquel límite no se formalizó porque la iniciativa –que buscaba celeridad y se elevó con acuerdo de ministros– no fue tratada en el recinto. El último trámite: fue reenviado al Poder Ejecutivo por reformas introducidas. Recién en agosto se podría tratar, mientras los controladores mantienen sus haberes brutos por encima de los 45.000 pesos. Lo peor es que la ofensiva restrictiva poco desanimó a los aludidos ya que el fiscal de Investigaciones Administrativas, Marcelo Ponzone, se autoasignó en la liquidación de junio un alza del 6%, ligándose al cronograma salarial de la Legislatura. ¿Sabrá Weretilneck de esa resolución? Posiblemente no. Hay ímpetu y esfuerzo, pero Weretilneck no puede ni podrá solo atar todos los hilos sueltos. Deberá diseñar y armar su soporte gubernamental. Su imagen electoral –como pregona– es buena pero, a diferencia de su creencia, no siempre estará desligada de los desatinos de su administración. Allí, además, es donde las sociedades suelen exponer sus humores volátiles.


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