Costos ambientales
La acumulación informal de desperdicios en ciudades y zonas rurales es uno de los mayores problemas medioambientales que enfrentan los municipios, que no aciertan en hallar una solución.
Los basurales clandestinos, pequeños o grandes, en los barrios, sectores suburbanos o rurales y en terrenos baldíos o espacios verdes en la trama urbana son –junto a la condición en que se hallan los repositorios municipales “oficiales”– los principales problemas ambientales derivados de la basura que enfrentan las ciudades y pueblos rionegrinos.
Son acumulaciones de desperdicios de toda clase generados por los mismos vecinos, comercios o empresas por comodidad, desidia o simple indiferencia contra los cuales, por más campañas de limpieza que se organicen periódicamente, no hay solución a la vista. Dentro de esta pésima costumbre figura también la de arrojar todo tipo de desechos en los cursos de agua y canales de riego, realidad cotidiana en la zona de valles irrigados de la provincia.
El tema tiene que ver con la falta de educación en el hogar, una cultura de tirar residuos, ramas y escombros en cualquier lugar y, por supuesto, la falta de sanciones ejemplarizadoras a la par de controles permanentes.
Hecha esta observación, que vale para todas las comunas de la provincia, hay cuestiones de contaminación más puntuales que tienen que ver con la particularidad de cada ciudad o localidad ya que se deben o se potencian con el clima, la geografía, la actividad económica dominante o la ubicación relativa, por caso, de los basureros municipales.
En San Antonio Oeste, Las Grutas y el puerto. En los tres sectores de la localidad los basureros clandestinos proliferan y constituyen un problema de difícil solución. En San Antonio toda la periferia está literalmente rodeada de basura. Existen focos puntuales, como el camino de acceso al balneario La Mar Grande, que debido al interés turístico comenzaron a ser tenidos en cuenta por las autoridades. Sin embargo la acumulación de desechos continúa. En Las Grutas la basura está presente en los principales accesos, afeando la imagen del destino. En el sur, entre la cancha de golf y la planta de tratamiento cloacal, los residuos se amontonan. Lo mismo ocurre en el ingreso al cerro Banderita, un lugar que siempre buscó ponerse en valor debido a la vista panorámica de la villa que desde allí se disfruta. Sobre la ruta, a la altura del centro minero también proliferan los residuos. En un estudio realizado en el 2011 por un técnico contratado por el municipio se determinó la existencia de 35 basureros clandestinos a cielo abierto, generados por la desidia de los vecinos. 18 de ellos se encuentran en SAO, 16 en Las Grutas y uno en el puerto de SAE. Contando los desechos presentes en el basural municipal y los arrojados en estos sitios la basura acumulada en el ejido totalizaba hace tres años 1.100.000 metros cúbicos.
En Bariloche, el impacto visual del basurero a cielo abierto afecta a vecinos de la pampa de Huenuleo y también a los viajeros que recorren la ruta Juan Herman, hacia y desde El Bolsón. La voladura de bolsas se puede observar en distancias de hasta 1.000 metros, en dirección este y sudeste, aunque los trabajadores del basural dicen que la incidencia mermó desde la prohibición que rige sobre los supermercados.
Es posible observar entre la basura la presencia constante de cientos de gaviotas. También hay chimangos y algunos perros. El informe Girsu (gestión integral de residuos sólidos urbanos) efectuado hace unos cincos años para obtener financiación internacional para la erradicación del basural a cielo abierto, refiere que el subsuelo no tiene capa de material impermeabilizado y la pluma de contaminación llega hasta los 20 metros, con impacto sobre los acuíferos profundos. El sentido de escurrimiento es norte/sur.
El trabajo de los camiones y maquinas viales produce ruidos molestos y permanente voladura de material particulado a la atmósfera.
El informe aludido no tiene mediciones y simplemente describe los impactos, entre los que enumera la generación de humos, por quemas accidentales, que causan serias molestias a los vecinos y a la circulación vehicular, la voladura de residuos, la proliferación de insectos y roedores y la generación de gases como metano, dióxido de carbono y sulfuro de hidrógeno.
Puntualmente señala que “la acumulación de biogás en el interior del relleno (por venteos defectuosos) aumenta el riesgo de explosión e incendio”.
La acumulación de residuos y el ingreso de aguas por precipitación aumenta el volumen de lixiviados.
La intención del municipio es establecer un “monitoreo de base” en el nuevo vertedero, cuya implementación comenzaría antes de fin de año.
En Cipolletti, el basural ubicado en la zona norte no tiene control de entradas ni salidas, no cuenta con alambrado perimetral ni luz. En el predio, de unas 11 hectáreas, a toda hora del día hay personas que trabajan de manera informal recolectando y vendiendo aquellos residuos que tienen algún valor económico. También buscan alimentos para sus animales. Esta actividad genera un costo ambiental extra y es el que produce la quema de la basura para calefaccionarse, iluminarse o poder extraer metales. Desde la municipalidad aseguran que está prohibida pero, en algunas ocasiones, el humo llega hasta el casco urbano.
Por el medio del predio pasa un desagüe que es un foco infeccioso porque acarrea basura y el agua después se escurre hacia el río. Sobre las calles que conducen al predio, que aún está alejado de asentamientos poblacionales grandes, se generan microbasurales ya que la ausencia de controles hace que mucha gente no llegue hasta el predio y deposite la basura en esos sectores.
En Roca, uno de los problemas que más preocupan es la proliferación de basurales informales a cielo abierto. Además de los existentes en diversos puntos barriales, el más “popular” es el que invade el zanjón de la calle Maipú, detrás de la alcaidía.
En julio se realizó un programa de “limpieza de microbasurales” y sólo en un par de sitios (entre ellos el zanjón, Damas Patricias y las vías y en zonas del Parque Industrial) se retiraron más de 90 m³ de basura –alrededor de 24 camiones de residuos–.
En Regina, el traslado del basural que se encontraba en las puertas de la ciudad sobre el acceso oeste, hacia la zona de bardas en el norte, permitió erradicar en parte la contaminación visual que generaban las bolsas plásticas que volaban y eran fácilmente advertidas por todo aquel que circulaba por la Ruta 22. El nuevo repositorio se encuentra a unos cinco kilómetros de la planta urbana y alejado de una de las calles de circulación por este sector y a su vez en el Parque Industrial se creó un centro de transferencia para que los vecinos puedan llevar allí los restos de poda principalmente. Sin embargo existe incumplimiento de parte de muchas personas que arrojan residuos en sectores no habilitados. De esta forma en especial en terrenos baldíos y calles de acceso hacia el basural en la alta barda o el centro de transferencia en el Parque Industrial se generan microbasurales, al igual que en calles del sector rural. En el actual basural, la contaminación paisajística es importante.
En El Bolsón, la totalidad de los residuos recolectados en el área urbana es trasladada y en parte procesada –como prueba piloto hasta ahora– en la planta ubicada en el paraje Los Repollos, 18 kilómetros al norte del casco céntrico y lejos también de la Ruta 40. Sin embargo, el área urbana está atravesada por el arroyo Negro, tributario de los ríos Quemquemtreu y Azul, donde se observan tramos con acumulación de residuos (principalmente botellas plásticas) que se arrojan aguas arriba. En el invierno el municipio ha hecho limpieza de riberas (sauces) para facilitar el escurrimiento de crecidas, lo que facilitó el desplazamiento de dicha basura hacia la cuenca del lago Puelo, ya en la provincia de Chubut.
En forma coincidente, prácticamente han desaparecido los lotes donde antaño algunos vecinos arrojaban sus desperdicios. Es que debido a la gran demanda habitacional, las familias más carenciadas han ocupado esos espacios a través de la toma irregular de tierras (hay más de 60 identificadas en los últimos cinco años), que luego el municipio ha reconocido y provisto de servicios.
En Cinco Saltos, se observa a partir de setiembre y en los días de viento, en la ruta que une la localidad con la península Ruca Co, una gran cantidad de basura en las inmediaciones. Esto se debe a que el basurero municipal está ubicado camino al lago Pellegrini.
En Río Colorado, tanto el basurero municipal como los clandestinos que generan los vecinos sobre los costados de las rutas o calles con poco tránsito causan serios problemas a los sectores del campo, donde los productores mismos han denunciado mortandad del ganado por la ingesta de bolsas de polietileno que con los vientos se diseminan por kilómetros, quedando a merced del apetito de vacas y ovejas.