Litto Nebbia,

Protagonista de la leyenda que dio inicio al rock nacional, el artista rosarino gira por estos días en la región y habló con “Río Negro”.



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Son las once de la mañana del jueves. En el apacible patio interno de un coqueto hotel en las afueras de Roca, un turista gruñón le presenta pelea a la tecnología. Discute con una notebook sobre el envío de un documento por correo electrónico. De bermudas y camisa de verano, el turista nos recibe, se disculpa y nos pide unos minutos hasta resolver el asunto pendiente con su máquina. Esperamos. El fotógrafo y yo. Afuera la vida sigue.

¿Por qué se supone que vamos a visitar a un turista en un hotel de Roca? ¿Qué hizo ese hombre común por el que nadie parece interesarse a esa hora de la mañana? Ese hombre se encerró junto con José Alberto Iglesias, alias Tanguito, alias Ramsés VII, una imprecisa noche del invierno de 1967, en el baño de la Perla del Once y dio los primeros pasos de “La Balsa”, el primer hit de lo que después se llamó rock nacional. Eso hizo ese turista cualquiera. Por eso estamos ahí. Litto Nebbia (Rosario, 1948), hizo que el rock nacional exista, o al menos eso dice la historia oficial que hizo. ¿Lo hizo? Sí, lo hizo.

El hombre que compuso los primeros éxitos comerciales del rock nacional, que grabó cerca de cien discos en toda su carrera y que produjo a otros cientos de artistas, entre otras cosas, aún sigue girando. Un puñado de los noventa o cien recitales que hace por año, ocurren por estos días en la región, de Cutral Co a Las Grutas. Cuando por fin dominó a la máquina, Litto Nebbia, habló largo y tendido con “Río Negro”.

“Yo voy a tocar a cualquier lugar donde se pueda ir. Lógicamente, necesitás gente allí que organice la producción, sobre todo cuando los lugares son tan retirados y es muy costoso mover una banda. Me gusta llegar a los lugares donde hay gente que le gusta lo que hago, pero tenés que ir vos. A veces se da, como se da acá, que conozco algunos músicos que tocan bien, que hay afinidad entonces venís y te encontrás que tocás en seis, siete lugares. Un día se nos ocurrió que podíamos venir para acá y en un año y medio vinimos cuatro veces. Y es increíble la cantidad de lugares que hay”.

Acá, en el Alto Valle, Litto Nebbia se encontró con ese tipo de gente de la que habla. Se encontró con “Partamos de la base”, un grupo de músicos y colaboradores que arma giras por la región y son la banda soporte llegado el caso. Y con Nebbia es el caso. Ellos son el gran bajista Gustavo Giannini, el baterista Julián Cabaza y Mauro Liciotti, encargado de la logística y los contactos. Ya trabajaron con Willy Crook, El Soldado, Ricardo Soulé (Vox Dei), Claudio Gabis (Manal) y, por cuarta vez en un año y medio, con Nebbia.

“Esta manera de desarrollar la música es la manera en que la hice siempre, no sólo en este tiempo. Esto de salir y viajar lo hago desde los 8 años con mis padres que eran músicos ambulantes. No existía en esa época eso de que tengo un demo o te dejo mi dvd. Íbamos a tocar a los lugares y si la compañía gustaba nos volvían a contratar más adelante. Así salía el trabajo. Mi viejo cantaba melódico, mi vieja tocaba el piano, mi tío hermano de mi vieja era el mago y ventrílocuo, y yo era niño precoz que salía en el medio y cantaba y tocaba la guitarra. Si vos les gustabas a los de la comisión del club del pueblo, te pagaban unos mangos y te contrataban para otra actuación: ‘Venga el mes que viene’, te decían”. Ese es el origen artístico de Litto. Eso hizo siempre. eso hace ahora.

***

Primero fueron los Wild Cats, luego Los Gatos Salvajes y por fin Los Gatos. Entre los Wild Cats y Los Gatos Salvajes ocurre algo más que la traducción al castellano del nombre de las banda. Ocurre el ingreso de Litto Nebbia a la formación. Estamos hablando de 1963. “Entré a Los Gatos Salvajes porque al cantante de la banda, que era onda Presley, le tocaba la colimba. Y cuando entré les empecé a mostrar mis canciones que eran en castellano. No había nadie que tuviera temas propios. Nosotros sí. Componer y cantar en castellano fue natural para mi. No significó ningún cambio. Empecé a componer a los 12 ó 13 años. Los Gatos salvajes ese el primer disco en castellano de rock, año 1965. Las hice en mi idioma, en el idioma que escribo todo”.

“En el negocio de la música de entonces decían que no se podía cantar rock en castellano, que no era un idioma lindo para componer buenas canciones. Un día nos contrató un programa que llevaba bandas que cantaban en inglés: Los Shakers, Los Mokers, Los Larkins, donde ya tocaba Luis Alberto Spinetta. Nos presentaban como la rareza que cantaba en castellano. Era un paso inevitable cantar en castellano”.

Cierta historia cuenta que fue idea de un mexicano que era el director de la RCA Víctor Argentina de aquel momento, comienzos de los ‘60, y que decidió importar lo que ocurría en su país que a su vez ya funcionaba en Estados Unidos: bandas de jóvenes repitiendo clásicos de rock’n roll. Así nació El Club del Clan, movidos por el éxito de Enrique Guzmán y los Teen Tops, que cantaban los clásicos mal traducidos al castellano. Los Gatos Salvajes también cantaron en castellano, pero sus propias composiciones. Fue el comienzo del rock argentino. O Nacional.

– Cuando Los Gatos Salvajes comienzan, también están comenzado Los Beatles…

– Era muy original todo, porque no había nada. Todo se estaba haciendo al mismo tiempo. No hay beat en los temas de Los Gatos Salvajes ni en Los Gatos. Hay mucho de tango y bossanova. Yo llevaba desnuda la canción y con los músicos le agregábamos el resto de los instrumentos.

– El estilo de Los Gatos es muy poco roquero.

– ¿Qué es ‘Viento…’? No es rock, no es jazz, es una canción con ciertos materiales locales. Aires de tango, de folclores, bossanova…

– ¿Qué lugar crees que tenés en la historia del rock nacional?

–Por una cuestión de destino fueron Los Gatos Salvajes con canciones que hice a los 14, 15 años. Eso es así. Pero yo estoy haciendo siempre cosas nuevas. No me quedo aferrado a lo que hice en algún momento de mi historia artística. Soy un compositor que desde pequeño ha tenido condiciones y que mis viejos me enseñaron. Hay una serie de músicos que me quieren mucho y que hablan exageradamente bien de mi que son Andrés Calamaro, Fito Páez, Charly García, Leo García, Spinetta mismo. Pero el rock es muy grande, tampoco voy a estar esperando que Miranda hable de mi. Los que hablan bien de mi lo sostienen con su música y con cosas mías que realmente les gustan.

– ¿Y cómo ves tu música en la historia del rock?

– Hoy nadie pasa música que esté por fuera de la industria. Ninguno de mis discos tiene difusión alguna. Salvo algunas notas de periodistas amigos que les gusta lo que hago. Sé que hay muchísima gente que no sabe lo que hago, incluido músicos. Pero es comprensible que ocurra eso. A partir de Los Gatos y de todo que la banda generó, RCA, donde grabábamos nuestros discos, inauguró lo que se llamó Departamento de Música Joven. Ya estaba el Departamento de Tango, donde Goyeneche se reunía con directivos, Departamento de Folclore donde aparecía José Larralde. Se cuidaba el negocio. Los músicos participaban. Ahora no existe más eso. Ahora se saca siempre lo mismo porque se suponen que funciona.

– Ninguno de los grandes músicos de aquellos años fue protagonista de la industria de la música. Pienso en Moris, Willy Quiroga, los Manal…

– Es cierto eso. Nunca las cosas que hicimos los de nuestra generación fueron respaldadas por la industria de la música ni por el show business. Creo que hay algunas respuestas. Por caso, cada vez más las discográficas y la industria musical se ufanan de ser creadoras de estilos, movimientos y sonidos y nosotros no somos el tipo de artistas manejables. Tenemos nuestra propia capacidad artística. Los autores no transan. Siguen haciendo su obra. Nosotros hicimos el primer disco de los gatos y fue un éxito de ventas impresionante, pero no estuvo nadie en el estudio a la hora de la grabación. Nosotros produjimos eso, nosotros inventamos eso. Si yo invento eso por qué tres años después va a venir un tipo que me diga ‘haceme un temita que suene así…’ Yo no lo hago. No lo hice nunca.

– ¿Cómo ves el rock ahora, su evolución?

– A mí me aburre el rock, armónicamente. Pero estoy trabajando con bandas como por caso Los Reyes del Falsete, que les gusta el mersey beat de los ‘60: los Hollis, los Animals, los Kinks. Vamos a grabar canciones de esa época con estas bandas y las vamos a incluir en dos CDs que va a acompañar un libro que estoy escribiendo con Marcelo Gobello que se titulará “British Invasion and Psicodelic years. Raices del rock Internacional de los años 60”. Irá acompañado dos CDs con 50 canciones del mersey beat de los ‘60 interpretadas por Los Reyes de Falsete, Gonzalo Aloras, Leo García, Los Pels, La Perla Irregular y los Mersey Mustards, de Córdoba.

– ¿Cuál es la base del rock argentino?

– Para mí, la canción urbana. La base de esa canción urbana, de esa letra y música de algo que pasa en la ciudad, de su amor, de su dolor, de su alegría, que sería una continuidad del tango. Eso es el rock argentino. Después le ponés la guitarra eléctrica, la batería. Pero la hacés en función de esa canción base. Podés ponerle cierta climática de folk, de estilos más o menos duros. La fusión, la mezcla vale, pero son canciones con la temática del tango ciudadano. Yo no me voy a poner pelo negro hacerme el Bo Didley para hacer blues.

En un momento, Litto Nebbia vio la película de su vida. Vio un galán de prolijo pelo corto, vio en Los Gatos una marca registrado y no un espacio artístico, vio La Balsa reproducida hasta el hartazgo, vio contratos, vio millones, vio la mansión en Miami. Vio todo eso, pero no vio libertad para hacer la música deseada. Vio a sus viejos, Se vio a él a los ocho años. Vio eso y se bajó

– Fuiste un artista de la escena comercial, pero diste como un paso al costado.

–Siempre hice la música que me salió. Quiero decir, nunca compuse nada para sonar a la moda. Los Gatos fue un grupo de música de nuestra adolescencia que inauguró un estilo y una estética que no existía: cantar canciones propias y en castellano.

Los Gatos duraron lo que tenían que durar. Hubo un recital en el Luna Park donde tocamos, juntos, Los Gatos, Almendra y Manal. Y después de eso nos separamos los tres grupos. De ahí salieron media docena de bandas porque la idea de que el compositor del grupo o el guitarrista quiere hacer otras cosas. Eran separaciones porque musicalmente los músicos buscábamos hacer cosas distintas de los otros. No por la industria. Yo era un tipo movedizo, que quería crear fusiones todo el tiempo, hacer arreglos, tocar con otros músicos. Los Gatos (disuelta en 1971) no tenía una posibilidad de otro disco más. Si lo hacía era sólo para mantener el kiosquito.

– Pero era una época donde las bandas producían mucho en poco tiempo.

– En tres años sacamos cinco discos y un sexto que quedó a mitad de camino. Grabamos el primer disco que salió en junio de 1967 y que incluía La Balsa, a los dos meses ya teníamos cocinado “Viento dile a la lluvia” y estábamos haciendo el disco nuevo que salió a fin de ese año. Era un disparate. La Balsa fue un exitazo y en seis meses lo estábamos reemplazando por otro como fue “Viento…” El negocio de entonces era otro en este sentido también: sacamos primero el simple de La Balsa que vendió 250 mil copias y después salió el álbum que incluía La Balsa y vendió otros 100 mil. Entre disco y disco salían a la venta los simples. El simple de “Viento…” vende 150 mil copias.

– Duraban poco las bandas pero también se producía mucho.

–Sí, estabas todo el tiempo de gira, ensayando, componiendo, grabando y así. La edición de simples nos llevaba a componer todo el tiempo.

“Para los cretinos de la industria parece que de Pescado Rabioso para acá yo no hice nada”, se quejaba hace algunos años Luis Alberto Spinetta. De Los Gatos para acá, ¿qué hizo Litto Nebbia? En el 71 graba con Domingo Cura y fusiona rock y folclore. Funda Huinca y luego Litto Nebbia Trío, donde incursiona en el jazz. En el 75 produjo a Pastoral. En el exilio en México grabó otro clásico, “Solo se trata de vivir”. A la vuelta, en 1982, se une a Los Músicos del Centro, agrupación cordobesa. Funda Melopea, donde edita rock, tango, jazz y folclore y se edita sus propios discos, que serán cerca de 100 hasta hoy. En 2006 grabó y produjo el disco de Andrés Calamaro, El Palacio de las Flores, y actualmente produce el nuevo trabajo de Leo García. Su actual banda, Aire Fresco, la integran Daniel Homer en guitarra, Daniel Colombres en batería, Leopoldo Deza vientos y Litto piano y guitarra.

***

Son casi las 12 de la noche del viernes. Aquel turista de la mañana anterior ingresa en silencia a un resto bar de Roca. Saluda a la gente de la entrada y por costado del local camina hacia el escenario. Bajo el brazo lleva unas carpetas con partituras y letras. El turista parece que esa noche va a tocar. Y toca. Lo van a escuchar un puñado de personas que llenan las mesas del lugar. Algunos son contemoranes, otros no. La mayoría conoce su obra.

La primera canción es “Cuando yo me transforme”. No es azar. El turista se transforma. Lo que sigue “Ayer nomás”. Es Litto Nebbia. Siempre lo fue.

– ¿Qué decidís mostrar cuando tocás?

– Yo no tengo armado nada. Voy viendo qué tocar en el momento. Si hago una especie de bosquejo general de cuales son las seis o siete cosas por las que se ha desarrollado mi trabajo. Voy de la guitarra al piano y viceversa. Toco canciones de distintas épocas.

– ¿Qué imaginás que espera la gente que va a verte?

El público es una mezcla. Hay un público que me sigue en los discos y que espera que yo toque lo se me da la gana y ese público está mezclado con otro que me conoce de nombre y espera que toque La Balsa. Es normal en cualquier artista. Yo toco esas canciones muy conocidas, no tengo problemas.

El show de Litto Nebbia atravesó su extensísima carrera. Comenzó solo en el teclado, siguió solo pero con la guitarra y terminó alternando guitarra eléctrica y teclado, pero magistralmente acompañado por el bajo de Gustavo Giannini y la batería sutil de Julián Cabaza. El cierre fue rockeado, jazzeado y bluseado. Dejó para el final el primer hit del rock nacional, “La Balsa” y la épica “Quien quiera oír que oiga”.

Hoy, cuando caiga la tarde, Litto Nebbia tocará en Cipolletti, gratis y al aire libre, en la Plaza San Martín, en el centro de la ciudad. Será el cierre de la primera noche del Verano Cultural de la ciudad. Allí estará, una vez más, subido a un escenario, como antes, como siempre. El que hizo posible que existan todas esa canciones que habitan nuestros mp3. Es Litto Nebbia. El hacedor.

Viene de la página 39

Sigue en la página 40

César Izza

juan mocciaro

jmocciaro@rionegro.com.ar


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