Lo que sigue
Para el gobierno, Pereyra tuvo 40.000 votos que fueron prestados.
Héctor Mauriño vasco@rionegro.com.ar
Como en un hormiguero pateado, en el gobierno neuquino todavía están tratando de establecer los motivos de la derrota, la forma de reparar los daños y la estrategia para que este mal trago no se repita del todo en las legislativas del 27 de octubre. Lo primero que hizo Sapag fue reunir a la tropa. El lunes, cuando todavía lastimaba fuerte la derrota infligida por Pereyra, el gobernador convocó a una reunión de gabinete ampliada para reafirmar su liderazgo. “Fuimos elegidos para gobernar hasta el 2015”, recordó y descartó de plano cualquier cambio en su equipo. Después se dedicó a apagar el foco de incendio creado en la Legislatura por el rechazo al acuerdo Neuquén-YPF para la explotación del yacimiento Loma Campana. Para desmontar el cuestionamiento que amenazaba con hacer naufragar el convenio de fondo entre Chevron y la petrolera reestatizada, Sapag hizo bajar a su principal alfil, el ministro de Energía Guillermo Coco. Un hombre que, dicho sea de paso, ha quedado en la primera fila de los herederos. El ministro fue convincente y desmontó las sospechas de los diputados de la oposición. Inclusive, les dio una mano a quienes, a pesar de estar con el gobierno, necesitaban razones de peso para justificarse ante la tribuna. En una declaración aparte, Coco dejó en claro que para el gobierno el espinoso asunto de Chevron fue uno de los motivos de la derrota. “Creo que el acuerdo no llegó en buen momento y que el candidato de la lista B lo aprovechó muy bien. Es más fácil denostar el acuerdo que explicar de qué se trata”, sintetizó. También acertó al pintar el clima creado en torno al tema cuando precisó que “quedamos en medio de un fuego cruzado entre algunos medios nacionales y el gobierno nacional”. En el gobierno piensan que este asunto, sumado al incendio del pozo en Plottier, contribuyó a que se esfumara una parte de los votos. Más aún, no lo dice ni lo dirá públicamente pero por lo bajo da rienda suelta a su paranoia al deslizar que el incendio y el derrame de la última semana, todo al mismo tiempo en medio de una campaña, “fue demasiada casualidad”. Tampoco lo reconocerá en público, pero es un hecho que subestimó a su adversario. Al parecer el tema de la senaduría estaba planteado entre Sapag y Pereyra, pero cuando el petrolero se fue con Moyano se volvió impracticable para el gobernador, alineado como estaba y sigue estando con el gobierno nacional. Así las cosas, Sapag habría intentado convencerlo al “Caballo” de que fuera diputado y, como eso no resultó, de que se presentara por un partido satélite. “Así sacamos tres senadores, Guillermo”, le habría dicho. Pero Guillermo no quiso saber nada y entonces Sapag, en lugar de advertir lo peligroso del adversario, tornó a pensar que lo terminaría aplastando. Ahora ya se sabe que no fue así. También se sabe que Guillermo usó un enorme aparato, mayor que el del Estado emepenista, para lograr su objetivo. Y que ni Sapag ni Pechen parecen haber hecho lo necesario para neutralizarlo. Se sabe, además, que el petrolero obtuvo el apoyo del sobischismo y que eso jugó un papel importante en su triunfo. Sobisch, es cierto, ya no cuenta con una fuerza de peso en el partido. Pero ha conservado una capacidad de daño importante. Él mismo, como presidente del MPN, no fue pieza de Pereyra, pero sí muchos de sus antiguos laderos resentidos con un Sapag que no les dio cabida nunca. Justamente uno de ellos confió cómo fue su venganza: “El ‘Caballo’ puso la plata y nosotros el cómo”, se ufanó. No sólo el cómo, el sobischismo también le prestó a Pereyra su discurso, ese que pregona que “Nación no nos paga lo que debe por nuestro gas”. Una milonga que podrá ser falaz o no pero contribuyó sin duda a dejar pegado a Sapag y a su candidata con el gobierno nacional, justamente cuando el humor de buena parte del electorado le es adverso. La cara de satisfacción de Sobisch al recibir a Pereyra el día siguiente de su victoria fue por demás elocuente. Un aspecto de la derrota en el que hacen hincapié los sapagistas es que hubo un caudal importante de votos que fueron “de pasadita” a Pereyra pero pertenecen a otras fuerzas políticas. “Pechi” Quiroga, reposicionado como candidato a gobernador por un “Caballo” que asusta, apeló a una metáfora futbolera para abonar esa tesis: “La interna del MPN fue como un Boca-River, muchos fueron a votar en ella porque era el partido más interesante, pero en octubre cada uno lo hará por su propio partido”, apuntó. Para el gobierno, de los casi 200.000 votos que sacó el MPN (60% del total) unos 40.000 son de Nuevo Compromiso Neuquino, Une y Libres del Sur. Esta vez fueron a Pereyra en devolución de gentilezas por los servicios prestados en la elección municipal de junio, pero en octubre volverán a sus fuentes. Es que en junio, Libres había sacado 19.000 votos en la capital y ahora sólo obtuvo 5.500. Y NCN, que juntó 34.800 con Schlereth, ahora sólo alcanzó los 19.400 (sumando Inaudi y Kreitman). No por nada en el gobierno advierten que “será muy difícil que el MPN repita el 60% en octubre”. Lo que en el sapagismo tampoco dicen ni dirán jamás es si en octubre ellos van a contribuir a la fuga de votos hacia otras fuerzas políticas. Pero se sabe que en el MPN históricamente el mayor temor después de cada interna es que el perdedor ponga los huevos en otra canasta. Ocurrió con Felipe Sapag, con Sobisch y puede ocurrir con Sapag. De hecho, que Pereyra siga tirando piedras al tejado del gobierno no contribuye a lo contrario. En todo caso es de prever que este Sapag, limado como ha sido por Pereyra, le pague con la misma moneda. Eso aunque más no sea por autodefensa, porque si Pereyra hace en octubre una performance como la del domingo, será candidato puesto para el 2015 y Sapag no sólo tendrá que archivar la re-re sino que se las verá en figurillas para imponer un delfín. ¿Qué pasa en la oposición? Si se da por sentado que en octubre el MPN se llevará dos senadores, entre los opositores el horizonte es el de una disputa cerrada entre varias fuerzas por el tercero. Todo indica que el domingo fue más fuerte el voto anti-K que el K. Pero en octubre ese voto estará dividido entre NCN, la lista de Benítez y Libres del Sur, el peronismo no K y la izquierda. El Frente para la Victoria, en cambio, será la única lista K. Pero su performance del domingo no fue buena y, de cara a octubre, no parece tener otro pozo donde abrevar que no sea el del MPN sapagista. Las elecciones de mitad de mandato suelen ser adversas para los gobiernos nacionales como provinciales, pero eso no quiere decir que no puedan remontar en las que se eligen presidentes y gobernadores, donde la gente vota diferente. El problema es que tanto Cristina como Sapag están imposibilitados de repetir y hasta ahora tampoco cuentan con herederos firmes. Por lo pronto, Sapag estuvo el miércoles con la presidenta y cuando volvió sugestivamente empezó a hablar de nuevo de Chihuido, una promesa incumplida que de reencaminarse podría contribuir a sacarlo del pozo. En un país donde pesa más el presente que lo bueno o malo dejado atrás, cualquiera que haya perdido ayer por paliza puede guardar la esperanza de que mañana será Gardel.
DE DOMINGO A domingo