Longmont le dice “no” al fracking

Redacción

Por Redacción

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La extracción de gas natural y petróleo crudo del subsuelo a través del uso de las llamadas técnicas “no convencionales”, como el fracking hidráulico, realmente ha revolucionado el sector energético norteamericano, más allá de lo hasta no hace mucho imaginado.

Las proyecciones sugieren ahora que el país del Norte será el mayor productor de crudo del mundo en apenas ocho años y que para el 2030 se habrá convertido en exportador neto de crudo. Para el 2020 su producción diaria podría alcanzar ya los 11,1 millones de barriles. Como si todo ello fuera poco, en el 2015 Estados Unidos podría, además, producir más gas natural que la propia Rusia.

Pero no todo es soplar y hacer botellas. Hay quienes sugieren que hay aún preocupaciones no resueltas debidamente en relación con el impacto ambiental de ese novedoso tipo de explotaciones. Por ello, el 6 de noviembre último en la ciudad de Longmont, en Colorado, una localidad residencial emplazada al pie de las montañas en Estados Unidos, se realizó un referendo acerca de si en esa jurisdicción se podían realizar, o no, tareas de fracking. Por 59 contra 41%, la población de decidió que no, aparentemente “convencida” de que esas técnicas podrían generar contaminación en las napas freáticas de agua y de que la metodología despide demasiado gas metano a la atmósfera. Aunque seguramente pesó bastante aquello de “en la duda, abstente”. Es lo más fácil, quizás.

Lo sucedido en Longmont no cayó nada bien en el gobierno del estado de Colorado, que sostiene que el único autorizado a regular este capítulo de la actividad petrolera es precisamente él. Por ello el gobernador, John Hickenlooper, un político demócrata que además es geólogo de profesión, habla de una “sublevación” inaceptable. Veremos cómo sigue esta extraña pulseada aún no terminada, por cierto.

En la consulta realizada en Longmont pesó ciertamente el contenido de la película de Josh Fox “Gasland”, que muestra que en un pueblo (Dimok) de Pennsylvania -presuntamente como consecuencia de las nuevas técnicas de explotación del llamado shale- sale gas de las cañerías y canillas de agua que es capaz de encenderse y convertirse en fuego. Como si esto fuera poco, Lady Gaga y Yoko Ono están activamente en campaña contra estas técnicas, enroladas en la oposición, y el influyente Sierra Club dispersa por doquier sus propias dudas sobre este tema.

Mientras tanto, se anuncia una nueva película sobre este mismo tema, titulada “Promised Land”, que también cuestionaría los métodos productivos no convencionales para producir crudo y gas natural. Pero, al haberse descubierto que detrás de su producción habría dinero de los Emiratos Árabes, las dudas sobre la “inocencia” de la película y su mensaje implícito son ahora grandes. Después de todo, los productores del Golfo serían presumiblemente los grandes perdedores de la nueva revolución productiva generada por el uso masivo del fracking.

GUSTAVO CHOPITEA

Analista del Grupo Agenda Internacional

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