Llega Ana Prada: “somos esta milonga que nos tocó bailar”
La cantautora uruguaya se presenta este viernes y sábado en Estación Araucanía. Una entrevista de Eduardo Rouillet.
ESPECTÁCULOS
Por Eduardo Rouillet
Ana Prada, la cantautora uruguaya, cantará este jueves en Neuquén y el viernes 20 y el sábado 21 llegará a la Estación Araucanía junto a los músicos Juan de Benedictis (guitarra y voces) y Ariel Polenta (teclados).
– En tus tres compactos, una palabra se repite, soy, aportando su granito en la permanente búsqueda humana del ser.
– Todo empezó con un “Soy sola” con varias interpretaciones, en realidad. Ese fue mi primer trabajo solista cuando venía en la música desde hacía años en proyecto grupales, con el cuarteto La Otra, con Rada, Daniel Drexler, un montón de gente; y estudiando psicología al mismo tiempo. Parte de la búsqueda… Por más que uno aborde esa carrera para ayudar a los demás, es imposible no autorreferenciarse todo el tiempo al formarse en la psiquis y los estados del alma. Entonces, fue lisa y llanamente una tarea solista, después una situación relacionada con un dicho campero que acá (en Uruguay) se dice mucho en el cotidiano: ¡Ay m’hijita, yo soy sola y no puedo hacer tal cosa o tal otra!
Pero lo que más me gustaba era que a través de la música y de mis primeras composiciones, yo empezaba a encontrarme, a rescatar o a franquear puertitas dentro de mí, que nunca había abierto hasta ese momento. Mi primer disco tuvo mucho que ver con mis paisajes de infancia, con los territorios sonoros de mi Paysandú natal, de mi río o de mi campo, no porque fuera propietaria sino por sentido de pertenencia a lugares con verde, abiertos. Yo viví mucho en la campaña porque mi padre es ingeniero agrónomo y allí trabajaba. Rodeada de esas cosas, empecé a abrir puertas relacionadas en algún punto con mi exploración personal.
Y además, bueno, “Soy sola” toca algo que todos somos: solos, la unicidad de cada uno de nosotros. Esa eterna búsqueda que, mediante el amor, el enamoramiento, la unión con otro ser, nos acerca a dejar de ser uno solo. Yo no soy madre, pero quizás tener el bebé en la panza, también arrima a romper esa unidad. Pero, en verdad, es imposible, somos uno, esto que nos tocó ser, esta milonga que nos tocó bailar.
– Múltiples sentidos, además de los tuyos, que pueden interpretarse según las vivencias de cada uno.
– Sí. Para el cancionista o el cantor que lleva la palabra más o menos poética, es muy interesante y muy lindo cuando las canciones que uno suelta al mundo, que da a luz, de alguna forma, son tomadas por otros que leen algo totalmente diferente a lo que se quiso decir en el instante original. Eso que da la poesía, la poesía cantada, las canciones, permite dejar desplegadas un montón de cuestiones para que se interpreten en función de lo que otro esté viviendo o le ocurra en el momento. Incluso a mí misma.
A lo largo de la vida, me han pasado una parva de cosas, algunas muy buenas y otras muy duras, y muchos temas se me redimensionaban en el sentido que tenían al escribirlos. Por ejemplo, “Adiós” nació por una separación amorosa, ¿no? Y cuando falleció mi madre, hace un año y medio, la cantaba en vivo y debía hacer un esfuerzo bárbaro para no quebrarme porque se me ubicó en otro ámbito diferente. Nunca había vivido un dolor así, tan grande, tan importante… Creo que lo bueno de las canciones, lo que uno más quisiera en el fondo, es que puedan ser tomadas, releídas, reinterpretadas según la persona que escucha. Más allá de lo que, doméstica o estrictamente, tenga que ver con mi propio mundo, con mi propio ombligo. Que tomen un vuelo distinto y puedan crecer. Uno la pone y la canción leuda según el oyente, se expande en su contenido.
– Conocés a los músicos-compositores uruguayos con los que has cantado y no son poetas -estás incluida- de desperdiciar palabras.
– Creo que en Uruguay hay una gran exigencia en ese sentido. No para todo el mundo, hay de todo como en cualquier parte. Quizás, por lo pequeños que somos y la poca población que tenemos, ha surgido un movimiento de cantautores con un grado de requerimiento bastante alto, digamos, en cuanto al respeto de la palabra, de la poesía y lo que se trata de decir. En mi caso, soy más intuitiva a la hora de componer, me han salido canciones que no sé si las pensé mucho… Pero sí, he pensado, una vez terminadas, qué quiero decir y muchas veces -como hemos jorobado con Carlitos Casacuberta, productor de mi primer compacto- apliqué la podadora de metáforas. Lo que ya se dijo no hay que repetirlo una y otra vez porque estropea lo que estuvo bien dicho.
Hay un trabajo, sí, importante en Uruguay con eso y justamente porque somos muy pocos y buscar cada uno el sello personal, la forma de hacer de modo cuidado las cosas, es muy demandante porque no hay mucho lugar, tampoco, como para tantos. El listón es muy alto, en ocasiones. He compartido escenario con Fernando Cabrera, un enorme e impresionante poeta… Tengo que escuchar diez veces sus discos para terminar de entender la profundidad de sus canciones y de sus letras. Él ha sido un referente para las nuevas generaciones, un espejo en el cual mirarnos, al que es muy difícil llegarle a los talones. Como le digo yo: ¡por favor Fernando, no podés escribir así! Jaime (Roos), en sus comienzos, es otro. Ahora es popular y todo lo demás, pero cómo escribía este hombre, qué bueno, por algo llegó donde llegó… Su poesía es tan popular como elaborada, muy profunda, la fotografía nuestra del Montevideo urbano.
DeBariloche
ESPECTÁCULOS
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora