Los automóviles en la literatura y la música
Yacen unos sobre otros/ en la desolación del olvido. /Mutilados, víctimas de vejámenes/ enfermos de óxido y huracanes de polvo/ se arrumban en la frontera/ en el confín más lejano.” Así comienza el poema de O. Rossi llamado “Cementerio de automóviles” que resume la historia de la mayoría de los coches de terminar, después de su esplendor, siendo chatarras. El autor también se pregunta por el pasado de estos autos: “Una grúa los apila/ y quedan solos en la multitud/ despojados de las voces./ Se van muriendo en silencio/ de a golpes certeros, de a pedazos/ con violencia inmerecida/ sin reproche”.
Seguramente vos recordarás las canciones infantiles de autos con las que te criaste o/y les cantaste a tus hijas, sobrinos, y demás público infantil. Quién no entonó “El viajar es un placer, / que nos suele suceder. / En el auto de papá, / nos iremos a pasear. / Vamos de paseo/ pi, pi, pi, / en un auto feo/ pi, pi, pi, / pero no me importa/ pi, pi, pi, / porque llevo torta/ pi, pi, pi…”
En todo viaje infantil y no tanto era muy frecuente cantar “Chofer, chofer/ apure ese motor/ que en esta cafetera/ nos morimos de calor…”. Y la canción seguía con algunas bromas hacia el conductor. Había otra del mismo estilo pero que encomiaba las virtudes de quien iba al volante, ¿la recuerdan?: “Tenemos un chofer/ que es una maravilla, / maneja con los pies/ y frena con las rodillas…” ¿Qué otras se te vienen a la memoria?
Todo viaje por placer es en el fondo una huida. Se huye de la vida anterior, de determinadas personas, situaciones, lugares…buscando una soñada libertad. El auto es un puente hacia esa libertad, un puente a la aventura que es todo viaje. Desde esta perspectiva el coche se ajusta bastante a la filosofía del rock. Quién no ha escuchado “Amo del camino” de Rata Blanca con su estribillo “amo la velocidad /
nunca se cuando parar/ quiero el límite pasar…siempre”; o el clásico de Queen “I´m in love with my car”.
Los autos son en la actualidad casi una extensión de nuestros cuerpos…y por ende acompañantes de nuestras ilusiones y amarguras.