“¿Los gobiernos nos creen idiotas?”

Redacción

Por Redacción

¿Será que eso suponen de los ciudadanos los gobiernos de Neuquén y Río Negro? A raíz de la situación ambiental de ambas provincias, muchas de sus manifestaciones se disfrazan de verde anunciando obras importantes que solucionarían serios problemas ambientales y/o de contaminación. En la edición del 24 de octubre, el gobierno neuquino anuncia su presupuesto destinado a agua y saneamiento, pero no señala en qué período y es sólo un “pre-supuesto”, o sea que no se sabe si lo van a hacer, cuando es concreto que el 65% de los efluentes cloacales de la cuenca hidrográfica Limay-Neuquén-Negro se vuelca sin tratar y que el Negro, receptor final del sistema, de mantenerse la situación, podría llegar a ser un Riachuelo ll (datos del “Río Negro” del 31/5/13). En el reciente artículo, el secretario neuquino de Medio Ambiente Esquivel demuestra su propia ignorancia y falta de nivel denostando a los grupos mapuches, ambientalistas y opositores por oponerse al petróleo, al fracking, que por poco menos califica de “panacea” metiendo en la misma bolsa a grupos étnicos disímiles. Pregunto a los neuquinos: ¿saben que todos los días su planta Tronador le regala al Alto Valle 70 millones de litros cloacales, crudos? Otro pantallazo: la precaria situación en ambas provincias por el tratamiento de los residuos sólidos que humean en míseros vertederos en torno a las poblaciones (ver informe reciente en “Río Negro”), cuando en el mundo se está luchando por el plan basura cero y reciclado total. Y, como si esto no bastara, se cierne sobre el Valle la amenaza del fracking –ya destruyen Allen, en medio de las chacras frutales– y el gobernador Weretilneck la cuestiona diciendo que “los problemas ambientales son del gobierno” (una maniobra dilatoria). Es que el petróleo –pan para hoy, hambre para mañana– salva los déficits gubernamentales. La Constitución de Río Negro (gracias Sres. Ponce de León y H. Chafrat) establece la obligación de todos los ciudadanos de mantener un medioambiente sano. Por eso me permito decirles a ambos gobiernos, no para ofender sino para que actúen en defensa de la naturaleza –porque el pasado los condena–: tengan en cuenta que también se contamina por omisión, que teniendo el poder y la obligación de evitarla no lo hagan. Y la contaminación, a la larga o a la corta, mata. Carlos Héctor López, DNI 4.820.317 – Roca

Carlos Héctor López, DNI 4.820.317 Asociación Ecológica – Roca


¿Será que eso suponen de los ciudadanos los gobiernos de Neuquén y Río Negro? A raíz de la situación ambiental de ambas provincias, muchas de sus manifestaciones se disfrazan de verde anunciando obras importantes que solucionarían serios problemas ambientales y/o de contaminación. En la edición del 24 de octubre, el gobierno neuquino anuncia su presupuesto destinado a agua y saneamiento, pero no señala en qué período y es sólo un “pre-supuesto”, o sea que no se sabe si lo van a hacer, cuando es concreto que el 65% de los efluentes cloacales de la cuenca hidrográfica Limay-Neuquén-Negro se vuelca sin tratar y que el Negro, receptor final del sistema, de mantenerse la situación, podría llegar a ser un Riachuelo ll (datos del “Río Negro” del 31/5/13). En el reciente artículo, el secretario neuquino de Medio Ambiente Esquivel demuestra su propia ignorancia y falta de nivel denostando a los grupos mapuches, ambientalistas y opositores por oponerse al petróleo, al fracking, que por poco menos califica de “panacea” metiendo en la misma bolsa a grupos étnicos disímiles. Pregunto a los neuquinos: ¿saben que todos los días su planta Tronador le regala al Alto Valle 70 millones de litros cloacales, crudos? Otro pantallazo: la precaria situación en ambas provincias por el tratamiento de los residuos sólidos que humean en míseros vertederos en torno a las poblaciones (ver informe reciente en “Río Negro”), cuando en el mundo se está luchando por el plan basura cero y reciclado total. Y, como si esto no bastara, se cierne sobre el Valle la amenaza del fracking –ya destruyen Allen, en medio de las chacras frutales– y el gobernador Weretilneck la cuestiona diciendo que “los problemas ambientales son del gobierno” (una maniobra dilatoria). Es que el petróleo –pan para hoy, hambre para mañana– salva los déficits gubernamentales. La Constitución de Río Negro (gracias Sres. Ponce de León y H. Chafrat) establece la obligación de todos los ciudadanos de mantener un medioambiente sano. Por eso me permito decirles a ambos gobiernos, no para ofender sino para que actúen en defensa de la naturaleza –porque el pasado los condena–: tengan en cuenta que también se contamina por omisión, que teniendo el poder y la obligación de evitarla no lo hagan. Y la contaminación, a la larga o a la corta, mata. Carlos Héctor López, DNI 4.820.317 - Roca

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