Lisandro Aristimuño regresa “Eléctrico y de pie”

Con un show con toque más roqueros y movidos, el cantautor viedmense este fin de semana vuelve para cerrar en la zona el camino de “Mundo Anfibio”. Antes de su arribo a la región “Río Negro” charló con él sobre su presente y el disco que viene.

VUELVE

La infancia de Lisandro Aristimuño transcurrió bajo los cielos de la capital rionegrina y Luis Beltrán, en cuyo Festival Canales de Riego tocará este domingo (11/10). Este lunes (12/10) a las 22, se presentará en local bailable cipoleño ubicado a metros del puente carretero, con “Eléctrico y de pie”, tal el título de su propuesta para la región. Ahora termina de mezclar un disco doble en vivo registrado durante sus giras por la Argentina del 2012 al 2014 y sigue agotando funciones. Mientras todo esto fluye entre canto, instrumentos y programas, crecieron su pareja de veintidós años con Luz y su niña hija Azul de tres… “Yo creo que las cosas no son por casualidad. El inconsciente también habla mucho, tanto como lo sentimental. Yo dejo que todo eso lea mi cuerpo, me dejo llevar, soy muy impulsivo y muy sensitivo. Creo en el romanticismo, en las relaciones, en los amigos, en la familia. Y no por azar mi música es mi canal de expresión más fuerte. Cuando nació Azul, el disco se llamó ‘Mundo anfibio’ y tuvo eso de anfibio, de mutar, de que se me cambió la vida, del mundo acuático con el de la tierra”. “Me ha pasado con varios trabajos anteriores también, que van más adelante, como si fueran premonitorios, como que mi obra siempre me fue marcando señales. En el momento, no me doy cuenta que eso me está sucediendo o de lo que estoy creando. Pero después, va transcurriendo el tiempo y cada vez me dicen más cosas. Como si tomara un libro que ya escribí y me reconozco. Voy a ‘Ese asunto de la ventana’ (2005) y digo: ¡mirá esta frase! Entonces tenía 26 años…”. Antes de su arribo a Río Negro la charla con Lisandro florece en su nuevo estudio del barrio porteño Parque Chas. Afuera amenaza lluvia de primavera ventosa. Adentro, tibieza, tranquilidad, abrazos de reencuentro. “Eso me está enseñando un montón, marcándome un rumbo al que le doy mucha importancia porque también me ocurre con el público”. “Hay gente que recién está descubriendo canciones de mi primer disco del 2004 (“Azules turquesas”) y les pega alguna frase. Ahí pienso que las escribí de adolescente. Y me cuentan cosas que les sucedieron con sus hijos, que se las dicen a su mujer y se enamora… Es maravilloso lo que produce el arte. Yo, quizás, cuando empecé a sacar compactos no tenía noción de lo que producían al público y a mí mismo. Qué transformaciones. Y cómo también son atemporales, en un punto. Sigo buscando en el diccionario una palabra que antes usé para decir otra cosa y ahora la tomo para expresar otra bien distinta. Es la misma pero está adornada o musicalizada en otro contexto. En otra escenografía. El contexto cambia el uso de la palabra. -Este panorama te señala varias cuestiones: una es, responsabilidad… – Sí. Otra es miedo. – Sí, continuidad también. Siembra… – Te cuento algo que me pasó días pasados… Yo soy, lo sabés, muy melómano, colecciono discos. Estoy con los vinilos hace años. Miré la discoteca y pensé: esto le va a quedar a Azul. Me alegré por el material que va a poder escuchar. Por ahí, cuando sea grande, los vende, no se sabe… ¡Qué hermoso por lo que le voy a dejar, porque tengo discos muy buscados, difíciles de conseguir. – Señales tuyas que le quedarán. Ella te va a encontrar en tu música y en la que elegís para escuchar. – Nos acordábamos con la mamá que el primer tipo que Azul recordó no fue el protagonista de un dibujito, sino Paul McCartney. Cuando tenía dos años… Le pregunté si quería algo en la tele y me dijo: Paul McCartney. Y le puse no recuerdo qué vinilo de él para que lo escuchara. Yo, lágrimas… ¡No podía creerlo! Hace poco puse a Charly sin decirle nada y me dijo: Charly García. Ya reconoce su voz. – Y un día, se reencontrará –parte de tu herencia- con tus discos, con cosas que no conoció de vos, momentos que le quedaron como interrogantes. – ¡Absolutamente! Ahí estoy yo, va a leer ahí, sí. Va a encontrar cuestiones que, gracias a la escritura y a la música, pude decir, sacarlas… A veces me siento muy extraño porque la mayoría de la gente que me escucha, me conoce más que un amigo, a través de mis canciones. Ahí está todo. Me encuentro con un familia que viene al camarín llorando y me cuenta que su hija se salvó con tal canción y cosas así. Yo les digo que no, que no hice eso, no puedo creerlo… O me presentan a su mamá y me comentan que estaba enferma y le ponían mis discos. Ya como si fuera un santo. No, no, no… Les aclaro que la música es solo eso. Un flaco me muestra una frase mía tatuada en su espalda, “mutar para ser mejor”, “la buena noticias sos vos”… No sé. Primero me da un miedo enorme porque es muy complejo hacerme responsable de esas reacciones. Simplemente agradezco. Ignoro en otros países, pero entre nosotros hay mucha pasión, mucha idealización en el sentido de salvación. Yo recibo todo el tiempo correos diciendo: ¡me salvaste! Me traen regalos, como ofrendas. Atino a decirles que no pensé en ellos cuando hice esa canción. – Las dos frases que acabás de decir, servirían hace veinte años y en el futuro, para un adulto o un joven, mujer u hombre, para alguien que ha perdido, para otro que ha ganado… Funcionan. Son herramientas afectivas. – Del alma, sí. Involuntariamente. Y si le sirven a Azul, me haría muy feliz. Que yo no esté más y acompañe a mi hija con mis canciones, es uno de los premios más grandes que me dio la música. La dedicación que le doy a lo musical, me la devuelve con el hecho de seguir amando sin estar. O acompañando a alguien. – También aparece tu presencia, tu modelo de trabajo, tu ética, tu estética, tu forma de arreglar, el uso de los sonidos, cuando producís a otros. Escuchando “Superamor”, el último disco, que elaboraste para Fabiana Cantilo, es más ella. Más expresiva, más profunda, muestra su mirada sobre cuestiones humanas de un modo más integral que en sus discos anteriores. – Sí. Hay un concepto definido. Cuando produzco, acompaño también el estado de la persona. Fabi está hace unos tres años, limpia, sin drogas, va a terapia, practica yoga. Transita un mundo, si querés, más espiritual. Entonces, cuando comenzamos y le pregunté qué necesitaba decir, fue muy clara su respuesta. En un aspecto, fui un acompañante y arreglador de lo que ella quería. Le presto mucha atención a lo que quiere el artista cuando me convoca como productor o arreglador. No podría hacer algo que yo quiero. Sería como regalarle a alguien lo que vos querés… El productor suele pecar de eso, quiere ganar un premio, vender. Un año tardamos. Hubo momentos de terapia no musical, de charlas y charlas, peleas, llantos, risas… Yo, personalmente, con ese disco puedo decir que soy productor. Estuve en muchos rubros que antes desconocía. Me hice cargo y lo terminé con mucho orgullo, lo quiero muchísimo y a Fabi también. Aprendí a quererla un montón y ahora es una amiga. Lo tomé porque la admiro desde chiquito, en Viedma. Sabía que ella tenía algo así para dar, eso es lo increíble. En sus compactos anteriores, los temas que más me gustan son los más expresivos, incluso lentos. Siempre pensé que algún día me encantaría laburar con esta mina. Esas cosas de la vida… – Como imaginarías llenar el Gran Rex, con entradas agotadas semana antes, y ya lo hiciste. – Eso es la gente, para mí. Mi forma de actuar está muy abierta, muy expuesta, entonces el público sabe que estoy haciendo, cómo es el proceso. Tiene mucho criterio y defiende mucho eso, lo cuida. Me siento muy cuidado, pero muy… Todos los días, con mi equipo, trabajo para mantener la coherencia, el no venderse, no transar y seguir haciendo en la originalidad, en lo que producen mis sentimientos. Hace tres años saqué “Mundo anfibio” y ahora estoy armando un doble en vivo, con versiones de todos los discos que hice. De a poco voy componiendo de nuevo, porque también tuve una hija que es una gran composición y un gran álbum (sonríe Lisandro). Me di tiempo para ella y ahora que es un poquito más grande, volví a tener mi espacio y a ver cómo encaro otra vez mi forma.

Eduardo Rouillet

Disco doble y autocrítica

Lisandro Aristimuño está casi terminando de mezclar, de armar -siempre hay un detalle más que tocar- un disco doble en vivo registrado durante sus giras por la Argentina del 2012 al 2014, de pronta salida. Tarea que del rionegrino define como muy difícil. “No grabé todos los conciertos, pero sí la mayoría”, asegura. – Dos años de música con cambios. – Integrantes, cantidad de público -se nota que hay más y menos-. Fue elegir entre ciento diez versiones de todos los temas que allí toqué. De esos extraje veintidós para armar este doble. Fue un trabajo de monos porque estuve horas y horas escuchándome, encima que no me gusta oírme… Pero tenía ganas de hacerlo. Había un material ahí que si no iba a quedar en archivo y quizás saliera cuando yo no estuviera más acá (en la vida). Y lo sacara mi hija ya grande. Tenía ganas de verlo, de producirlo yo, no quise dejarlo colgado en el tiempo. Hubiera sido un rico vino, quizás, en su momento… Pero decidí hacerme cargo de la autocrítica que supone escucharme en vivo y poder analizarme. Porque imaginate la cantidad de errores que vi, míos y de la banda. Me sirvió mucho para los vivos de ahora, corregí un montón de cosas que no me había dado cuenta tocándolas, tenía que oírlas. Yo me hacía el vago y no las veía hasta que me encontré con tres discos rígidos con una enorme data para escuchar. Ahí estuvo el análisis que hice y creo haber sacado las canciones que mejor interpreté entonces. Busqué la interpretación más que nada. – Una de las claves de tu música. – Sí. Y también la versión. O sea, puse la menos igual al disco original. – ¿Es una buena foto tuya, este doble? – Sí, sí. Para mí es una época fuertemente marcada. Y es como una fiesta además, ahí está la gente cantando. Mucho rock tiene también, es muy carnal. Se nota que estamos tocando con mucho sentimiento, dándole al público como un gracias todo el tiempo, entregando todo. Y como son versiones, lo lindo es que hasta que no empiezo a cantar no sabés qué tema es. Hay introducciones largas, temas de once minutos que dejé tal cual. (ER).

Con Caupecu Macho grabó “Para vestirte hoy” y también actuó en el video del tema.

Recuerdos cercanos

El barrio “El Rosedal” es un conjunto de casas ubicado a la vera de Chapleaux, principal calle de ingreso a Luis Beltrán, que no ha cambiado casi nada con el paso de los años. Allí a principios de los 80 se asentó la familia Aristimuño. Y en ese lugar nació la profunda amistad que une a Lisandro Aristimuño con Verónica Martínez. Él ahora es un reconocido músico a nivel nacional e internacional, y ella odontóloga que se desempeña en el hospital de Lamarque. Al recordar aquellos años Verónica no puede evitar dejar que se le escurran mientras habla las sonrisas. “Hicimos toda la primaria juntos. Lo conocí cuando comenzó primer grado, que había llegado con su familia. Pero -además- vivíamos en el mismo barrio, por lo que pasábamos mucho tiempo juntos” sostiene. “Siempre me acuerdo que le sacábamos los casetes originales a sus hermanos, por ellos siempre compraban. Así escuchamos a Charly García, al “Flaco” Luis Alberto Spinetta y Fito Páez. En esa casa se respiraba arte por el padre, por los hermanos” recuerda. El vínculo de amistad, a pesar de la distancia, cuando Lisandro se fue hacia Viedma y luego tomó otros rumbos, nunca se cortó. A su vez, Juan Pablo Apud, profesor de educación física, recuerda “fuimos al colegio juntos. Y siempre me acuerdo que mientras nosotros escuchábamos Los Parchís o ese tipo de grupos infantiles Lisandro ya escuchaba Queen o bandas que nosotros no teníamos ni idea de que eran”. Lisandro, como le dicen en la ciudad, es un hijo entrañable de la comunidad. De hecho fue nombrado padrino de la Fiesta de los Canales de Riego, y es por eso que hoy subirá al escenario para tocar gran parte de su repertorio que lo llevó a ser en pocos años una de las figuras emblemáticas del rock independiente argentino. De hecho, sostuvo Juan Pablo Apud, los ayudó en esta ocasión a traer a parte de los artistas que se presentan como la banda Catupecu Machu, grupo con el que grabó este año el tema “Para vestirte hoy”. Lisandro transitó la primaria en las aulas del colegio 11, en el centro de la localidad. Su recuerdo aún es imborrable para todos. Tranquilo, de carácter afable y sobre todo con una profunda alma artística, herencia de una casa donde la expresión, la música, se respiraba en cada momento.

Verónica Martínez, una amiga de siempre.


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